la música para porno gay del pionero de la música electrónica patrick cowley

Coincidiendo con el último lanzamiento del conjunto de bandas sonoras para porno gay de Cowley, 'Afternooners', i-D repasa esta faceta única de uno de los auténticos pioneros de la música electrónica.

por Daniel Dylan Wray; traducido por Eva Cañada
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03 Noviembre 2017, 11:04am

Fotografía Susan Middleton

Adorado por New Order y los Pet Shop Boys, compositor de un número uno de las listas de música de baile, responsable del sintetizador que suena en una de las canciones disco más famosas de todos los tiempos ―"You Make Me Feel (Mighty Real)", de Sylvester― y ostensible creador de todo un género de música electrónica dentro del Hi-NRG, cabría pensarse que un artista de semejante talla sería un nombre familiar dentro del mundo de la música. Sin embargo, si mencionas el nombre de Patrick Cowley la mayoría de gente sigue respondiendo encogiéndose de hombros.

Durante el breve tiempo que duró su vida ―Cowley murió de SIDA en 1982, a los 32 años de edad― fue un músico prolífico y pionero que contribuyó a los inicios de la música electrónica. Adoptó el sintetizador muy temprano (inspirado por la obra de pioneros como Wendy Carlos y Giorgio Moroder) y comenzó a experimentar con esas máquinas cuando todavía estaba en la universidad. Sus sonidos no tardaron en captar la atención del grupo de disco Sylvester, al que más tarde se uniría Cowley.

Además de todo esto, produjo su propia obra en solitario, publicado una trilogía de álbumes ― Menergy, Megatron Man y Mind Warp― y colaborando con artistas de la música disco como Paul Parker, Frank Loverde y Jorge Socarras. También publicó una de las remezclas más alucinantes de todos los tiempos, su " megamix" del tema "I Feel Love" de Donna Summer: un salvaje, desbordante y profundamente innovador viaje de 15 minutos de duración que añade una dimensión completamente nueva a una canción que ya rozaba peligrosamente la perfección.

Pero más allá de sus álbumes en solitario, sus remezclas, sus colaboraciones y su trabajo en Sylvester, debemos añadir un nuevo elemento a la obra de Cowley que no se ha revelado hasta hace pocos años: sus creaciones como compositor de bandas sonoras para porno gay. Residente en San Francisco (donde se mudó desde Nueva York en 1971), Cowley se lanzó de lleno a la escena gay, llegando a conocer bien las saunas y los cuartos oscuros que empezaron a aparecer por todas partes tras la revolución sexual que experimentó la ciudad a finales de los 60. Pronto conoció al productor de L.A. John Coletti, que deseaba aprovechar el boom del VHS y el Betamax y convertir sus películas porno mudas de 16 mm en cintas que pudieran disfrutarse en casa. Coletti decidió que necesitaba música para eso y Cowley era el hombre perfecto para ese trabajo.

Si piensas en la banda sonora de una película porno probablemente imaginarás un terrible bajo con slap, unos teclados cutres y un aire hortera general que no podría ser menos sexy ni aunque lo intentara. Sin embargo, la trilogía porno de Cowley ―publicada a través de tres discos a lo largo de los últimos cinco años, School Daze, Muscle Up y Afternooners es un viaje totalmente innovador: grabaciones profundamente inusuales que se asemejan más a exploraciones de dark ambient, funk electrónico y lentos y burbujeantes experimentos al sintetizador.

Aunque Cowley ―a través de discos como Mind Warp, publicado en 1982― se hizo famoso por un estilo acelerado de música disco, las bandas sonoras de películas porno eran completamente diferentes de sus exploraciones más orientadas a la pista de baile, añadiendo un tono y una idiosincrasia completamente diferentes a su música. "Suena como música de otro planeta", comenta Josh Cheon, jefe del sello discográfico Dark Entries que ha aunado fuerzas con Honey Soundsystem para estos lanzamientos.

Sin embargo, esta dicotomía fue muy importante para el siempre inquieto Cowley. Tal y como explica su colaborador Jorge Socarras: "Una noche solamente de Hi-NRG habría aburrido a Patrick... Igual que si se hubiera dedicado en exclusiva a una única práctica sexual".

Esta comparación entre el modo en que Cowley entendía la música y su vida sexual es totalmente fundamental. Mientras que es posible que las bandas sonoras para cine porno de Cowley fueran una excepción dentro su carrera musical, la sexualidad siempre era una parte intrínseca e inseparable de su obra.

Si no estaba creando música que encajara con la imagen de dos hombres juntos en la pantalla, casi con toda seguridad estaba creando música que hiciera lo mismo en la pista de baile. Aunque estaban a años luz, ambas obras comparten el mismo sentido de intimidad y experimentación. Su éxito de baile de 1981 Menergy es una descarada y gloriosa celebración de la cultura gay que con tanto orgullo abrazaba. La sexualidad impregnaba gran parte de lo que Cowley creaba y eso quizá explica por qué una porción tan enorme de su música, incluso si se sustrae del entorno en que fue creada, sigue brillando con un radiante sentido de su personalidad.

Los dos primeros lanzamientos de sus bandas sonoras para porno gay, School Daze y Muscle Up, estaban compuestos de música extraída de grabaciones previas que Cowley había hecho durante sus años de universidad y que después empalmó o cambió su velocidad para que encajaran con las escenas de las películas. Afternooners, por otra parte, es muy diferente y captura algunas de las grabaciones finales de Cowley antes de su muerte. Marcando una notable evolución en su sonido, los temas se deslizan con un ritmo y un tono que dan la sensación de estar destinados al futuro.

Mientras que Muscle Up y School Daze parecen sombrías y oscuras exploraciones electrónicas, Afternooners da una sensación más limpia y prístina, un ejemplo temprano de la meticulosidad y la búsqueda de la pureza que iba a adoptar la música electrónica más adelante y un claro indicador de que Cowley se sentía mucho más feliz cuando se adentraba en territorios nuevos.

Esto es algo sobre lo que reflexiona Maurice Tani, amigo y colaborador de estudio de Cowley: "El San Francisco de Patrick era un lugar mágico", explica. "No era una tierra de hadas y reinas ―perdón por el juego de palabras―, sino una burbuja dentro del espacio y el tiempo donde se mezclaban en yin y el yang. Si se sacan de contexto, los temas que ha desenterrado Josh de los archivos cuentan solo una parte de la historia que representan. Pat siempre estaba al filo de encontrar algo nuevo".

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