entrevistamos a maria grazia chiuri, la primera mujer al frente de dior

En su primer año como directora creativa de Dior, Maria Grazia Chiuri ha personificado la filosofía feminista. Pero cuando la acompañamos en su viaje desde Tokio hasta Calabasas y después de vuelta a París, salió a la luz una motivación más personal.

por Anders Christian Madsen
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04 Septiembre 2017, 8:19am

Este artículo apareció originalmente en The Acting Up Issue de i-D, n.º 349, Otoño 2017.

Ningún otro diseñador ha suscitado tantas opiniones durante el pasado año como Maria Grazia Chiuri. Haciéndose cargo de Christian Dior a los 52 años el verano pasado, su designación fue recibida con deleite por ser la primera mujer en hacerlo, pero también con especulación acerca de su visión como diseñadora en solitario. Procedía de un aclamado dúo formado junto a Pierpaolo Piccioli para Valentino en 2008.

Chiuri había sido diseñadora de accesorios en la casa desde 1999 y trabajó en el equipo de diseño de Fendi en los noventa. Ahora, tenía que enfrentarse ella sola, sin duda una decisión abrumadora. "No, no, no. Eso no me preocupaba en absoluto. ¿Qué tenía que perder? Nada", responde, con esa cálida risa italiana tan característica. Bienvenidos al mundo carente de sentido e inconfundible de Maria Grazia Chiuri, donde los recubrimientos azucarados son mal vistos y la sinceridad es evangelio.

Esta es la mujer que dejó Valentino cuando las ventas estaban en lo más alto de su historia y los críticos nunca tenían suficiente de la estética vaporosa y puritana que había contribuido a crear allí. "Vale", dice encogiéndose de hombros, "pero... ¡Hecho! Fue una bonita relación y un bonito trabajo en equipo: una bonita aventura. Pero es como si una vez que has tenido un marido, pudieras tener un segundo marido", dice entre risas. "¿Por qué no?". Su nuevo marido acaba de cumplir los 70.

No nos referimos a Paolo Regini –un fabricante romano de camisas que es su esposo real y el padre de su hija Rachele y su hijo Nicola―, sino a Christian Dior, la formidable casa que ahora dirige, a veces llevando un traje de chaqueta con falda larga hasta el tobillo tipo New Look y otras llevando un pantalón vaquero deformado por el uso.

Lanzó su primera temporada en la firma, históricamente habitada por diseñadores masculinos, con una colección inspirada en la esgrima inmortalizada en el look 18: una falda de tul bordado larga hasta el suelo y una camiseta blanca estampada con las palabras "Todos deberíamos ser feministas" Se agotó, pero se ha encargado una nueva reproducción, que sigue costando más de 500 €.

El desfile rápidamente la reveló como diseñadora activista, y la industria dedujo que esta sería su filosofía en Dior. "La gente cree que fue algo específico para ese momento, pero no es así", asegura Chiuri, haciendo referencia a un otoño dominado por Trump y su visión de las mujeres. "En ese momento quería expresar algo profundamente personal y al mismo tiempo estaba siendo completamente global. Estaba escrito en las estrellas. Muy extraño".

En el año que siguió, aprendió que cualquier ademán que hace Dior se siente en todo el mundo, conforme recorría los pasos del mismísimo Christian Dior, el primer diseñador en comprender el significado de una marca global moderna en una fecha tan temprana como 1947.

"Christian Dior reflexionaba mucho sobre el estilo de las mujeres de todo el mundo", nos cuenta desde Tokio, tirada en un sofá del Grand Hyatt con unos vaqueros, una chaqueta de esgrima, la camiseta feminista antes mencionada y sus dedos adornados con gigantescos anillos. Nos encontramos en la capital de Japón para una reproducción del desfile de Alta Costura de Chiuri para la temporada primavera/verano '17, ambientado en la imagen de cuento de hadas de un bosque encantado.

"Si te interesa la moda ahora, formas parte de una comunidad. La gente de la moda forma una comunidad internacional", indica. Su intenso primer año de expediciones ha hecho las veces de educación acerca de la casa y la filosofía cosmopolita del Sr. Dior, como le llaman en los ateliers de la rue François 1er: poder llegar hasta mujeres de todo el mundo.

En una tienda de campaña beduina en el desierto de Calabasas el pasado mes de mayo, con ropa informal pero también luciendo joyas excesivas, Chiuri nos habla sobre el desfile de la colección crucero que está a punto de estrenar. Una atípica procesión de sufragistas, afirma que gira en torno a las mujeres que están en contacto con los elementos naturales. "Debemos sentir nuestros instintos. Debemos definirnos a nosotras mismas y definir lo que deseamos", recalca.

"En ocasiones, la herencia de una marca no funciona con el estilo de vida real de las mujeres. Y es posible que un diseñador traduzca la herencia de una casa de moda de forma contemporánea, para mujeres diferentes. Yo intento trabajar así". En el 70º aniversario de Dior, solo resulta adecuado que este nuevo enfoque proceda de la mente de una mujer.

"Soy una mujer de instintos. No reflexiono demasiado. Hago lo que quiero hacer", dice Chiuri en sus ateliers parisienses en julio, días antes de desvelar su colección de alta costura otoño/invierno '17 ―adecuadamente inspirada en la cartografía― y una desbordante exposición con motivo del 70º aniversario en Les Arts Décoratifs. "A veces te enamoras de una camiseta blanca y a veces quieres un bonito vestido". Chiuri cree en cierto tipo de moda innata, global e impulsada por el feminismo.

En el edificio de Dior, camina con decisión hasta el interior de una sala de reuniones vacía llevando uno de esos trajes de chaqueta con falda de su colección otoño/invierno '17, completamente azul marino, con la chaqueta Bar desabrochada. Se sienta en la cabecera de una mesa kilométrica, mira a su alrededor y estalla en carcajadas ante esa situación en la que ella es la jefa.

En su primer año como directora creativa de Dior, Maria Grazia Chiuri ha abrazado de frente la filosofía feminista global. Pero cuando la acompañamos en su viaje desde Tokio hasta Calabasas y después de vuelta a París, donde ahora reside, salió a la luz una motivación más personal.

"¡Tú! ¿Qué estás haciendo?". Señala animadamente con el dedo a una parte de la mesa, haciendo su mejor imitación de reina malvada. Y con su impresionante cabello rubio platino peinado hacia atrás, su espeso eyeliner negro y todos esos anillos, tiene todo el aspecto de ser la mujer que está al cargo.

"¿De verdad?", reflexiona Chiuri. "Tendrás que preguntar a los demás. Sé muy bien lo que quiero, pero al final soy muy sencilla porque digo lo que quiero. Siento responsabilidad en mi puesto, porque la moda es una industria enorme que da trabajo a mucha gente. La moda es sueño, la moda es belleza, la moda es diversión... Pero también es algo muy serio", indica. "Maria Grazia sabe escuchar muy bien, pero tiene una idea muy firme de lo que quiere", dice Stephen Jones a través de un email.

Como sombrerero de Dior desde hace 20 años, crea sombreros para las colecciones de Chiuri y recorre el mundo con ella para asistir a los desfiles internacionales. "Es una combinación muy atípica de cosas, porque representa el tipo de política, ética y filosofía del diseño de determinado tipo de diseñadores, pero también se centra mucho en el producto porque ha trabajado muchos años con accesorios", continúa.

"Lo que resulta fascinante ―y nunca he visto a nadie más hacer algo así― es cómo lo aúna todo. Siempre se prueba mis sombreros para ver qué efecto hacen en ella. Eso nunca había pasado antes", admite Jones. "Aunque en el exterior es una dama romana, lleva una punk londinense en su interior".

La carismática y bella hija de Chiuri, Rachele Regini, que tiene 20 años, vive en Chelsea y estudia Historia del Arte en Goldsmiths, dice que su madre no es el tipo de diseñadora que "se limita a sentarse en su despacho a diseñar ropa todo el día: va a las fábricas, conoce el lado comercial de la moda".

Durante una cena en Park Chinois en junio, la noche antes de que se retirara a Roma para escribir un ensayo sobre la segunda ola del feminismo, Regini lleva un corpiño de archivo de Vivienne Westwood que ha robado a su madre. "Tiene un armario impresionante, no te voy a mentir", afirma.

Su madre, recuerda Regini, se decoloró sus mechones castaños hace dos años porque "ya no se reconocía a sí misma" y no empezó a utilizar maquillaje hasta los 40 años, abrazando ese look gótico a lo Karen Blixen que ahora es tan particularmente suyo. Según todos los indicios, parece que esa transición, que fue la que llevó a Chiuri hasta Dior, formó parte de una auto transformación instintiva mucho mayor.

A eso se refiere Chiuri cuando dice que su colección feminista para Dior era más personal que política. "Empezó de cero a los 52 años", explica su hija. "Todo gira en torno a su viaje como persona, a ser una madre que siempre ha trabajado, a crecer en Roma pero después mudarse a otro país".

Cuando Chiuri aceptó el puesto en Dior, se mudó a París ella sola y dejó a su marido en Roma, a quien visitaba solo los fines de semana. "Pasó por muchos retos ella sola y eso no necesariamente tiene algo que ver, pero tengo la sensación de que por eso hizo esa colección", afirma Regini.

Fue Chiuri quien animó a su hija a que se mudara a Londres cuando solo tenía 17 años, debido a las limitaciones que ella misma padeció durante su adolescencia y que no deseaba traspasar a sus propios hijos. "Todos los niños deben 'matar' a su padre y a su madre si desean ser libres e intentar ver las cosas según su propio punto de vista. Y esa no es una decisión fácil de tomar", indica Chiuri en París. "Probablemente yo comprendí muchas cosas bastante tarde. Animé a Rachele a que se mudara a Londres porque quería que estuviera libre de la familia. Y en la cultura italiana eso no es normal. Pero yo quiero que ellos sean libres".

"Siempre nos ha tratado a mi hermano y a mí como a adultos", recuerda Regini. "Siempre participábamos en las conversaciones. Nunca era estricta con nosotros. Su filosofía era más bien, 'Yo voy a hacer lo que tengo que hacer, así que vosotros haced lo que tengáis que hacer'".

Por parte de Chiuri, era un esfuerzo por no repetir el modo en que la criaron a ella. "Mi madre está loca ―completamente loca― y es muy egocéntrica. Probablemente por eso soy tan tímida, porque la encuentro demasiado egocéntrica. Me hace pasar vergüenza, pero nadie puede elegir a su madre", dice, con una risa sincera. "Tengo que mantener las distancias porque ahora habla de mí con todo el mundo y a mí me gustaría tener una vida privada".

Empieza a imitar el acento italiano, exagerándolo: "'¡Rachele!... ¡Maria Grazia!' Lo cuenta todo y habla demasiado de nosotras con todo el mundo". Regini describe a su abuela como una excéntrica fabulosa.

La madre de Chiuri era modista, pero tenía grandes esperanzas puestas en su hija. "La primera opción para ella era que estudiara y tuviera un trabajo serio, como doctora o abogada. Me presionaron para que fuera a la universidad, pero era demasiado... [Hace una pausa]. Les dije, 'Tenéis que dejarme hacer lo que me gusta de verdad'. Era muy difícil decir que no".

Chiuri, que empezó en Florencia como joven diseñadora, recuerda bien las dificultades económicas con las que los diseñadores emergentes deben lidiar en la actualidad. Más tarde, en Roma, admite que tuvo suerte de tener a sus hijos mientras trabajaba para Fendi, que por entonces era una empresa familiar dirigida por mujeres.

"Sabían lo que significaba trabajar y tener hijos". Desde que Chiuri tomara las riendas de Dior, su hija se ha convertido en una especie de musa y asesora millennial para ella y la acompaña en sus viajes durante los meses de abril y mayo. En Tokio, Chiuri dice que quería añadir un vestido inspirado en un kimono a los nueve looks con los que amplió su colección de Alta Costura, pero Regini no le dejó.

"Dice que es 'apropiación cultural'. Debatimos mucho, porque yo digo, 'Por favor, ¿por qué no puedo usar un kimono si me gustan los kimonos?'. Es como la chaqueta Bar japonesa. ¿Por qué no? Y ella me dice, 'Oh, ¡no!'". La benevolencia romana no siempre encaja con la nueva corrección política.

"Mira, adoro completamente las culturas africanas, la cultura japonesa... En cualquier caso, es una forma de descubrir otra cultura y a otra gente", afirma Chiuri. "Creo que tenemos que conocer a otras personas. Tenemos que intentar entender". Con 53 años y siendo ahora directora creativa de una de las mayores marcas de moda del mundo, Chiuri dice que su mayor privilegio es no tener que preocuparse.

"Cuando tenía 22 años era muy seria. En mi familia las cosas eran como 'Tienes que estudiar, tienes que encontrar trabajo'. Es igual que ahora con Rachele, creo que es demasiado seria. Yo le digo, 'Por favor, Rachele, ¡tómate tu tiempo!'. Ahora que tengo 53 años digo "vale, puedo relajarme". Actualmente trabajo de una forma más lúdica".

Por ejemplo, tan solo dos noches antes de su segundo desfile de Alta Costura, la diseñadora cerró la tienda de la rue François 1er y se fue a un concierto de Depeche Mode.

Entre sus sensatas colecciones de prêt à porter y sus extravagantes desfiles de Alta Costura, Maria Grazia Chiuri es la quintaesencia de la mujer contemporánea para la que diseña, romántica y pragmática a partes iguales. "Sueño mucho, pero sé que si quiero sobrevivir debo ser realista", afirma, con su gran sonrisa italiana todavía intacta. "Me gustaría vivir en un sueño, pero es imposible, porque después querría ver mi sueño en la vida real".

Créditos


Texto Anders Christian Madsen
Fotografía Zoë Ghertner
Estilismo Julia Sarr-Jamois

Peluquería Marki Shkreli para Bryant Artists con productos Marki Haircare. Maquillaje Maki Ryoke para Streeters con productos Dior. Diseño de set Spencer Vrooman. Asistente de fotografía Caleb Adams. Asistente de estilismo Bojana Kozarevic, Alexandra Bickerdicke y Megan King. Asistente de peluquería Tanasia McLean. Asistente de diseño de set James Rene y Brian Steinhoff. Producción Connect The Dots. Director de casting Angus Munro de AM Casting (Streeters NY). Modelo Selena Forrest de Next.

Selena lleva toda la ropa de Dior.

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