Publicidad

de castigar su cuerpo a amar sus curvas: la modelo liza golden-bhojwani se sincera

La modelo y activista de 27 años compartió un dramático post en el que comparaba su cuerpo durante el momento álgido de sus días como modelo -cuando sobrevivía consumiendo solo 500 calorías diarias- con la imagen natural de su...

por i-D Staff y Liza Golden-Bhojwani
|
20 Abril 2017, 9:10am

¿Quién es Liza Golden-Bhojwani? Solo soy una chica más, como cualquier otra. Nacida y criada en Texas, me mudé a Nueva Jersey cuando tenía seis años y después a Nueva York cuando tenía 17 para empezar mi carrera como modelo. Siempre me había imaginado que sería veterinaria, porque adoro a los animales. La gente solía decir a mi madre que yo tenía que ser modelo, pero la educación siempre fue más importante. Al final, cuando me gradué en el instituto me matriculé en una universidad local para estudiar enfermería. Yo me costeaba mi propia educación, pero conforme fue pasando el tiempo ya no podía permitírmelo simplemente con las propinas que ganaba como camarera. Así que decidí probar como modelo. En realidad empezó como una manera de ganar algo de dinero y ser independiente. No me lo tomaba tan en serio como otras chicas que habían crecido con la pasarela en mente desde los primeros años de su adolescencia. Cuando empecé era bastante ignorante con respecto a la naturaleza de ese trabajo, simplemente imaginaba que tenía que ser muy glamuroso. Pero no tardé en descubrir la realidad.

A los 20 años empecé a ser consciente de mi cuerpo. Me di cuenta de que mis formas naturales no eran como las de la mayoría de las otras modelos. Tenía la cintura más ancha y las caderas más rellenas. Entonces decidí que tenía que cambiar y conseguir una figura perfecta para poder triunfar de verdad en esa carrera. Era una cuestión de ahora o nunca. Empecé a hacer todos los ejercicios y las dietas que las demás chicas llevaban tiempo haciendo. Por desgracia, la única dieta que me acercó a tener unas caderas de 85 centímetros fue limitar mi ingesta diaria a 500 calorías. Verme perder casi 10 kg en solo dos semanas me dio una inyección de energía.

Pero me sentía muy desgraciada. Sufría profundos cambios de humor. Estaba constantemente al límite y temblando, mi cara se demacró muchísimo, tenía unas ojeras enormes y sentía tanta hambre que una almendra me sabía tan deliciosa como un croissant de mantequilla recién hecho. Como todas las dietas que había probado, aquella no me duró mucho. Tuve un incidente una noche, cuando me desmayé preparando una de mis comidas tipo "perdóname por comer". Me asusté mucho y dejé la dieta en ese mismo instante. Nada era tan importante como para infligir tanto estrés a mi cuerpo.

En cuestión de semanas, pasé de tener unas caderas de 87 cm a que midieran 92 cm. Podría pensarse que, llegados a ese punto, yo ya había aprendido la lección y había seguido adelante, pero no quería rendirme, tenía que intentarlo una vez más. Unos meses más tarde decidí dar un enfoque más saludable a mi dieta. Realmente creía que había encontrado algo sostenible y sano. Tenía los abdominales marcados por primera vez en mi vida. Mi dieta paleolítica era cien por cien limpia y libre de gluten. Iba al gimnasio casi cada día. Pero de algún modo era incapaz de que mis caderas tuvieran las dimensiones adecuadas. Me volví obsesiva, estricta y rígida hasta el límite, pero simplemente aquello no era suficiente. Estaba tan agotada mental y emocionalmente que ya no podía más, así que decidí que era la última vez que hacía dieta para lograr obtener esas medidas.

Imagen vía @lizagoldenreal

Me alejé de mi obsesión por tener una figura perfecta. Dejé de intentar ser algo que claramente no era. Me tomé dos años de descanso y me centré en mí misma por una vez y no en mi cuerpo. En 2016, decidí que ya no tenía que ocultarme del mundo. Me di cuenta de que solo quería ser yo misma. Ser quien soy de forma natural, en lugar de intentar obligarme a calzar un zapato que no era de mi talla, por decirlo de algún modo.

Empecé a compartir fotos mías y de mi cuerpo en Instagram desde el momento en que decidí dejar de hacer dieta. Me sentía inspirada para compartir con mis seguidores la idea de que a veces el mejor cuerpo para ti no es el que te dice la sociedad que debes tener, pero eso no significa que no seas bella. Ahora soy lo que se denomina una modelo de tallas grandes. Puede ser una etiqueta ofensiva para muchas personas, pero a fin de cuentas yo sé lo que valgo. Estoy orgullosa y feliz de tener la talla que tengo y comprendo cómo funciona la industria, así que no me ofendo por cosas así.

Actualmente, casi tres años después de "abandonar" mi obsesión, me siento mejor que nunca conmigo misma, con mi cuerpo y con mi vida. Y no porque ganar peso sea la clave de la felicidad, porque no lo es. Pero ser fiel a ti misma y respetarte lo suficiente como para dejar de hacer cosas que te degradan como persona sí lo es. A partir de ahora me voy a tomar un tiempo para reincorporarme a la industria. Es emocionante y un poco sobrecogedor, porque nunca se sabe cómo acabarán saliendo las cosas.

A la larga, espero no solo trabajar sino también poder divulgar mi mensaje y la lección que he aprendido a lo largo del camino entre el mayor número posible de mujeres. Leyendo las respuestas que recibo de la gente con respecto a mi historia me he dado cuenta de que una actitud positiva hacia el cuerpo femenino puede cambiar la vida de muchas personas y liberarlas de las barreras que han construido en su propia mente. Todas somos bellas y todas merecemos ser libres y sentirnos amadas con nuestra talla, sea la que sea.

Recomendados


Texto Liza Golden-Bhojwani