retratos de los okupas de nueva york en los años noventa

Ash Thayer pasó ocho años de okupa en edificios abandonados, fotografiando a su comunidad en Nueva York y documentando su batalla contra la gentrificación.

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28 julio 2015, 1:12pm

Photography Ash Thayer

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No hace mucho tiempo que los edificios de Lower East Side -ahora ocupados por departamentos "de lujo" del tamaño de un armario- en realidad estaban abandonados y en ruinas. En 1992, la estudiante de fotografía Ash Thayer se quedó sin casa y sin dinero cuando su casero la echó y se quedó con la fianza. 

Sus amigos la invitaron a quedarse en See Skwat y unirse a la comunidad de okupas que llevaban décadas rehabilitando la región. Durante los ocho años siguientes, Ash documentó las casas de su familia okupa, sus vidas y su lucha contra la gentrificación en lo que resultó siendo un libro de fotografía llamado Kill City: Lower East Side Squatters 1992-2000, que fue lanzado a principios de este año. Hablamos con Ash para averiguar cómo los jóvenes pueden cambiar el mundo con activismo político, mentalidad punk y mucho optimismo.

¿Cómo te involucraste en la fotografía?
Tuve un profesor en Memphis que ayudó a muchos de sus estudiantes a lanzar sus carreras artísticas. Nos enseñó lo que estaba pasando en el mundo, la forma de mandar solicitudes a las universidades y nos ayudó a conseguir becas para prestigiosas escuelas de arte. Muchos de nosotros éramos jóvenes en situaciones precarias. 

Yo era una marginada que se volvió metalera, y luego me encontré con el punk rock, que me dio una salida positiva. Me fui de casa de mis padres antes de graduarme, y este profesor me animó a coger una cámara. Empecé a fotografiar a mis amigos de la escena punk, y con mis primeros rollos logré ganar un Scholastic Award. Después conseguí una beca para la School of Visual Arts.

¿Por qué te volviste okupa?
Me mudé a Nueva York por la escuela y continué fotografiando la escena punk que había a mi alrededor -todos los grandes conciertos en The Continental y el CBGB-. Pero no tenía dinero, vivía de las sobras de mi préstamo estudiantil y luchaba con trabajos de media jornada para mantener un equilibrio entre el trabajo y la escuela. 

Me echaron del piso donde vivía y se quedaron con la fianza dejándome sin dinero. Tan sólo tenía dos opciones: volver a Memphis o encontrar una solución. Conocí a otros chicos punk que eran okupas y me dieron la bienvenida como huésped en See Skwat. Allí todos se cuidan entre sí; nuestra amistad era lo único que teníamos. 

El edificio estaba en ruinas por aquel entonces. Habían comenzado a arreglarlo, pero parecía un escenario propio de Dexter -un foco intermitente en el pasillo con escaleras cayéndose a pedazos-. Teníamos que cubrir las ventanas por la noche para que nadie en la calle viera que teníamos electricidad. Era un grupo de jóvenes crusty punks, muchos de ellos con problemas de alcohol y drogas, pero eran serios sobre la okupación y la política.

¿Qué pasó cuando la ciudad comenzó a reprimir vuestra okupación? Giuliani gastó millones tratando de expulsar a los okupas.
Nos involucramos en las reuniones del consejo de la comunidad donde se estaban tomando decisiones sobre los desarrollos de vivienda e hicimos votaciones. Organizamos manifestaciones y protestas para crear conciencia en el barrio, aunque también hacíamos fiestas e invitábamos a los vecinos. Intentábamos ser parte de la comunidad, unir a la gente e integrarles en nuestra causa. 

Debido a que el LES tenía tantos edificios abandonados, una gran cantidad de okupas se encontraban en un área localizada muy condensada que nos permitió apoyarnos mutuamente. Si había algún problema, íbamos al rescate. Era una comunidad muy unida dispuesta a luchar por los edificios, y eso es lo que pasó.

Cuando comenzaste a fotografiar, ¿fue con la intención de documentar tu vida diaria o la cultura en general?
Realmente no tenía una idea en concreto; estaba fotografiando principalmente a las personas en mi vida. Había muchas más familias y mucha más diversidad étnica en la comunidad, pero yo salía con los chicos de la escena punk porque eso es con lo que me relacionaba y lo que me interesaba en aquel momento. 

No todos tenían cámaras y los okupas necesitaban documentar el progreso que habían hecho en sus edificios y departamentos individuales. Sabíamos que llegaría el día, potencialmente en un juicio, en el que íbamos a necesitar la evidencia oficial de todo el trabajo que habíamos hecho.

Las mujeres se ven realmente empoderadas a través de tus imágenes. ¿Cómo eran las dinámicas de género en la comunidad?
Era una cultura dominada por hombres, pero la dinámica de género realmente dependía del edificio en el que estuvieras. Algunos tenían proporciones mucho más igualitarias de género por las personas que comenzaron los edificios y la cantidad de progreso que habían logrado. Otros eran más adecuados para los niños, por lo que tenían más familias.

Recordando esa época, ¿qué aprendiste como fotógrafa y como persona?
Como fotógrafa, me volví muy consciente de cómo retratar subculturas y comunidades -aprendiendo a respetar los deseos de la gente y obtener siempre su permiso-. La experiencia también me enseñó sobre el valor de la comunidad y el cómo la gente puede hacer que las cosas sucedan mediante la acción directa. 

Generalmente hay apatía hacia el gobierno -es fácil sentirse indefenso-, pero con esto aprendí la importancia de estar involucrado y preocupado por los problemas sociales. A través de la perseverancia, defendiendo sus creencias, y haciendo que sus voces fuesen escuchadas, los okupas obtuvieron 11 edificios.

Creo que esa es la herencia para la próxima generación: no tienes que ser un rockero punk o un okupa ni involucrarte en actividades ilegales -bueno, a veces sí- pero puedes cambiar las cosas. Este libro muestra que los jóvenes pueden cambiar el mundo, incluso los que se sienten rechazados y no tienen dinero ni para llegar a fin de mes. 

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ashthayer.net

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Texto Emily Manning
Fotografía Ash Thayer