para gucci, la vida es sueño

Un año después del debut de Alessandro Michele, hablamos con él para que nos cuente en qué se ha inspirado para lograr que la firma italiana alcance su segunda edad de oro.

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20 Abril 2016, 8:25am

Para entender por qué las colecciones de Alessandro Michele para Gucci se han ganado un merecido lugar en la cultura contemporánea, solo necesitas echar un ojo a su cuenta de Instagram.

Bajo el alias @lallo25, llena su particular moodboard digital con retratos del Renacimiento y el Barroco, evocando la era original de la obsesión por la belleza y el ego en un paralelismo natural (y posiblemente subconsciente) entre las obsesiones que inundan sus pensamientos como un loco: versiones del pasado y el presente.

"Soy como el circo. Siempre que intento trabajar en una colección lo saco todo. Muestro todo lo que amo". Hablando con él en Milán pocas horas después de su desfile femenino de Gucci el pasado febrero, no podía olvidar lo que me había dicho un año antes: "Esto es lo único que sé hacer". Por aquel entonces estaba rodeado por las hordas de reporteros que querían saber quién era ese diseñador desconocido que había recibido una ovación después de su desfile masculino pocas semanas antes.

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Desde entonces Alessandro y su prolífico manicomio no han dejado de ganar fuerza al crear una revolución de la moda en Gucci basada en la opulencia sin remordimientos, la fluidez de género y la nostalgia ecléctica. "Solo dejo que la belleza salga. Es mi trabajo, ese soy yo", dice. "Pero no siento como si estuviera haciendo una revolución. Vivo en una revolución. Es mi vida".

Observando el look que ha forjado en Gucci -chicos y chicas esqueléticos, sin género aparente, cubiertos de ricos colores y decoraciones desde el Renacimiento hasta los setenta- no esperarías que se vistiese con una camiseta blanca y vaqueros azules, como es el caso. Está espléndido, como Leonardo da Vinci joven: barba y rizos largos y seductores. El toque lo dan sus anillos papales ornamentados que destacan en sus manos.

No suele dar muchas entrevistas, un síntoma de los tiempos de exceso de trabajo de la moda en la que vivimos, donde las casas están haciendo todo lo posible para no abrumar a sus diseñadores. Y eso, precisamente, le ha añadido una capa de misterio que le va bien a su personaje. Sabemos que comparte un apartamento en Roma y una casa de verano en las montañas con su compañero Giovanni Attili y sus dos Boston terriers, pero eso es prácticamente todo lo que sabemos.

Su curriculum vitae está más documentado: nació en Roma en 1972, estudió en la Academy of Costume and Fashion y trabajó para Silvia Venturini en Fendi antes de que Tom Ford lo contratara para Gucci en 2002. Tras la abrupta salida de Frida Giannini a principios de 2015, le presentó su visión para la casa al nuevo Director ejecutivo, Marco Bizzarri, y lo demás es historia.

Ver su desfile ceremonioso y lleno de referencias es como entrar a una majestuosa catedral, cada superficie bañada en oro o cubierta con un fresco increíble. Sus contrastes psicodélicos -lo viejo y lo nuevo, lo suave y lo duro- me recuerda frecuentemente a los motivos del sagrado corazón que encuentras en el arte católico -esos corazones de terciopelo rojo sangre rodeados por espinas que parecen alambres de púas- y que podrías encontrar en cualquier chupa de motorista.

"Estoy obsesionado con lo que sucede a mi alrededor. Siempre estoy balanceándome entre el pasado y lo contemporáneo. Me apasionan las antigüedades, los viejos maestros y la historia del arte, paso toda mi vida explorando estas cosas. Al mismo tiempo, es algo que me hace sentir muy vivo. El pasado es algo que me inspira -aún está vivo para mí. Siempre digo que es como utilizar las partituras de los músicos, una misma partitura puede crear otra canción".

En la campaña para su colección femenina primavera/verano'16 -que encarna la noción de Renacimiento en los 70- se llevó a las modelos a Berlín en una recreación de escenas de la película Christiane F, una obra alemana de culto que trata sobre un grupo de jóvenes soñadores del este de Berlín en los setenta que disfrutan de su espíritu adolescente y se obsesionan con David Bowie. (Para su colección otoño/invierno'16, tres días después de la muerte del artista, Alessandro recreó la cazadora tributo a Bowie que trae puesta la protagonista de la película).

"Estoy obsesionado con la Alta Costura y me encanta el estilo callejero. Estoy muy interesado por la expresión de las generaciones jóvenes y lo que sucede de manera natural en la calle y en los clubs, e intento mezclar estos lenguajes", dice. "Mi idea de la riqueza es que se puede ser rico en el este de Londres, no necesitas vivir en Bond Street. La riqueza es lo que quieres ser, sea cual sea el lugar. Y para ser obvio, mi idea de la riqueza es esta: si tienes algo para ti, es solo para ti. Esto es lo que significa ser rico".

Dice que las piezas que diseña -que atraen a las masas a la tienda principal de Gucci en Milán mientras meditan acerca de la lotería que necesitan ganar para poder comprar un look entero- simplemente deberían verse como "puntos de partida" -o recuerdos, muy en el espíritu de la ética de trabajo de Alessandro. "Estoy obsesionado con pocas cosas, y empleo mucho tiempo en cada una de las piezas. Se parece mucho a una búsqueda enloquecida. Si no te encanta, si no es tu vida, es imposible".

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Fotografía Angelo Pennetta
Estilismo Poppy Kain
Texto Anders Christian Madsen
Peluquería Sebastien Ricard de Jed Root
Maquillaje Niamh Quinn de LGA Management
Asistente de Fotografía Jack Day
Asistente de Estilismo Ashlee Hill
Asistente de Peluquería Timo Bloom
Asistente de Maquillaje Catrin Kreyys
Producción Lydia Wagner de Made In Germany
Retoque OUTPUT
Modelos Arthur C, Leon D @ Tomorrow Is Another Day. Elvis Jankus, Iramax @ Core Management. Fritz Alm @ Viva. Linda P @ PMA. Maximilian Bungarten @ Izaio Management. Marland Backus, Bara Podzimkova @ Elite London.
Toda la ropa es de Gucci