'júlia ist' demuestra que el erasmus va más allá de una fiesta interminable

Hablamos con la directora novel Elena Martín sobre la cara amarga de salir del confort de la casa de tus padres para enfrentarse a la soledad del mundo real.

por Raquel Zas
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20 Junio 2017, 8:02am

Supongo que todos estamos un poco cansados de oír los tópicos que giran en torno a la famosa beca Erasmus, que bien podrían resumirse en tres palabras: viajes y borracheras y promiscuidad. Pero esta experiencia es mucho más profunda, se trata de salir del caparazón y romper la burbuja de la realidad hiperprotegida en la que has vivido, aunque haya mucho alcohol etílico de por medio. Muchos hablan del denominado 'síndrome post erasmus', que no es otra cosa que el resultado de vivir una experiencia muy intensa y alejada de la rutinaria y decepcionante realidad en la que todos, tarde o temprano, nos adentramos. Sí, disfrutar de una beca Erasmus (o de cualquier circunstancia en la que nos alejamos de nuestro hogar) es una experiencia increíble e incluso necesaria, pero tiene un lado oscuro y poco comentado (más allá de romper con tu novio de toda la vida).

Elena Martín lo ha vivido en sus propias carnes, por eso, en plena crisis de madurez durante su estancia en Berlín, decidió junto a Pol Rebaque, Marta Cruañas y María Castellví, convertir su experiencia en su proyecto final de carrera. Así nació Júlia Ist, un film protagonizado por la propia Elena que narra la historia de una joven que se va a estudiar a la capital alemana y se dará cuenta de que no vivirá el año de ensueño que esperaba. El aclamado debut se ha estrenado el pasado 16 de junio después de haberse proyectado en festivales como el D'A de Barcelona y ser galardonada con la Biznaga de Plata a la mejor película y dirección en el Festival de Málaga.

En una época en la que las venturas y desventuras de una generación son el foco de polémicas y generalizaciones, nos propusimos ahondar en uno de los grandes estandartes de los millennials: el Erasmus, una metáfora palpable de por qué cada día son más los jóvenes que pasan por una fuerte crisis existencial. Para ello, entrevistamos a Elena Martín en relación a su su film y su propia experiencia para que nos desvele la otra cara de la utopía Erasmus.

Muchos de nosotros nos creemos más fuertes e independientes de lo que en realidad somos...
"Viví una frustración y un desengaño conmigo misma al descubrir que vivía mi adolescencia a los 21 años, cuando ya estaba convencida de ser una mujer fuerte y preparada. Precisamente por esto y por conocer una ciudad tan distinta como Berlín y su gente desde dentro, sentí que en los ocho meses que estuve allí, aprendí más que en los últimos tres años de carrera".

No todo el aprendizaje viene de estudiar carreras y acumular másters.
"Los de mi generación que nos encontramos en una situación socio-económica parecida, estamos muy formados pero nos hemos enfrentado a pocos cambios. Creo que es muy interesante el viaje que propone el Erasmus para tomar consciencia de las cosas que quedan por aprender, tanto a nivel cultural como personalmente".

Sí, puedes ser especial; sí, probablemente tengas talento; pero tienes que situar tu yo a una escala realista.
"Me parece muy interesante un artículo en una web que leí hace un par de años que explicaba que nuestros padres, siendo hijos de una generación con una vida difícil, fueron a la universidad, consiguieron buenos trabajos y han vivido muchísimo mejor que nuestros abuelos. Ellos, con su optimismo, son los que nos han criado y nosotros hemos crecido con la sensación de ser especiales y de poder comernos el mundo. Entonces sí que creo, que hasta que no nos atrevemos a asumir responsabilidades, no nos damos cuenta de lo difícil que resulta todo. En este sentido, como barcelonina, irse a una metrópolis como Berlín, también te da una perspectiva interesante: hay muchísima gente joven, talentosa, que se mueve en ciudades más grandes luchando por hacerse un lugar en el mundo. Y tu eres simplemente una de muchas".

Para que tu relación funcione (de verdad) debes antes aprender a relacionarte contigo mismo.
"Creo que hemos heredado unos ideales románticos, pero no la capacidad de sacrificio para cumplirlos. Entonces, se dan muchos casos de relaciones que formalmente son amorosas, pero en las que cada uno vive su narcisismo al lado de su pareja. Ahí está la incomunicación. Por otro lado, en la película quería también poner sobre la mesa la dependencia en las relaciones románticas que como mujer has aprendido. Yo la he vivido con mucha frustración, porque nunca he sentido que me perteneciese. Me parecía bonito compartir con otras mujeres estos momentos patosos de encadenar una relación con otra para sentirte querida, hasta aprender a estar sola. Creo que a partir de ese momento, tienes más herramientas para enfrentarte a una relación de amor de forma más madura i consciente".

Rodearte continuamente de gente y llenar tu vacío con fiestas y actividades no te va a librar de sentirte inmensamente solo.
"Creo que es una buena forma de descubrir que eres distinto en cada sitio y momento. Y que igual nunca tienes la sensación de saber bien quién eres. Me parece bonito que Júlia aprenda a perder el miedo a enfrentarse a las crisis, y no a no tenerlas. Es muy revelador alejarte de tu contexto, desprenderte de las etiquetas y ver como te ubicas en ello, como te respetas aún cuando no acabas de tener un lugar definido. Me parece interesante como reto, porque yo aún no lo he aprendido".

El síndrome pos Erasmus existe.
"Totalmente. ¡Contrastado con otros viajeros! En general, volver al sitio de donde te has ido, siempre viene cargado de una contradicción: vuelves al punto conocido, pero ese de repente ha cambiado. Tienes la sensación de volver atrás, pero a la vez los que se han quedado, parecen haber avanzado sin ti".

Pese a todo, nunca te arrepentirás de haberlo vivido.
"Sobretodo si se hace con la intención de integrarse realmente en la ciudad. Es un poco paradójico, porque ya de antemano sabes que 6 u 8 meses no serán suficientes. Pero el intento vale la pena y es ahí donde está el aprendizaje. No en vivir un paréntesis de vacaciones largas, sino enfrentarte al sitio y a sus gentes. También es una muy buena forma de tomar perspectiva y entender eso que hemos oído tanto, pero palpado tan poco, que es el concepto de Europa. A parte de esto, irse un año de viaje con el único objetivo de aprender, me parece un lujo. Y si consigues juntar un par de becas o tres para costeártelo, mucho mejor".

Créditos


Texto Raquel Zas
Todas las imágenes son fotogramas de 'Júlia Ist'

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