todas las fiestas de méxico: las grandes producciones de los dos mil

Una serie de entrevistas a los chefs de noche que han investigado, presenciado y creado la vida nocturna de la Ciudad de México. Hablamos con Rodrigo Peñafiel quien lideró una década de fiestas con grandes inversiones y producciones elaboradas. Son los...

por Monse Castera
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21 Abril 2016, 6:15pm

La forma en la que hoy se hacen las relaciones públicas en México tienen un inicio que comparte sus iniciales, Rodrigo Peñafiel. Él produjo las primeras fiestas a gran escala de las cuales aún seguimos hablando. El traer a una fiesta privada talentos internacionales, construir locaciones, y hacer colaboraciones con artistas contemporáneos eran algunos de los detalles que todas sus fiestas incluían. Hablamos con él sobre una década de fiestas como no había antes y como ya no habrá jamás.

Empecemos con los años noventa.
Los noventa fueron el inicio del renacimiento del Centro Histórico. En la Condesa estaba la Vucciria, que era un restaurante italiano donde se armaba la fiesta los domingos. Era el mejor día para salir en esa época. 

¿A qué edad empezaste a salir de fiesta?
Me gradué en 1992, pero empecé a salir más o menos en 1989. Al Bandasha, que duró 15 años después de que yo dejé de ir y al Magic Circus, que era un lugar gigantesco que abría con hielo seco a las 12pm.

¿Qué tipo de música había?
Más fresonaToto de Africa, George Michael, Karma Chameleon de Boy George, y Madonna.

¿Dónde sucedían los eventos?
Era increíble porque había locaciones que ya no existen en México, tipo Berlín. Fábricas abandonadas donde hoy está el Sports City en San Antonio y cerca del Toreo, y había miles de bodegas en esto que llaman el Nuevo Polanco que era no man's land [tierra de nadie]. Todos los raves sucedían en esas bodegas. Era increíble porque no había redes sociales -empezaban los celulares pero eran teléfonos de carro. Era de ir a los raves, y te daban el flyer, y si no ibas en ese fin de semana ya no sabías dónde iba a ser el que seguía. No sé cómo le hacían, yo nunca organicé uno, pero era increíble que existieran cada fin de semana. 

¿Cuál es la primera fiesta que hiciste?
Fue de Levi's porque les sobraban creo que 110,000 dólares de presupuesto que se tenían que gastar forzosamente o el año siguiente les darían menos. Era la época en la que empezaba E! Entertainment Television y veías los desfiles de moda de Donna Karan en NY de Armani. No había desfiles de moda en México. Lo primero que hice fue un desfile de Levi's, aunque no hubiera diseñador. Este acompañaba a una campaña que ganó premios y que eran "los cuerpos pintados". La campaña fue tan exitosa que se hizo un comercial. Presentamos los cuerpos pintados, hicimos un desfile, y el gerente era fan de Kabah, entonces los contratamos para que cantaran. Comencé la organización de la fiesta y como nunca había hecho una, empecé a decirle a todo mundo que era mi cumpleaños, para que fueran. La fiesta fue un éxito, en un lugar en San Ángel que se llamaba Foro Ideal, por donde está el Bazar del Sábado. La cola era hasta Av. Revolución. Si la fiesta era para 500 personas, llegaron 1,200. Empezó a sonar tanto, que Juan Beckmann, el dueño de Cuervo, le dice a Bertha González Nieves, que ahora es la dueña y fundadora de Casa Dragones, 'Háblale a Rodrigo Peñafiel, contrátalo'. Cuando entré a la compañía el CEO me dijo, 'Tú y la marca se tienen que convertir en el Rey de la Noche'. 

En 1998-1999 el Fashion Week empezaba... creo que tenía una edición, lo hacían Jose Andrés Patiño, Andrés Méndez (Tortu) y Ernesto Ibarra. Fashion Week fue en el World Trade Center que todavía estaba medio abandonado porque no habían terminado de construir todos los pisos. Imagínate, la época. Ahorita, cuando quieres hacer una fiesta es de hueva conseguir la locación, porque no las hay. En esa entonces había miles de lugares, y obviamente las leyes eran muy distintas. Era la época de los secuestros y de la criminalidad. Ahorita estamos peor en otros aspectos, pero todo era un poco menos... impune o hablado. Yo era el nuevo gerente de relaciones públicas de un tequila que se dirigía al arte y la moda y de esa forma me acerqué para patrocinar Fashion Week

Hicimos esta fiesta en el Salón 21. Era como una época en donde el underground de México, que siempre ha existido, era muy underground, pues no había redes sociales, no habían medios de comunicación, para conocerlo tenías que estar de alguna manera conectado. 

Me acuerdo de ir a fiestas, por ejemplo, en Alvaro Obregón en la colonia Roma con toda la calle oscura. No había locales comerciales y entrabas a este lugar que se llamaba El Sueño Guajiro y ahí había una fiesta, y un toquín. Y te empezabas a conectar con el underground. Me di cuenta, de lo interesante que era salirte de las Lomas, Bosques, el Bandasha, Baby o Magic, y mezclar. Dije, 'Si yo hago una fiesta, en donde vuelvo a invitar a la misma gente que se ve todos los fines de semana, lo único que estoy haciendo es cambiar de locación. Yo lo que necesito generar es una experiencia de marca'. Era la época de los increíbles antros en Nueva York, el final de esa época del Tunnel, que es donde estaban los últimos party monsters, los chicos tipo Kids. Ese lugar en Nueva York tenía una rampa de patinetas adentro, un cuarto rave, uno melo, uno de electrónica, baños mixtos, era ¡gigante! Era en el Meatpacking District cuando no había tiendas de lujo, ni hoteles. Super democráticos, de hacer fila, obviamente había una puerta VIP que si estabas conectado entrabas rápido, pero si no, te formabas. Y dije, 'necesito hacer una mezcla entre este underground y los fresas de la época, que se den cuenta que hay otro México que está haciendo cosas creativas, que está empezando a generar proyectos de restaurantes, proyectos de diseño, proyectos de arte'. Era cuando empezaba La Panadería en La Condesa con Miguel Calderón y Yoshua Okón, cuando los Kurimanzutto empezaron su galería, y hacían estas muestras itinerantes porque no tenían un espacio. A tal grado que me acuerdo que en la puerta puse un travesti, que creo que era La Bogue. Cuando llegaban los fresas y la veían, se quedaban helados, y nada más el romperles el concepto del bouncer que te conoce y te deje entrar, era un buen inicio.

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¿Para cuantas personas eran esas fiestas?
Entre 1,000 y 1,200 personas.

¿Eras el encargado de conceptualizar todo?
Yo lo conceptualizaba con más gente creativa. Al principio me alié con KTR y también me monté a unas fiestas que hacía Mijangos en lo que hoy es el Mono, que antes era La Tirana y era una bodega. Siempre fui bueno para la fiesta y tuve un sentido extra sobre el acomodo de los lugares. Tenía una productora increíble que se llama Lety Roel, antes de ella fueron los KTR , también Gaby Fajer hizo un par de fiestas. Una de las estrategias era construir sets inspirados en el arte contemporáneo. Hubo una fiesta increíble que se llamaba Copyright, que la conceptualizamos al 100% entre Ernesto Ibarra, Gaby Fajer y yo, con un pasillo de Barbara Kruger, y todo era alrededor del copyright y los logos. Entrabas al Salon 21 y en el primer hall -donde ahorita está la taquilla- había un cuarto totalmente negro, en el piso echamos llanta rayada. No había luz, puras cortinas negras. Y en la esquina había una fotocopiadora de las de antes, gigantes, sacándole fotocopias a la botella, y las hojas caían al piso. Entonces nada más se veía una luz verde con esta instalación. Después pasabas a un cuarto rojo, blanco y negro de Barbara Kruger. 

¿Cuál fue la fiesta más cara?
Las últimas. Costaban 3millones de pesos de la época. Traíamos a tocar a Santigold, Jade Jagger, Devendra Banhart, siempre a mi amigo Mark Ronson, etc.

¿Qué onda con la famosa fiesta en La Casa de La Bola donde entraste con un caballo? 
Estaba montando mi empresa y me contrata Domecq para hacer una fiesta espectacular. Yo tenía atrás la sombra de las fiestas Centenario que después de que me fui las seguían haciendo con un gran presupuesto. Tenía unos socios ingleses (uno de ellos sigue conmigo, Jasper Eyears), y acordamos en hacer The Mother of All Parties. Trajimos a alguien que cocinaba aromas, y entonces el lugar de pronto olía a hierbas, de pronto olía a no se qué y había como tres cosas que yo había visto y que usé de inspiración. Uno: había ido al cumpleaños número 50 de Mario Testino en Berlín, y en el baño había un mini antro con otro DJ y otra barra, entonces en La Casa de La Bola construí unos baños mixtos que en el centro tenían un DJ, con una disco ball, y un seguidor, y entrabas al baño y había otra música con otra fiesta como de 150 personas. Dos: estaba leyendo que en fiestas en Nueva York del Studio 54 Bianca Jagger había entrado en un caballo blanco. Entonces le hablé a una amiga modelo, que era Galia Katz, y le pedí que entrara durante tres minutos encima de un caballo a la mitad de la fiesta.  

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Me traje a personajes internacionales como Ernest de Hannover, Andrea Casiraghi, Margherita Missoni, Tatiana Santo Domingo, etc. Había invitado a Mario Testino y me dijo 'me coincide con Fashion Week de Nueva York, pero estoy aquí con los Hannover y sus hijos, que están estudiando español y quieren ir'. Mi amiga de muchos años es Josephine de la Baume, que es del grupo de ellos, que luego se casó con Mark Ronson. Entonces con su ayuda y la de Mario, trajimos a diez personalidades, que si ahora las traes paras el tráfico. En esa entonces nadie sabía quienes eran. Para que me entiendas la época, Andrea Casiraghi, que estudiaba en Canadá, hizo escala en Nueva York, y el de inmigración de la aduana, lo detuvo y perdió el vuelo porque decía que Mónaco no era un país.

La fiesta era un desastre. Nosotros agarramos la cuenta en diciembre y la fiesta la querían en enero. O sea, en dos meses con las vacaciones en medio. Imprime, invita, organiza prensa, red carpet, produce barras, produce vasos, produce recetas. 

El proceso para traer el caballo de Texcoco era enorme: asegurarlo, que durmiera en La Casa de La Bola, etc. Y mi productora me había dicho, 'oye, la persona que se va a subir al caballo, tiene que venir un día antes cuando estemos en el montaje, porque el caballo la tiene que conocer. La tiene que oler, lo tiene que acariciar, porque no se puede subir, a las dos de la mañana, con 2,000 personas en la fiesta a un caballo o la va tirar'. Y doce horas antes me habla Galia y me dice: 'Estoy apenadísima, me acaban de contratar para hacer un catálogo en Los Cabos, no puedo ir'. Me acuerdo que le hablé a Montserrat Oliver, y me dijo: 'Estás loco, no mames'. Cuando estábamos en el montaje, en la prueba de luces, acomodando barras -yo siempre hago un mapa y cuando llego al evento muevo todo- me preguntan: '¿Donde está Galia?', y yo: 'No va a venir, cancelen el caballo'. 'Ro, no lo puedes cancelar, no tienes idea lo que fue traer a ese caballo, te vas a quemar con tu cliente… ¿por qué no te subes tú, y das las buenas noches?'.

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¿Y cómo entraste? ¿Ya estaba lleno?
Entré a la 1:30am. No me quería subir y me acuerdo que me decían: '¡Tómate un tequila! ¡Date jalón de mota! ¡Ponte collares como de mardi gras' . Y me acuerdo que me subí al caballo y por el ruido de la fiesta empezó a dar vueltas sobre su propio eje antes de salir, y el caballerango me aconsejó: 'Tranquilo, si tú estás nervioso, y estás tenso, el caballo lo siente porque no tienes silla. Cierra los ojos y respira', y me acuerdo de haber cerrado los ojos y cuando los abrí, ya estaba en la pista de baile. Montserrat y un grupo de amigas guapas salieron con estas alas de angel, modelos de Oscar Madrazo, que siempre ha sido un colaborador y buena onda para las fiestas. Entramos a La Casa de La Bola con el caballo pura sangre de tres metros. Fue un escándalo. 

¿Las fiestas de marca se reflejaban en ventas?
Sí. Se había reflejado sobre todo en un retorno de inversión impresionante. Todos los medios las querían cubrir, porque estaba todo el mundo ahí. Te encontrabas desde músicos hasta niños socialites. Los invitados eran líderes de opinión en su grupo, no necesariamente tenían que salir en la tele o ser cantantes de una banda, sino ser verdaderos influencers. Al final eso ya no importaba, lo que importaba era que la fiesta se viera llena. 

¿Por qué se dejaron de hacer estas grandes producciones?
Creo que hubo tres factores que mataron a las grandes fiestas y eventos de marca. Uno, que las revistas dijeron "si nosotros seguimos publicando estas fiestas, las marcas no van a pautar en publicidad, así que no las mencionemos", y entonces la marcas decían, para que le voy a invertir si dicen que hubo una fiesta el viernes y nadie sabe de qué fue la fiesta; dos, México se cerró hacia una onda más de ultraderecha, con una división mucho más clara de clases sociales; y tres, que todas las marcas vieron que la alternativa para posicionarse era hacer fiestas, entonces habían fiestas absurdas, como la presentación de una nueva lavadora.

Fotografía Karla Lisker, 2016

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