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8 desfiles que redefinieron el minimalismo en los 90

De Martin Margiela y Helmut Lang a DKNY, ellos fueron quiénes definieron la estética que cambió el rumbo de la industria de la moda hace más 20 años.

por Isabelle Hellyer
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14 Noviembre 2016, 10:05am

Podría afirmarse que el minimalismo es el término más malinterpretado en el mundo de la moda. Por supuesto que connota simplicidad: líneas limpias, paletas monocromáticas, ausencia de artificio... Pero hay algo más en él: el minimalismo promete anonimato. La ropa sin características identificativas hace que quien la lleve resulte difícil de etiquetar y difícil de recordar, podría ser cualquiera. En 2016, esa propuesta resulta quizá más atractiva que nunca.

Los diseñadores hicieron su aportación al minimalismo de formas muy diferentes en todo el mundo. Los europeos, los japoneses, los norteamericanos... cada uno aportó su interpretación. Los neoyorquinos —Donna Karan, Calvin Klein— son sin duda responsables de popularizar comercialmente este look, pero los europeos incubaron el movimiento. Elevaron el concepto —Jil Sander, Margiela, Helmut Lang— volviendo a contextualizar a las mujeres dentro de su ropa y diseñando desde dentro hacia afuera. 

Al otro lado del océano, los diseñadores japoneses jugaron con el concepto y llevaron el minimalismo mucho más lejos de lo que otros diseñadores habían acostumbrado a su público. Ahí tenemos el ejemplo de Rei Kawakubo, que con frecuencia hacía que las mujeres que llevaban sus prendas no parecieran humanas en absoluto. En cada desfile consecutivo parecía preguntar, "¿Cuenta esto como minimalismo? ¿Y esto otro? ¿Estáis seguros?". Jugaba a un encantador juego con los editores y el público.

Cada escuela minimalista tiene su propio encanto. Aquí repasamos los desfiles más importantes que definieron este movimiento en todo el mundo.

Maison Martin Margiela primavera/verano 1993
Ningún artículo sobre el minimalismo estaría completo sin él: el hombre mágico escondido tras la cortina. Margiela no estaba necesariamente obsesionado con la ropa; estaba obsesionado con confeccionarla. Le gustaba rasgarla y reconstruirla y el proceso era primordial porque se sentía fascinado por la construcción. La presentación primavera/verano 1993 de este diseñador combinó perfectamente los básicos minimalistas de aquella década ―enaguas de seda, sencillos tops de tirantes― con chalecos renacentistas más elaborados y abultadas mangas de corte acampanado. Una joven Kate Moss llevó un bolero confeccionado con hiedra. Sus modelos eran heroínas shakespearinanas transportadas desde Sueño de una noche de verano hasta las calles de París. Aunque su minimalismo nunca llegó a saturar el mercado como el de Calvin Klein, la duradera importancia del enfoque de alto concepto de Margiela no puede sobreestimarse.

Calvin Klein primavera/verano 1994
Durante algún tiempo circularon rumores de que Klein estaba "copiando" diseños de Helmut Lang, pero el diseñador nacido en el Bronx se esforzó enormemente por demostrar que no era cierto. De hecho, la cronología de las acusaciones no era correcta, porque algunos de los diseños que los críticos señalaron como prueba de plagio habían salido del estudio de Klein antes que los de Lang. Lo que sucedió en realidad es que ambos hombres habían intuido simultáneamente lo que la gente deseaba llevar en los noventa: menos. 

La colección primavera/verano 1994 de Klein demostró que era un diseñador singular, un hombre que había alcanzado las más altas cotas de maestría en su obra. Fueron los pequeños detalles ―una falda con ligera forma de tulipán― los que elevaron su colección a semejante nivel. Los colores no eran solo de tonalidad beige, sino también diversas variantes del color de la piel de las mujeres. "Son tonos inspirados en los polvos de maquillaje" explicó Klein a la CNN. En los años siguientes, muy pocos diseñadores han conseguido diseñar una prenda como la enagua con tanta maestría.

Jil Sander otoño/invierno 1995
Sander fue una de las primeras ―y últimas― minimalistas. Adoptó esta estética durante más de 30 años, siempre guiada por el principio de que diseñaba para mujeres como ella: emprendedoras, ambiciosas y selectivas. Después de todo, Sander fue la primera presidenta femenina de una empresa pública en su país natal, Alemania. La diseñadora siempre se probaba su propia ropa para ver qué sensación le producía y fue este método el que la diferenció de los demás. 

Su concepto de la ropa era muy diferente, quizá más puro. Su constante búsqueda de la simplicidad suscitó críticas ocasionales: algunos editores pensaban que Sander no evolucionaba y que sus diseños eran demasiado austeros. Por supuesto, ella jamás titubeó y actualmente es celebrada como una de las grandes heroínas del minimalismo. Un vistazo rápido a su colección otoño/invierno 1995 muestra a una mujer adelantada a su tiempo. Enviaba modelos de color a la pasarela con su cabello al natural... y a nosotros nos encantaría que cayera ahora mismo en nuestras manos alguno de aquellos brillantes trajes metálicos.

DKNY primavera/verano 1995
Donna Karan siempre ha insistido en que no es una diseñadora de moda: ella confecciona ropa. De forma bastante similar a su colega neoyorquino Calvin Klein, el minimalismo de Karan no fue conceptual o esotérico. Ella simplemente deseaba crear ropa sencilla que satisficiera el desesperado sentimiento de "no sé qué ponerme". Y lo consiguió: sus prendas eran tanto útiles como bellas. La colección primavera/verano 1995 de Karan alcanzó cotas especialmente elevadas. Cada modelo que enviaba a la pasarela llevaba la más pura iteración de su prenda: la más sencilla enagua de seda, el top de tirantes perfecto. 

Era la reina de los básicos. Este desfile también destacó por su momento inicial: Karan ―normalmente poco amiga de los espectáculos innecesarios― envió a las cuatro primeras modelos a la pasarela llevando faldas de tubo de corte bajo y con el torso completamente desnudo, cubriéndose los pechos con las manos. La campaña correspondiente se hizo más famosa que la colección en sí. Peter Lindbergh fotografió a dos modelos embutidas en una única falda, riendo. Aquello resumía muy bien el espíritu de DKNY: más diversión que moda.

Comme des Garçons primavera/verano 1997
Un éxito para la crítica y un fracaso para los compradores: así es como fue recibida la colección "Body Meets Dress, Dress Meets Body" de Rei Kawakubo. Pero no resulta sorprendente, ya que los vestidos de esta diseñadora redibujaban la forma de los cuerpos de las modelos, ciñéndose firmemente en lugares incómodos, empleando relleno para inflar sus espaldas en forma de jorobas, añadiendo tejidos abultados en sus caderas... Las siluetas resultaban deliberadamente poco favorecedoras. Actualmente se conoce coloquialmente como la colección "Lumps and Bumps" (Bultos y protuberancias). Kawakubo se alejó conscientemente de cualquier adorno: nada de incrustaciones, bordados o cuentas cosidas, solo formas experimentales y patrones sencillos. En los años transcurridos desde entonces, la colección ha sido objeto de ensayos sobre la discapacidad, la escoliosis y la belleza, lo que no deja de ser una prueba de que Kawakubo era capaz de tocar conceptos tan complejos empleando muy poco tejido. Los vestidos se exhiben actualmente en los principales museos del mundo.

Helmut Lang otoño/invierno 1999
En la década de 1990, la influencia de Helmut Lang en el mundo de la moda no tenía parangón. Cuando se mudó a Nueva York en 1997 decidió que mostraría sus colecciones antes de que la ciudad albergara la semana de la moda (en aquella época, el orden del mes de la moda comenzaba en Milán, luego en Londres, en París y finalmente en Nueva York). Donna Karan y Calvin Klein se unieron a la idea y reprogramaron sus propios desfiles para que coincidieran con el de Lang. Lang trastocó él solo el mes de la moda y, en la actualidad, Nueva York sigue siendo el primer lugar de la agenda. Podríamos haber seleccionado cualquiera de sus colecciones de aquella época para este artículo, ya que todas ellas eran ejemplos magistrales de cómo impregnar prendas minimalistas con una capa secundaria de significado, algo más pícaro, más oscuro: un guiño al BDSM por medio del látex, chalecos con un corte similar al de los chalecos antibalas... Nos centramos en esta colección otoño/invierno 1999, distinguida por los destellos de color plateado y naranja. Lang creó pantalones de motero para viajar al espacio: todo su equipo estaba listo para partir hacia el nuevo milenio.

Junya Watanabe otoño/invierno 2000
Junya Watanabe calificó esta colección de "tecno-costura", un encuentro entre la artesanía tradicional y los tejidos artificiales, capaces de comportarse de una forma extraña y excitante fuera del alcance de las fibras naturales. La promesa de esta nueva tecnología emocionaba a Junya, que enfocó este desfile hacia la maleabilidad de estos nuevos tejidos, creando esculturas en lugar de vestidos. Sobre las modelos, las prendas eran masas en forma de panal perfectamente simétricas que brotaban desde sus cuerpos, pero al quitárselos los vestidos podían plegarse hasta formar un sencillo rectángulo de tejido, algunos de ellos tan pequeños que incluso cabían dentro de un sobre. El desfile, en su paleta básica de azules y colores crema, fue una increíble proeza del diseño. Demostró que la línea del diseñador japonés que llevaba su propio nombre, Junya Watanabe Comme Des Garçons, era tan influyente como su marca madre y que Junya estaba al mismo nivel que su mentor, Rei Kawakubo.

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Texto Isabelle Hellyer
Imágenes Junya Wantanabe vía, Comme des Garçons vía, Calvin Klein vía, Helmut Lang por Juergen Teller cortesía Helmut Lang Studio, Ann Demeulemeester cortesía del archivo de Ann Demeulemeester, DKNY vía Peter Lindbergh y YouTube, Jil Sander vía YouTube, Margiela por Tatsuya Kitayamat vía
 

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