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La fiebre por las zapatillas

Las zapatillas se han convertido en el último objeto de deseo de las grandes firmas de lujo. La Alta Costura de París el pasado invierno nos deleitaba con unas zapatillas firmadas por Karl Lagerfeld, quien llevaba hasta la pasarela el look arreglado...

por Vicente Ferrer
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12 Noviembre 2014, 9:45am

Las deportivas de Chanel eran el punto y seguido de una fiebre que ha hecho del calzado más cómodo también el más buscado para quienes buscan estar siempre a la última. Solo disponibles para aquellas mujeres que se lanzaran a comprar el look completo de Alta Costura, este calzado requiere de treinta horas de trabajo completamente manual para llevarse a cabo. Muy lejos queda la producción en masa de los pares de zapatillas que de un tiempo a esta parte rematan los looks de los asiduos a la primera fila de los desfiles. Nike era de las primeras firmas en conseguir colarse en las imágenes de street style de medio mundo sin ningún complejo de inferioridad. Gracias a su línea flyknit consiguió algo insólito: hacer que sus compradores las combinaran sin pudor con twin sets y con trajes de sastrería inglesa perfectamente cortados.

Los tacones altos han dado paso a tejidos tecnológicos con diseños rompedores que se atreven a terminar con el protocolo de la manera más sencilla que existe: a través de la comodidad. El pistoletazo de salida de esta fiebre deportiva podría estar en una firma francesa de street wear que en los últimos tiempos ha sofisticado sus diseños hasta unos límites nunca vistos. Isabel Marant lanzaba sus Sneakers Bekett. La marca parisina las creaban como una anécdota para la colección otoño/invierno del año 2010. La curiosidad en este calzado radicaba en que la propia zapatilla deportiva incluía en su interior una cuña completamente disimulada que hacía que las mujeres más petite se dejaran llevar por la fiebre sport. El boom no tardó en llegar y el flechazo surgió con las chicas más a la moda que seguían Isabel Marant, una diseñadora cuyo talento era un secreto a voces entre los insiders del negocio. La que intente hacerse con un par -se reeditan periódicamente- se dará de bruces con listas de espera y stocks agotados a las pocas horas. Aunque hoy en día las deportivas de la Marant se han convertido en un calzado con nombre propio reinterpretado mil y una veces por otras marcas, no hay que olvidar lo importante: un original siempre es un original.

Y original también resultaron ser las zapatillas más reconocibles de la firma alemana Adidas, las Stan Smith. El sencillo calzado blanco sufría un revival gracias a las propuestas de firmas como Louis Vuitton o Dolce & Gabbana en la pasarela y así llegaba la noticia a oídos de los cuarteles generales de la marca trendy deportiva por antonomasia. Los responsables de Adidas vieron en las zapatillas blancas con un detalle en verde uno de los futuribles hits de la marca tras haber sufrido el agotamiento de stock de muchas de sus líneas más reconocidas en otros momentos de su historia, como sucedió con las famosas Gazelle durante el boom del Brit Pop en los años 90. Stan Smith tenía que ser uno de los calzados por el que la gente rogara en los nuevos 2000, tras casi cincuenta años de existencia. La clave del éxito fue lanzarlas de manera escalonada, con cuentagotas y en lugares estratégicos y muy bien seleccionados.

Fijarse en nuevos iconos de estilo como la jovencísima Sky Ferreira también ha sido parte de la estrategia que ha hecho que las zapatillas más recordadas de Adidas volvieran a vivir su segunda juventud. El logo de la marca y la suela verde las diferenciaban de otros modelos muy parecidos que no llegaban a ser las originales y eso, en algunos círculos, resulta ser lo más importante. El new grunge o el normcore, corrientes de estilo que se podrían considerar antagónicas, han sido también en parte responsables de este boom de modelos clásicos de zapatería deportiva. La zapatilla blanca o negra completamente destrozada era adorada por aquellos que buscaban emular a los ídolos más desarrapados de los 90, la zapatilla blanca impoluta era adoptada por aquellos que buscaban llamar la atención con looks que ni de lejos llamaran la atención en el mundo del exceso, los normcore.

En las antípodas de este calzado sencillo y urbano quedan las creaciones de genios como Raf Simons, que desde que aterrizara en Dior no ha hecho más que remover los cimientos de la vetusta maison. Coincidiendo en el tiempo con el ejemplo del maestro Lagerfeld, otra de las casas de costura más icónicas de París se lanzaba también a diseñar zapatillas deportivas y de nuevo las dejaba únicamente relegadas a la Alta Costura. Adaptadas al pie y con unos apliques nada discretos, las sneakers fusion de Dior volvían a levantar polvareda con una intención clara: totalmente a favor la juventud y en contra de los popes algo anquilosados que continúan haciendo y deshaciendo en las columnas de desfiles. De nuevo, la estrategia es hacer de estas deportivas un objeto de deseo. Cinco modelos, producción limitadísima y largas listas de espera para hacerse con esta obra de artesanía que une las técnicas de confección más antiguas con los materiales y el diseño más futuristas.

Si hasta hace bastantes pocos años aparecer con zapatillas deportivas en determinados eventos suponía un lujo únicamente concedido a 'los raros' dentro del mundo de la moda -a los más excéntricos, a los más atrevidos-, parece que ahora no hace falta cumplir con ninguno de esos adjetivos para lucirlas. Es más, muchas de esas reuniones sociales en las que antes sólo el calzado más formal estaba permitido, hoy en día no se podrían entender sin el color y la comodidad que las zapatillas conceden. Parece que el calzado que sólo buscaba facilitar la práctica de ejercicio ha dado el salto definitivo para quedarse entre todos en cualquier circunstancia y contexto.

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Texto Alberto Sisí Sánchez
Fotografía Mitchell Sams

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