pelo rosa y trajes de prada: este es el legado que nos dejó 'romeo + julieta'

Con motivo del vigésimo aniversario de la icónica adaptación que hizo Baz Luhrmann de la obra de Shakespeare, exploramos la relación de la moda con la rebelión juvenil y por qué el film sigue manteniendo su frescura hoy en día.

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nov. 3 2016, 10:54am

A principios de este año asistí a una transmisión en vivo del programa de entrevistas de Glenn O'Brien, Tea at the Beatrice, en la que el locutor entrevistaba a Baz Luhrmann. O'Brien preguntó al director algo que se quedó conmigo desde entonces: "¿Cómo consigues siempre los contratos más imposibles?". Aunque la filmografía de Luhrmann ha generado cientos de millones de dólares, hay algo de incredulidad en cada uno de sus películas. El productor ejecutivo de su primera obra, El amor está en el aire, murió repentinamente durante la producción, dejando en la incertidumbre el destino de aquella comedia romántica de 1992 sobre el competitivo mundo del baile de salón (Luhrmann después recibió una llamada de Cannes diciéndole que tenía solo un día para decidir si quería estrenar el filme en el festival). Para Moulin Rouge!, su bohemio cabaret del siglo XIX, Luhrmann aseguró los derechos de las icónicas canciones de David Bowie, Dolly Parton y Elton John llamándolos directamente a ellos.

Pero el contrato más imposible de Luhrmann, el más grande "¿cómo-es-posible-que-se-llegara-a-hacer-esta-película?", fue su taquillazo de dos horas, lleno de acción y estrellas y grabado en inglés isabelino: Romeo + Julieta. Aquella sensación de 1996 fue un paso más allá y no solo se limitó a actualizar el clásico de Shakespeare para la generación de la MTV, sino que recaudó 147,5 millones de dólares al incluir canciones de Radiohead y Garbage en su banda sonora y al vestir a los Montesco y los Capuleto de Prada y D&G.

Fotograma de 'Romeo + Julieta'

Ha habido muchas adaptaciones tremendamente populares de las narraciones de Shakespeare, desde West Side Story a High School Musical, pero aun así estas versiones nunca usaron el lenguaje original de la época. Luhrmann, que desarrolló su suntuoso estilo dramático trabajando en el teatro y la ópera, nunca pensó en omitir el lenguaje original del Bardo, sino que buscó construir un universo único en el que tuviera cabida de nuevo. Según las notas de producción del filme, Luhrmann lo define como "mundo aumentado", un espacio independiente enraizado en un pastiche de imágenes icónicas religiosas, tecnológicas, folclóricas y de la cultura popular. 

Este mundo "permitió a la diseñadora de producción Catherine Martin y a la diseñadora de vestuario Kym Barrett contar con una increíble amplitud de latitud estética, pero sus creaciones siempre estuvieron firmemente unidas a las palabras de Shakespeare, a su historia". Esto fue porque, argumenta Martin, la Verona de Romeo y Julieta fue también un producto de la imaginación de Shakespeare: "Fue su visión, como hombre inglés, de esa mítica ciudad italiana, donde todo el mundo era apasionado, de sangre caliente; la Verona en la que Shakespeare ambienta su obra fue un mundo creado por él mismo".

Fotograma via Youtube 

El mundo hiper colorido de Romeo + Julieta es Verona Beach, una mezcla entre Venice Beach, Miami y la Ciudad de México, donde se rodó la mayor parte del filme. Este mundo inventado está parcialmente vinculado a la estética y las tradiciones culturales de estas regiones. El decrépito carnaval se remonta a la historia de Venice Beach: en los años 50, como en la película, la que en su día fuera una próspera atracción turística se convirtió en una incubadora de pandilleros. 

Martin hizo uso del arte religioso mexicano de forma magistral, a través de suntuosos y románticos escenarios (que le valieron un Oscar a la mejor Dirección Artística). Aun así, el mundo aumentado de Luhrmann no solo define el espacio físico que ocupan sus personajes; ellos también están anclados en esta mezcolanza iconográfica, desde el modo en que actúan hasta cómo se visten. Luhrmann citó El Padrino, la realidad aumentada de los filmes de Fellini y las severas bellezas sureñas de Tennessee Williams como las influencias principales de la mentalidad y las decisiones de sus personajes. A pesar de que los chicos Montesco y Capuleto heredaron la disputa de sus padres, estos antagónicos muchachos comparten una causa rebelde en común: desafiar a la generación mayor. Así que, ¿cómo crear una relación entre ambas casas y al mismo tiempo mantener sus identidades características? ¿Y cómo atar esa rebelión juvenil a este mundo aumentado? Mediante la moda.

Cuando Lurhmann describió esta brecha generacional, también lo hizo con la ayuda de varios diseñadores: los Montesco y Capuleto más mayores, dijo, "tienen un look más inspirado en las creaciones de Yves Saint Laurent de los 60 y los 70 y en Jackie O., mientras que la generación más joven rechaza eso". Esa repulsión toma dos formas distintas: para la pandilla Capuleto ―liderada por John Leguizamo como Teobaldo, el Príncipe de los Gatos― significaba looks elegantes, sexis y de corte impecable, cortesía de la ahora desaparecida línea de Dolce & Gabbana, D&G. Los Capuleto se inclinaban más por atuendos en negro, con siluetas estilizadas pero repletos de motivos decorativos, convirtiendo las fundas de sus armas en accesorios de alta costura y llevando las camisas metidas por dentro del pantalón para mostrar las impresionantes hebillas de sus cinturones. Uno de ellos incluso llevaba un grill (un accesorio para los dientes) con la palabra "SIN" grabada en él.

Imagen vía Twitter

Aunque los chicos Montesco eran de la misma clase acomodada que el clan Capuleto, su ropa era mucho más casual y práctica: camisas hawaianas desabotonadas, pantalones y shorts holgados, botas militares o zapatillas Converse. "Con los Montesco era más como un regusto a la Guerra de Vietnam", explicó Barrett, refiriéndose al final de la guerra a mediados de los 70, "cuando los soldados usaban camisas hawaianas y shorts con sombreros indígenas. Ellos inventaron su propia manera de vestir para adaptarse al clima y al entorno". Aunque los Montesco no llevaban chalecos antibalas de terciopelo como los Capuleto, a esta banda no le faltaba su propio código de vestimenta (acuérdate de Mercucio en la fiesta de los Capuleto, que parece salido de una pasarela de Ashish). No necesitan bling, sus camisas hawaianas ya resaltan suficiente; no necesitan echarse el pelo hacia atrás para mostrar sus fundas de pistola artesanales, se tiñen el pelo de rosa y lo peinan en punta. Sus rasgos son particulares de cada uno, pero ambos llevan su actitud de rebelión expuesta a través de prendas que se conectan con el mundo aumentado que comparten.

La rebelión ante esta rebelión: los propios Romeo y Julieta. Aunque ella proviene de la casa Capuleto, no vemos a Claire Danes llevando un vestido transparente negro con plumas (o, desafortunadamente, llevando este corsé con incrustaciones de piedras falsas en el que puede leerse "tomatoes potatoes" de la colección de 1992 de D&G); así como tampoco vemos a Leonardo DiCaprio, con su cara aniñada, llevando el pelo rosa y de punta, ni unos Dickies rojos como si se dirigiera a un concierto de No Doubt después de haber participado en un tiroteo. En lugar de eso, Barrett hizo que su ropa fuera "la más sencilla de todas, con líneas muy limpias y totalmente libre de ornamentos". Y para lograrlo, recurrió a Prada.

En los años transcurridos desde el estreno de la película, Miuccia Prada ha diseñado colecciones de camisas hawaianas inspiradas en el cine negro, desenfrenados choques de color y adornos de estilo punk. Pero a mediados de los noventa, cuando Miuccia estaba empezando a cambiar el negocio de su familia, dedicado a los accesorios de piel, para convertirlo en un imperio del prête à porter, fueron sus siluetas "puras y minimalistas" las que atrajeron a Barrett y al resto del mundo.

Después de haber lanzado la línea de menswear apenas en 1993 (pero ya empleando jóvenes actores para sus campañas), Prada creó el traje de novio azul marino de corte perfectamente cuadrado de Romeo, con su camisa blanca y su corbata floral en tonos rosas, un homenaje a la herencia de los Montesco. Los looks de Julieta eran similarmente sutiles, sencillos y accesibles, incluso el disfraz de ángel que lleva en el baile de los Capuleto. Luhrmann escogió a Danes por Es mi vida, pero Barrett la despojó de las camisas de franela que llevaba Angela Chase y dejó a Julieta llevando camiseta y vaqueros mientras esperaba que la nodriza le trajera noticias de su Romeo.

La rebelión juvenil adopta muchas formas en esta película en lo que a moda se refiere, pero cada decisión de estilo surge del mundo de Luhrmann (del mismo modo que algunos diseñadores crean un mundo para la ropa de sus desfiles). El cóctel formado por el minimalismo de Prada y la ultra sexy mezcla de Vietnam y mall rat de D&G no parece algo viable fuera de la imaginación de Luhrmann, igual que tampoco parecía probable que fuera a funcionar una canción de The Cardigans en una obra de Shakespeare. Aun así, estas decisiones son precisamente las que hacen que esta adaptación sea tan única y perdurable, algo que otros directores deberían tomar en cuenta al realizar adaptaciones. No soy fan de Arthur Miller, pero si alguien hiciera un remake de Las brujas de Salem con Vetements, yo no dudaría en comprar una entrada. 

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Texto Emily Manning
Imagen vía Twitter