la realidad de los adolescentes refugiados en alemania

Stefanie Zofia Schulz pasó dos años documentando la vida diaria de los refugiados en casas de acogida.

por Sarah Moroz
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14 Abril 2016, 7:24am

La fotógrafa Stefanie Zofia Schulz estuvo visitando el centro de alojamiento a refugiados más grande de Alemania durante todo un año. De su experiencia, nace Duldung (Toleration), un proyecto que se expone actualmente en el festival de fotografía Circulation(s) de París. 

El "Lager", como lo llaman sus residentes, está situado en la orilla de Lebach-Jabach, un pequeño pueblo de Saarland, en el suroeste de Alemania. "El término 'Lager' significa, por una parte, 'campamento de vacaciones', pero por el otro puede recordarnos al término alemán 'Konzentrationslager' ('campo de concentración')", explica Schulz. 

De manera oficial, los refugiados deben permanecer ahí un año antes de ser reasignados a un lugar de acogida a largo plazo. Pero Schulz conoció a gente que había estado viviendo en este centro "preliminar" por más de 15 años. Para muchos niños, ese es el único hogar que conocen. 

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Las imágenes de Schulz se enfocan en los adolescentes que crecen en este lugar: nacieron en familias destrozadas, con pasados traumáticos y futuros totalmente inciertos. A pesar de estar integrados en escuelas alemanas, para ellos el hogar y la familia son conceptos confusos.

Explorando las nociones de la tierra madre, el tedio, y la inseguridad que caracteriza la experiencia de los que buscan asilo, Schulz representa con ternura tanto la tristeza como la camaradería de esta comunidad. Una niña gitana de Serbia que deja que su hermana le planche el pelo para ir a la pista de patinaje, una niña de 12 años de Afganistán con cicatrices causadas por un ataque de un cohete o un pequeño niño parado frente al cuerpo de un puerco entero que será rostizado para una ceremonia de pascua ortodoxa, son algunos de los protagonistas de su proyecto. 

¿Cómo te involucraste con este proyecto?
Solía haber campamentos alemanes para refugiados procedentes de Rusia y de Polonia iguales que el Lager. Mis padres son de Polonia, y mi madre voló sobre la frontera cuando estaba embarazada de mí. Yo nací en un campamento. 

Justo después de terminar la escuela trabajé como camarera en un restaurante, mi ex-novio era el cocinero. Le pregunté por qué desaparecía cuando la policía entraba a tomar té o café. Resultó ser un inmigrante ilegal, vivía en un área gris. Tenía su propio apartamento, pero no tenía derechos. Pasé tres años con él intentando conseguirle asilo.

¿Cómo fue tu interacción con la gente en Lebach? ¿Te involucraste de manera activa con ellos, o fuiste más bien un observador silencioso?
Desde la primera vez que entré en el campamento estaba sola (y era blanca y joven). Para ellos era 'la fotógrafa', era imposible pasar desapercibida. Pero no fue una fase o un reportaje rápido; mi intención era entrar en sus apartamentos y en su vida diaria para entender lo que les está sucediendo. Las fotos se enfocan en los niños, en parte porque son multilingües; aprenden alemán muy rápido. Con personas más mayores la comunicación era muy problemática.

¿Cómo conseguiste integrarte entre ellos?
Al principio me daba pena, y fotografiaba de noche. Una vez que la gente se acostumbró a mí, comencé a tomar fotos durante el día. Me sentí a gusto con algunas familias y ellos conmigo. Siempre le llevaba un pequeño regalo a los niños. Pasé semanas escuchando sus historias y estuve haciendo fotos desde el principio. En un comienzo creí que necesitaría las historias para las fotos, pero era mentira. Es importante estar abierto desde la mirada, no tener imágenes [preconcebidas] en tu mente.

Teniendo en cuenta eso, ¿cómo equilibras la estética y la realidad emocional?
Aún estoy aprendiendo, es realmente difícil. Para mí es una historia personal porque lo viví de cerca con mi ex-novio. La mitad del trabajo fue hacer las fotos, la otra mitad fue confrontarlas, meses después. Ninguna de las imágenes están preparadas. Yo solo estaba ahí, aprendí a ser abierta, a mantenerme callada, a observar. Y fue difícil porque los niños querían que hablara, pero yo quería ser invisible. 

La realidad de los refugiados en Europa se está complicando cada vez más. ¿Las circunstancias actuales hacen que tu trabajo quede obsoleto? 
No creo, la serie trata sobre esperar. No me enfocaba en la gente que acababa de llegar. Sin embargo la situación es mucho peor ahora. Cuando comencé el proyecto no había mucho interés sobre el tema. Si lo hubiera comenzado más tarde la gente hubiera pensado que lo estaba haciendo para aprovechar el tirón, pero no fue así para nada.

Lo único que he vuelto a considerar desde entonces es la foto con el océano. Desconocía la realidad de los refugiados que llegan en barco. Esa imagen ya resultaba extraña en aquel momento... una costa de ensueño, pero en una jaula, con colchones sobre un piso duro y frío. Ahora tiene otro significado metafórico todavía más crudo. 

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Texto Sarah Moroz
Fotografía Stefanie Zofia Schulz

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