Andrés. Still del documental de i-D 'Tijuana: Sueño Mexicano'

conoce a las personas que salvan la vida de los migrantes en la frontera de tijuana

Andrés, de 19 años, es uno de los cientos que integran 'Border Angels' y que pasan sus días ayudando a los necesitados en los campamentos de inmigrantes de Tijuana.

por Joe Zadeh
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19 Febrero 2019, 6:07pm

Andrés. Still del documental de i-D 'Tijuana: Sueño Mexicano'

El 15 de febrero, el Presidente de Estados Unidos Donald Trump declaró emergencia nacional para evitar las restricciones del Congreso estadounidense y liberar miles de millones de dólares para financiar su muro en la frontera entre México y Estados Unidos. ¿Cuál fue esta supuesta emergencia nacional? Una caravana de miles de migrantes que huyen de la violencia en Centroamérica. Actualmente, muchas de estas personas están atrapadas en la ciudad fronteriza de Tijuana, Baja California, mientras esperan por la posibilidad de asilo en los Estados Unidos. Desde la llegada de la caravana en octubre de 2018, Tijuana ha sido escenario de protestas y disturbios. La policía fronteriza lanzó gas lacrimógeno a los migrantes que intentaban acercarse a la frontera de Estados Unidos, y las calles se han convertido en un hervidero de enfermedades. Sin embargo, el notorio embudo cultural entre Norteamérica y Sudamérica también alberga a una generación de jóvenes preparados y dispuestos a hacer lo que sea necesario para ayudar a lo que el alcalde de la ciudad ha denominado como "una crisis humanitaria". En diciembre de 2018, i-D viajó a Tijuana para reportar sobre la situación de primera mano. El resultado es el más nuevo documental de i-D, Tijuana: Sueño Mexicano, el cual puedes ver aquí.


Salpicada de arquitectura neoclásica y bares con luces neón, Tijuana es una ciudad que combina energía, creatividad y una dosis decente de hedonismo. La escena artística local es vibrante, los restaurantes son de clase mundial y hay una escena de cócteles y cervezas artesanales que está en completo auge. El paisaje que la rodea es todo montañas ondulantes, cielos azules de algodón y cactus que crecen junto al mar. Pregúntale a un local y te dirá que es "la ciudad más visitada de la Tierra" (lo que podría ser cierto, ya que el cruce de la frontera entre México y Estados Unidos en el que se asienta Tijuana, tiene un promedio de 300,000 personas que la atraviesan diariamente).

Pero también es una ciudad de contrastes crudos; una que trata con más problemas de los que la mayoría enfrentaría en una década. La tasa de homicidios se ha disparado, las calles están inundadas de metanfetamina barata y, en los últimos seis meses, miles y miles de migrantes centroamericanos han llegado, huyendo de los disturbios, el desempleo y la violencia de su país de origen.

Muchos tuvieron la impresión de que entrar a los Estados Unidos a través de Tijuana sería un proceso sencillo. Y en cambio, se han visto abandonados en saturados campamentos improvisados alrededor de la ciudad, sometidos a miles de filas de procesamiento y rudos encuentros con funcionarios de la frontera de los Estados Unidos (que incluyen el altercado con gas lacrimógeno).

Algunos residentes de Tijuana han organizado protestas xenofóbicas en contra de su presencia, en las cuales se escuchan los gritos de "Fuera hondureños, no los queremos aquí", "Tijuana primero" y "Viva México". Pero la mayoría trata de apoyar a los migrantes donando alimentos y ropa a los refugios y brindándoles entretenimiento.

Border Angels Headquarters
Las oficinas de Border Angels en Tijuana. Foto de Robert Stribley.

Andrés tiene 19 años y nació y creció en Tijuana. Ahora, pasa su tiempo como voluntario en Border Angels, una organización benéfica que brinda ayuda a los migrantes en ambos lados de la frontera entre los Estados Unidos y México, y hace campaña por los derechos humanos, la reforma humanitaria de la inmigración y la justicia social.

La organización benéfica, que fue fundada por Enrique Morones en 1986, inicialmente envió equipos de voluntarios para dejar recipientes de agua en las regiones fronterizas del desierto que sabían eran populares puntos de tránsito. Ahora, se han expandido. Cada día, Andrés y cientos de otros en Border Angels trabajan incansablemente para brindar apoyo vital en forma de suministros, raciones de agua, asistencia legal, educación, y asesoramiento general. Su meta es reducir el número de muertes que ocurren a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, una cifra que registró 260 muertes en 2018.

Cuando Andrés era un niño, no era inusual que las personas cruzaran la frontera para visitar el zoológico o simplemente comprar una hamburguesa. Pero a lo largo de los años, ha visto cambiar las actitudes de las personas, volviéndose más agresivas y la situación es cada vez volviéndose más siniestra. "Se ve cómo aumenta la altura de la barrera, los sistemas de seguridad se vuelven más futuristas cada vez, lo que aumenta la vigilancia a medida que se construye el muro de Trump", dicen. "No es solo una barrera lo que nos divide, es un muro que mata y ataca todo lo que no quiere o necesita".

Si bien los medios de derecha han presentado a los migrantes en Tijuana como violentos y despreciables, Andrés ha sido testigo de una realidad diferente. Se ha encontrado con migrantes lesbianas, gays, bisexuales y transexuales que no tenían otra opción más que abandonar su entorno social donde se enfrentaban al hostigamiento, el rechazo social, la discriminación, y el odio. Ha conocido a haitianos que, después de su terrible experiencia viajando, decidieron no cruzar a Estados Unidos y desde entonces se han convertido en felices miembros de la sociedad en Tijuana.

Un día, cuando Andrés trabajaba en el centro de donaciones de Border Angels, entró una niña de cinco años. "Había comida, mantas y ropa", dice, "pero lo único que tomó fueron cuatro cepillos de dientes. Para su mamá, su papá, su hermana, y para ella. El comportamiento de estos niños, que han pasado por experiencias tan difíciles, es muy impresionante".

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Un grupo de chicos posa en uno de los campamentos de migrantes en Tijuana. Foto de Aidan Sheldon.

Cada semana, las noticias están repletas de informes diarios sobre Donald Trump amenazando con declarar un estado de emergencia nacional en los Estados Unidos para que poder construir su muro. [Algo que se convirtió en realidad el pasado 15 de febrero]. La situación solo parece empeorar, y el dilema que enfrentan la mayoría de los migrantes ahora es si quedarse y esperar, o hacer el aplastante viaje de regreso a casa. Los campamentos de Tijuana están operando por encima de su capacidad, y la higiene y la seguridad se están convirtiendo en un problema importante para quienes viven en ellos.

Su presencia se ha visto aún menos acogida por la agresiva retórica del alcalde de la ciudad, Juan Manuel Gastélum, quien se sabe lleva una gorra que dice “Make Tijuana Great Again” –recientemente un juez mexicano le ordenó que dejara de difundir mensajes tóxicos sobre los migrantes que llegan.

Pero gracias a Andrés y muchos otros en Border Angels, sigue habiendo una inquebrantable sensación de optimismo; una creencia de que las cosas podrían mejorar. “Para mí”, dice Andrés, “la sociedad se trata de ser todos para uno y uno para todos. Cuando aceptas y comprendes esto, te vuelves capaz de ver los problemas en nuestra sociedad: violencia, xenofobia, racismo, etc. Puedes convertirte en una herramienta para el cambio y dar esperanza a las personas que lo han perdido”.

En su opinión, la fluidez siempre cambiante de Tijuana es lo que hace que la ciudad sea tan especial. Esta es una ciudad migrante, una ciudad fronteriza, un lugar de movimiento y siempre ha sido así. "Lo que hace a Tijuana", insiste, "es la diversidad. Este es un lugar para celebrar la inclusión y la diversidad cultural. Tenemos que seguir luchando contra todo lo que amenaza eso, ya sea a través de arte, trabajo en equipo y empatía".

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