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¿cómo retrata el cine la depresión?

Así es cómo la industria del cine trata el tema de la salud mental.

por Sarah Raphael
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06 Mayo 2015, 4:05pm

The Virgin Suicides

Podrías echarle la culpa a Jeffrey Eugenides por no haberlo explicado nunca, o a Sofia Coppola por seguirle el juego, o a Kirsten Dunst por ese cabello rubio, pero en Las Vírgenes Suicidas alguien fue capaz de dotar al suicidio de un carácter dulce y bello. En la primera secuencia de la película, Cecilia Lisbon con tan sólo 13 años yace en el baño en medio de un charco de sangre mirando serenamente a la cámara: es "la primera en irse". Es una novela hermosa y la película estuvo a su altura: el misterio, el glamour y el deseo que envuelve a las hermanas Lisbon en cada movimiento que hacen es absolutamente romántico.

Es un problema que tanto las películas como los biopics de los artistas sobre las enfermedades mentales estén calando tan hondo en el público, sobre todo entre el más joven. Piensa en Inocencia interrumpida, Thirteen, El lado bueno de las cosas o Ventajas de ser un marginado; todas ellas películas protagonizadas por personas tan atractivas como atormentadas que no tendrán el típico final feliz propio de la gran pantalla. 

Puedes ver en ellas escenas devastadoras que te recuerdan a la vida misma y que te afectan simplemente porque están bien dirigidas. Cuando Winona Ryder encuentra a Brittany Murphy en su cuarto de baño en Inocencia Interrumpida, la canción End of the World de Skeeter Davis suena en bucle. Es un recurso perfecto para un momento desgarrador. Si te paras a mirar los comentarios bajo el vídeo de la escena en Youtube encontrarás frases como: "Realmente no puedo ver esto sin llorar. Esa canción, ese gatito","¡Winona Ryder es magnífica!"," ¿Cómo se llama esta canción?" o "RIP Britney". Esta escena parece conmover e impresionar más al público que su fallecimiento real, cuando con 32 años fue hallada muerta en su dormitorio. 

La ganadora de un ?"scar por El lado bueno de las cosas interpreta un drama auténtico, que se demuestra en escenas como en la que Pat (Bradley Cooper) busca el vídeo de su boda en el ático, cuando escucha en la calle una canción que le ha marcado, o en las secuencias de la consulta con su psiquiatra. La película y las tramas ilustran con precisión la forma en la que la gente que padece trastorno bipolar puede pasar de ser una persona absolutamente encantadora y feliz a estar extremadamente angustiada en cuestión de segundos. 

Pero, ¿qué ocurre? Aparte de ser tan graciosa como oscura, después de todo tiene un final feliz: todos están bien y encuentran el amor en un hopeless place. Es optimista hasta el punto de convertirse en irreal.

La otra opción es la muerte. El retrato en blanco y negro que hace Anton Corbijn de Ian Curtis y su suicidio es devastador y muy logrado. ¿Quién no desearía caminar como Sam Riley, fumando un cigarrillo y vistiendo una chaqueta punk con la palabra 'odio' sobre la espalda? Es una obra maestra de estilo: preciso, auténtico y con un halo deprimente. Samantha Morton -que interpreta a la esposa de Ian- encuentra su cuerpo y se desploma al suelo con la canción Atmosphere de Joy Division, creando así el clima apropiado para enamorar al espectador.

Podemos recordar la escena final de Requiem por un sueño, en la que Jared Leto pierde el pulso contra las drogas, Jennifer Connelly se convierte en prostituta, su pareja está en prisión y su madre pierde la cabeza y es encerrada en un psiquiátrico. Es una de las escenas más oscuras y extremas que nos dio el cine, puede que demasiado dramática, el tipo de historia que te sobrecoge con 18 años pero con el tiempo sabes que no es tan profunda como un día te pareció.

La escena más oscura del colorido mundo de Wes Anderson es aquella en la que Richie Tenenbaum de The Royal Tenenbaums comienza a cortarse el pelo y afeitarse la barba ante el espejo mientras dice con voz susurrante: "Mañana me suicidaré". Es realmente poderosa, y más si escuchamos a Elliott Smith cantando Needle in the Hay.

Lo mejor de Las horas son las interpretaciones de Nicole Kidman y Julianne Moore, que nos regalan dos personajes desgarradores con depresión y tendencias suicidas. No perdería su fuerza ni aunque le quitásemos la banda sonora de Phillip Glass de fondo.

Lars Von Trier muestra su gran destreza en este campo. En Melancolía, Kirsten Dunst interpreta a una mujer con depresión que lo tiene todo en la vida, pero que no es capaz de disfrutarlo, mientras que su hermana (Charlotte Gainsbourg) es racional y feliz. Todo cambia cuando un planeta amenaza con chocar contra la tierra; entonces Charlotte se aterra, mientras que la deprimida Kirsten es capaz de aceptar su destino y apoyar a su hermana y sobrino antes de que todo se acabe. 

Festen -dirigida por Thomas Vintenberg- cuenta la historia de una familia de clase alta que sufre las consecuencias del suicidio de su cuarto hijo. Hay una escena preciosa en la que la hermana mayor lee la carta que su hermano dejó antes de morir: "Sé que llenará tu vida con la oscuridad", dice, "he tratado de llamarte, pero sé que estás ocupada".

Un amigo mío fue a la Universidad de Oxford para estudiar literatura inglesa y en la entrevista de acceso le preguntaron: "¿Puede la tragedia ser bella?" El respondió "Sí", y así es como accedió a sus estudios de grado durante tres años. Estas representaciones artísticas acerca de la salud mental que absorbemos durante la adolescencia influyen en nuestras opiniones e ideas; o al menos ayudan a crear un imaginario fantasioso sobre un tema que -si alguna vez has experimentado de primera mano- sabrás que se parece a la escena de una película. 

No quiero decir con esto que haya algo de pretencioso o inadecuado en estos films. Lo que intento explicar es que están tan bien empaquetados que tienen el potencial de embellecer los problemas de salud mental, que podrían confundir a la gente con los dos posibles desenlaces: el amor y la felicidad, o la muerte. No hay nada en el medio, donde vive la mayoría de las personas afectadas por enfermedades mentales. 

El final de Las vírgenes suicidas se centra en los chicos del barrio. Narra el pensamiento de uno de ellos que, después de todo, es una conclusión muy realista -aunque excesivamente elocuente- que puede corresponderse perfectamente con el sentimiento de alguien que haya padecido o estado cerca de alguien con problemas similares:

"Mucho se ha dicho sobre las chicas con los años, pero nunca hemos encontrado una respuesta. Al final no importa cuántos años tenían, o si eran niñas, sólo que les encantó lo que hicimos, y que no nos oyeron llamar, todavía no nos oyen llamándolas fuera de sus cuartos, donde iban a estar solas durante mucho tiempo. Ahora nunca encontraremos las piezas para juntarlas de nuevo".

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Fotograma deThe Virgin Suicides
Texto Sarah Raphael

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