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¿por qué nos obsesionan los vampiros sexys?

¿Quién no querría tener su propio sugar daddy chupasangre?

por Annie Lord; traducido por Laura Castro
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ago. 22 2018, 7:11pm

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Intercambiar saliva con un cadáver, disfrutar de la necrofilia, y voluntariamente drenarte tu propia sangre es un poco asqueroso; no obstante, desde las farsas sáficas del siglo XVII hasta Buffy y Twilight, los vampiros han sido constantemente representados como seres absolutamente sensuales.

De alguna manera, los vampiros se han convertido no sólo en un regalo para la vista, sino también en el epítome erótico de las fantasías más obscenas de las sociedades. Como figuras del horror abyecto, los vampiros personifican el tabú. Proyectamos todo lo que es reprobable en ellos y es así como se han convertido en emblemas de la decadencia moral, perfectos para llevarnos al mundo del dolor y el placer, la perversión y el sadomasoquismo. Las cadenas y los látigos no me excitan tanto como los colmillos y un corazón frío y roto que no ha latido en más de 200 años. A los humanos los vampiros les resultan tan atractivos que una pareja de Texas comenzó a usar las máquinas de afeitar para hacerse heridas en el cuello y así poder chupar su sangre mutuamente; y ¿recuerdas cuando Angelina y Billy Bob Thornton usaban un collar con la sangre del otro? Gran energía vampírica.

Los vampiros personifican el tabú. Proyectamos todo lo que es reprobable en ellos y es así como se han convertido en emblemas de la decadencia moral y el placer.

Los vampiros no siempre han sido atractivos. En el folklore que se remonta a la era babilónica de 4000 AC, los chupasangre surgieron de una tierra salvaje como formas suaves y sin huesos, el cráneo del vampiro ardía con ojos brillantes y abultadas venas color púrpura. En lugar de una nariz, los vampiros tenían un hocico afilado con el que extraían la sangre de los humanos hasta dejarlos secos.

Esto cambió con la novela erótica y lésbica de 1871 Carmilla, que sigue los pasos de la protagonista, Laura, al intoxicarse con la vampira Carmilla después de que ésta invadiera sus confusos sueños. El texto es una expresión de las ansiedades victorianas con respecto a la nueva sexualidad femenina queer. En Carmilla, los delicados cuerpos femeninos más adecuados para bordar y beber de tazas de té son reemplazados por una monstruosa mujer cuya sexualidad autónoma la ha destruido hasta convertirla en una bestia. Después de conocer a Carmilla, Laura se siente dominada por una "extraña y tumultuosa excitación que fue placentera, mezclada en ocasiones con una vaga sensación de miedo y disgusto".

Brad Pitt en 'Interview With the Vampire', 1994

El Drácula de 1897 de Bram Stoker sigue siendo la descripción clásica del vampirismo. Viviendo en un castillo con un harén de mujeres que devoran niños; el encantador Drácula esconde sus propias monstruosidades detrás de una mandíbula definida y un bigote perfectamente delineado. Con su alto y extravagante cuello, Drácula reflejaba la estética de la búsqueda del placer de figuras extravagantes como Oscar Wilde. Stoker describió a Drácula como el tipo de dandy corrupto y excesivamente ferviente por el que las mujeres de la época se sonrojaban con lascivia.

Con Interview With The Vampire de Anne Rice de 1976, los chupasangres desarrollaron sentimientos, ya que el recién convertido Louis de Pointe du Lac está visceralmente atribulado por su deseo de comer humanos. Cuando su creador, Lestat, succiona las muñecas de una mujer, le ofrece una copa de esa sangre y le dice: "puedes fingir que es vino tinto", Louis se va corriendo. En lugar de eso, se mira en un ornamentado espejo de oro y enfrenta su lugar como una criatura tan malvada que el infierno podría no quererlo. En los años 90, la novela de Anne fue convertida en una película, lo cual es genial porque Brad Pitt interpreta a Louis y se ve aún más hermoso que su exesposa Angelina Jolie.

Buffy, The Vampire Slayer

Los vampiros dejaron de ser figuras simplemente malvadas y seductoras, ahora tenían problemas y sentimientos. Querían ser buenos, pero los consumían los pensamientos de muerte. Son el equivalente sobrenatural de un hombre borracho que se enoja y golpea las paredes porque no sabe cómo hablar de sus sentimientos. Pero a él le gustas tanto que ni siquiera te ha comido; ¿tal vez puedas cambiarlo?

En el programa de televisión de culto Buffy the Vampire Slayer, la necesidad de sangre humana se convirtió en una metáfora de la pubertad, con los adolescentes convertidos en criaturas salvajes por sus crecientes deseos sexuales. En la continuación del drama The Lost Boys de los años 80, donde las capas, los chalecos con brocados en colores llamados 'nightshade' o 'absynthe' y los ondulados encajes blancos fueron reemplazados por delineadores de ojos estilo punk y ropa de PVC, Buffy exhibió una versión moderna de los no-muertos. La rebelión reemplazó al satanismo y el despertar sexual reemplazó la búsqueda unidimensional de sangre. Spike, el antivillano de pómulos hundidos y amante intermitente de Buffy, fue el primer amor de la mayoría de las adolescentes. Decolorándose el cabello antes de que lo hicieran los chicos guapos con pantalones camuflados y bandoleras, aparecía en nuestras pantallas con su brillante cabello engomado, una delicada cicatriz que atravesaba sus cejas, y una piel como escarcha.

The Lost Boys, 1987

En Buffy, los Vampiros eran especialmente viriles. Cuando vemos a Buffy perder su virginidad con Spike se abofetean en un edificio en ruinas hasta que sus mejillas se enrojecen. Se trató mucho menos de besos y mucho más de golpear sus dientes mutuamente con los labios. En otra escena, vemos que Spike toca a Buffy mientras ella mira a un chico con quien podría tener una linda y feliz relación. La presiona hasta que sus brillantes labios levantan pesadamente el aire, y Buffy con su rubor rosa y su top satinado color crema se asemeja a una reina del baile enfermiza y dulce en comparación con el rostro duro y vacío de él. "Míralos, ese no es tu mundo, tú perteneces a las sombras conmigo", implora Spike.

Incluso Twilight, una película adolescente acerca de una relación monógama con un vampiro vegetariano (lol) escrita por una mormona devota, de alguna manera logra tener una dosis de erotismo. Después de morderse los labios lo suficiente como para tener ampollas, Edward y Bella finalmente tienen sexo (sólo les tomó cuatro películas) y es un asunto sorprendentemente tenso. Debido a lo que las personas llaman la "erótica de la abstinencia", Bella y Edward pudieron haber comenzado la escena luciendo como dos conservadores en un junta de padres de familia, él con su perfecta camisa azul celeste y ella con su vestido estilo Hillary Clinton, pero pronto la pasión de Edward se vuelve lo suficientemente poderosa como para romper la base de la cama matrimonial bajo sus puños.

Twilight: Breaking Dawn, 2012

Pero ningún programa de vampiros ha sido tan picante como True Blood. Especialmente Eric, un galán de sangre fría de 1.95 metros de altura, y el único hombre capaz de hacer que un tracksuit de terciopelo azul se vea siniestro. Cuando el personaje principal, la rubia y bronceada sureña Sookie lo conoce, él se encuentra sobre un hombre musculoso y desnudo. Con la boca goteando sangre, mira a la impactada Sookie y le dice intencionalmente: "Moje toda tu alfombra".

True Blood se dio cuenta de todo el atractivo de los vampiros como seres que podrían satisfacer por completo nuestros deseos perversos motivados por el dolor. En un desagradable ejemplo del sexo por odio, el vampiro Bill le tuerce el cuello a Lorena, los huesos de su columna crujen hasta que algo se rompe y de la cabeza destrozada salen gemidos pornográficos. La propia sangre de Lorena sale de su boca mientras Bill furiosamente intenta infligirle suficiente daño como para que deje de disfrutarlo. Esta escena llevó al sadomasoquismo al siguiente nivel, a un nivel que aquellos que aún tienen pulso probablemente no disfrutarán.

Alexander Skarsgård en True Blood, 2008

Los vampiros han sido la imagen del glamour nocturno y la sexualidad potente desde que Carmilla se retorció en las sábanas de otras mujeres. Al tratar a los humanos como muñecas sexuales comestibles, representan la cúspide de la perversión. Para los vampiros los impulsos de la compasión y el amor pueden ser inasibles, pero, de nuevo, ¿no amamos todos a las personas emocionalmente inalcanzables? Básicamente son un eterno One Who Got Away que disfruta bastante jalarnos el pelo.

True Blood, 2008