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el eterno erotismo de la juventud en la fotografía de walter pfeiffer

A medida que se acerca su 70 aniversario, el innovador fotógrafo suizo reflexiona sobre su carrera retratando a los jóvenes espíritus libres.

por Sarah Moroz
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21 Septiembre 2016, 9:00am

El zeitgeist es un tema que suele salir a relucir durante las entrevistas con Walter Pfeiffer. Aunque niegue sentirse atado a ello, la juventud de sus sujetos y su mirada instintiva hacen que sus imágenes sigan siempre vivas y atemporales.

Pfeiffer empezó su carrera como delineante, pintor y diseñador gráfico en Zúrich. En un primer momento utilizó la fotografía únicamente para crear referencias con otros fines dentro de su trabajo, pero pronto se dio cuenta del potencial creativo de esta disciplina. Desde entonces, ha desarrollado un estilo distintivo donde los flashes intensos y las composiciones atípicas son la marca de la casa, y los chicos guapos y despreocupados los modelos que observa con aires de nostalgia, creando imágenes íntimas y, a menudo, experimentales.

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El paso de Pfeiffer a la fotografía se vio marcado por una serie de retratos en blanco y negro de un hombre vestido a lo glam rock, que apareció en la exposición de 1974 Transformer: Aspects of Travesty,una celebración de vanguardia de la sexualidad e identidad alternativas. Luego, en 2001, su monografía Welcome Aboard! Photographs 1980-2000 le ayudó a ganar popularidad entre una generación más joven. Además de su trabajo personal, Pfeiffer también ha logrado darse a conocer gracias a sus colaboraciones con una serie de revistas internacionales desde Butt hasta la Vogue francesa y i-D.

Coincidiendo con su 70 aniversario, la nueva exposición de Pfeiffer, Send Me No Flowers (No me envíes flores), en la galería Sultana de París, hace referencia a la película de Norman Jewison de 1964. Para la ocasión, la galería muestra su archivo de imágenes y vídeos sobre chicos jóvenes sobre un fondo de papel con estampado floral.

Nos pusimos en contacto con Pfeiffer mientras estaba preparando su equipaje para un viaje a los Alpes suizos.

Send Me No Flowers toma su nombre de una película bastante absurda de 1960 protagonizada por Rock Hudson y Doris Day. ¿Utilizas muchas referencias de películas para crear tus imágenes?
A veces sí, pero de cine clásico, no de películas actuales. Tomo referencias de todas esas comedias extravagantes de principios de los 60, antes del fin de Hollywood, cuando el escenario era extremadamente artificial. Me gusta cuando las películas se hacían en el estudio. Incluso durante el día, siempre iluminaban los rostros, adoro ese tipo de cosas.

Es una estética que se ajusta a la tuya: mucha saturación y mucho flash.
Sí. A veces intentaba ser más 'artístico' utilizando una buena luz. Quizás si hubiera estudiado fotografía tendría más recursos técnicos, pero nunca aprendí, así que tuve que seguir por este camino.

Aunque tú sí que has enseñado en escuelas de arte.
Sí, pero cuando llego a los estudiantes, ellos saben más que yo, conocen Photoshop y todo eso. Sin embargo, no ven las fotografías, sus fotos están demasiado congeladas o demasiado perfectas, no hay fallos. Y a mí me encantan los fallos. Odio cuando algo es demasiado perfecto.

Solo doy talleres. Antes, cuando era joven, daba clases de dibujo para ganarme la vida, porque nunca me habrían contratado para que enseñara fotografía. Se habrían reído. A principios del 2000, volví con mi libro [Welcome Aboard! Photographs 1980-2000] y entonces, diez años después, me pidieron que diera algunos consejos a los estudiantes de fotografía. Pero antes nunca me habría atrevido.

Así que, hasta cierto punto, ¿te niegas a aprender la técnica?
Me gusta, de vez en cuando, hacer cosas de forma automática. Cuando tengo que pensar mucho antes de hacer una foto puede que para entonces el moento haya desaparecido. Tengo que ser rápido, y tengo que encontrar un camino, mi camino.

La falta de técnica te ayuda a ser impulsivo.
¡Eso es! He ido aprendiendo un poco más sobre fotografía a lo largo de los años, pero no demasiado, porque lo olvido poco después. Ahora recibo encargos para publicidad y revistas. Si hago algo para mí, lo hago a la vieja escuela, con el flash automático.

Los estudiantes me dicen lo que es nuevo y "bueno de verdad" y a veces pienso: "Pffff, eso es terrible". Pero soy curioso y siempre me gusta que me enseñen lo que está al día y lo que no. Siempre es interesante que te orienten desde esa perspectiva.

La composición de tus imágenes resulta bastante íntima y cercana. ¿Te acercas mucho a tus sujetos, o vuelves a encuadrar las fotos durante la edición?
Depende de los modelos con los que trabaje. Cuando no son modelos profesionales, el tiempo es muy limitado y si me espero demasiado puede que me quede sin foto.

¿Dónde encuentras a modelos amateur?
O me los presenta algún amigo, o me escriben, a veces incluso por pura coincidencia. Pero de algún modo me gusta hacerlo difícil, es fácil llamar a una agencia, pero me gusta el hecho de ser el primero en fotografiar a alguien. Después de mí viene la avalancha [risas]. Es mejor así, porque luego me parece que se hacen profesionales y eso no me gusta para mí trabajo. En el caso de las revistas es diferente.

¿Qué criterios consideras para aceptar un proyecto en una revista o un anuncio?
Soy extremadamente selectivo. Ya no puedo hacer muchas cosas, mi energía no es la misma que cuando era joven. Ahora tienen a los mejores peluqueros, maquilladores, estilistas… todo está preestablecido. Antes [en Suiza] tenía que encontrar yo mismo a todos esos profesionales y hacer mi trabajo fuera del estudio, en mi apartamento.

Solo me meto en un proyecto si pienso: "¡Sí! ¡Sí! Me muero por hacerlo". Si no es así, me quedo en casa. Hago los proyectos que me parecen interesantes, sexis y divertidos de hacer, ya sabes, que no sean demasiado serios.

Siempre has vivido en Suiza. ¿Por qué es un lugar tan importante para ti?
Solía tener estudios cuando era pintor: un año en Nueva York, otro año en París y otro en el este de Londres; pero tuve que volver aquí, porque es aquí donde están mis raíces, con mi familia y mis modelos. Y también, por supuesto, por las montañas.

La belleza y la juventud van a menudo de la mano y te centras en ellas para tu trabajo. A medida que has ido envejeciendo, ¿has encontrado la belleza en otras cosas también?
No, nada ha cambiado en ese aspecto, pero ya no soy igual de hambriento que cuando era joven. Ya no pienso [empieza a jadear] "¡Lo quiero, lo quiero desesperadamente! ¡Si no lo puedo tener moriré!". Ahora si no funciona me digo "¿qué más da?".

Te has centrado en la escena gay y has fotografiado a tus sujetos travestidos. ¿Ha cambiado tu representación de estas comunidades a lo largo de los años a medida que la conversación sobre estas identidades se ha ido haciendo más pública?
Es una pregunta difícil de contestar. No sé, para mí no ha cambiado mucho ni de forma personal ni en mi trabajo. Cuando empecé era prácticamente el único que hacía cosas así y ahora todo el mundo puede hacerlo.

¿Dirías que tu trabajo ha cambiado en algo?
Ahora ya no puedo estar disparando cien veces al día. Igual que hacía con la fotografía analógica, que era cara, todavía sigo pensándolo mucho: '¿vale la pena disparar?' En ocasiones no, y entonces lo dejo correr.

'Walter Pfeiffer, Send Me No Flowers' está expuesta hasta el 26 de noviembre de 2016 en la Galeria Sultana de Paris.
galeriesultana.com

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Texto Sarah Moroz
Fotografía Walter Pfeiffer, cortesía de Galerie Sultana

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