Fotografía Mitchell Sams

cómo balenciaga ha cambiado la forma de vestir de nuestra generación

El lujo ahora se escribe en la calle, y Demna ha conseguido democratizar la pasarela.

por Felix Petty; traducido por Eva Cañada
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dic. 19 2017, 11:47am

Fotografía Mitchell Sams

Este artículo se ha publicado originalmente en i-D UK.

Los últimos looks de la época de Alexander Wang al frente de Balenciaga se pasearon ostentosamente en medio de un vaporoso aleteo completamente blanco por una pasarela de París. Eran elásticos y estaban llenos de volantes, etéreos gracias a su encaje y relajados gracias a las zapatillas de andar por casa. Eran suaves y naturales, asexuados y refinados. El Balenciaga de Alexander Wang ya nos parece muy alejado en el tiempo, un interludio de tres años de duración sumido en la maldición de encontrarse justo en medio de dos diseñadores que definieron toda una era.

Parece que haga tanto tiempo -en parte por el horroroso devenir de la "Era de la Moda"- que funciona como un pez dorado atrapado en la rueda de un hámster, girando y girando sin parar e incapaz de recordar con detalle nada que haya pasado hace más de cinco minutos. Pero sobre todo parece que haga tanto tiempo porque desde que Demna presentara su colección de debut para la temporada otoño/invierno 2016, el pasado inmediato de Balenciaga se ha borrado sin más. Ir detrás de Nicolas Ghesquiere no es fácil, pero Balenciaga se ha Demnaficado hasta tal punto que parece que Wang jamás hubiera estado al timón de la casa.

Demna y Balenciaga están sincronizados. Él y la marca son el complemento perfecto del otro ahora mismo, lo que se demuestra en el éxito obtenido, tanto a nivel comercial como entre la crítica. No es que Alexander Wang no vendiera en sus tiempos, o que no funcionara comercialmente, o que los críticos le vapulearan, pero eso solo demuestra cuánto ha elevado Demna la marca, cómo su lenguaje estilístico ha llegado a ser universalmente aceptado y encarna la estética de nuestro tiempo. Tanto que resulta difícil imaginar a nadie "levantando las cejas" con escepticismo ante sus desfiles como hicieron cuando tomó las riendas de la casa.

El motivo para esas cejas levantadas en el momento en que se unió a Balenciaga fue, tal y como escribió Lauren Milligan en Vogue (pasando ligeramente por alto el estado anímico de los tiempos que corren), porque “era un diseñador muy vanguardista, al estilo de Martin Margiela”. Vanessa Friedman, con una dosis mayor de clarividencia, predijo con mayor atino la actitud que ha definido la moda de finales de los 2000 en el New York Times, escribiendo que “aunque hubo rumores sobre la designación del Sr. Gvasalia durante la semana de la moda, muchos desestimaron esos cotilleos tildándolos de increíbles porque la extrema estética streetwear de Vetements, casi contraria al concepto de moda, podría parecer lo opuesto a la históricamente elitista firma Balenciaga”.

Partiendo de un inicio tan humilde y rodeado de escepticismo, aquí está, Demna en Balenciaga subido en la cima del mundo, solo desafiado quizá en importancia contemporánea por el Gucci de Alessandro Michele. Y ascendió hasta ahí mezclando de una forma muy inteligente los elementos sobre los que todos aquellos periodistas se mostraron tan cínicos. Tomó la actitud vanguardista de Margiela, la estética streetwear de la que fue pionero en Vetements y el histórico elitismo de Balenciaga y lo aunó todo en un solo lugar.

El resultado de esto, por supuesto, es que la estética streetwear es ahora el nuevo elitismo. Vivimos en un mundo de igualitarismo y de edición (súper) limitada. Ese es el modus operandi de la moda en nuestra generación. Y jugar y redefinir los espacios entre el elitismo antiguo y el nuevo, espacios que parecen estar definiendo la estética de nuestro tiempo. Un elaborado juego de salón de chistes privados, guiños y homenajes. Una actitud descarada de niño malcriado que se pavonea en la cara del aceptable esnobismo burgués del mundo de la moda.

Resulta fácil mostrar desdén y fruncir el ceño ante algunos elementos de lo que ha hecho Demna: la fealdad directa y abierta que ha dividido opiniones; la chocante recontextualización ―que sirvió para provocar a los tabloides― de lo cotidiano dentro del lujo; los impropios juegos con las proporciones; el deseo de llevar la obsesión por los logotipos hasta un territorio absurdo... El modo en que va hilándolo todo desata brillantes explosiones de belleza convencional y codiciado lujo en estado puro. Entre esto y el flujo imparable de deconstrucción colaborativa por parte de Vetements, Demna ha creado un patchwork que ha determinado la agenda de una nueva era de directores creativos enfocados en la moda callejera que trabajan en firmas históricas.

Su éxito ha conseguido que se respete la actitud de toda una generación hacia la industria de la moda y que dicha actitud se considere seria e importante. Pueden mezclar en una única colección los logos de Kering ―el conglomerado empresarial multinacional propietario de Balenciaga― y de Bernie Sanders ―el socialista favorito de Norteamérica― sin fracturar los límites temáticos que existen entre ellos. Es un choque de yuxtaposiciones que se sostienen en torno a una red fracturada, que no hace distinciones entre lo elevado y lo bajo, entre lo auténtico y lo falso, entre lo kitsch y lo chic.

París se convirtió en el epicentro de esta colisión. El único lugar donde los hypebeasts (los críos que coleccionan streetwear) y la alta costura podrían convivir en perfecta armonía. "Es una especie de movimiento, pero se está extendiendo a la industria de la moda en general", dijo Demna a i-D en 2016, reflexionando sobre la nueva atmósfera, la nueva estética y la nueva silueta de la época. La cultura hypebeast y la alta costura son dos mundos muy diferentes, pero funcionan como un reflejo el uno del otro. Vaticanos de la moda en reclusión total, llenos de secretos, códigos y normas nunca explicadas.

"Hay un montón de preguntas que debemos responder ahora en términos de qué significa el lujo y qué significa el underground", continuó Demna. "Sucedió en el lugar adecuado y en el momento justo. Todo el mundo se subió a esa ola... La cuestión sobre la nueva generación inevitablemente era si Vetements había estado ahí o no. Vetements simplemente escaló y llegó ahí más rápido. Y eso es maravilloso. París había estado estancado durante mucho tiempo. Ahora tienes esa energía que permite que Anna Wintour asista a los desfiles de Vetements y Jacquemus. ¡Eso es increíble! Es todo un cambio".

El cambio que encarnó Vetements fue la elevación de lo que normalmente se considera bajo hasta lo más alto de la alta costura. Desde Balenciaga, Demna también está dando expresión al movimiento en otra dirección, llevando el lujo a la realidad cotidiana. Demna ha creado todo un alud de imitadores en ambas esferas, pero nunca ha permanecido estancado: los imitadores se apresuraron a entrar en el espacio que Demna y compañía habían abierto pero se encontraron con que ese espacio ya estaba desalojado. Lo intentaron con los looks post-soviéticos y con el afán colaborativo. Jodieron la programación y desplazaron sus desfiles, presentaron sus diseños correctos, se mudaron de París a Zúrich y después desaparecieron completamente del programa, mostrando en su lugar una colección de fotografías.

Conforme Vetements fue creciendo, Demna pareció romper con la tendencia de los diseñadores "celebrity" y se alejó del foco de atención, dejando que su hermano Guram asumiera el papel de portavoz habitual de la firma. Devuelve la marca a sus raíces, envuelta en misterio y con un énfasis en la marca como colectivo de diseño más que como el trabajo de un genio colectivo. Se ha deshecho de la ostentación para volver justo a los inicios.

Y es en los espacios que rodean a Vetements y a Balenciaga donde se ha formado esta filosofía: zapatillas feas de tamaño exagerado, críticos enamorados del potencial de la ropa deportiva (como si la comodidad fuera una atrevida nueva tendencia), camisetas de bandas que cuestan más de 500 euros a modo de declaración de desapego irónicamente sincera, la introducción de la moda en el mundo de los memes como contenido en el que puede incluirse un texto... En manos de todos los demás, estos elementos parecen planos y vacíos. Ha puesto frente a nosotros el streetwear de lujo como saludo de segunda mano a una copia de un original.

El streetwear da sensación de revolución porque es democrático y abierto. En una era en la que las antiguas premisas culturales se están desmoronando, la creatividad interconectada de la escena del streetwear se inspira en la música, en las fiestas, en los fanzines, en los estilos de vida y también, por supuesto, en la moda en sí. Pero Demna representa el mayor logro de ese nuevo estado mental democratizador, porque ha cambiado por completo el lenguaje de la moda y ahora la moda misma está hablando en el lenguaje de Demna.