la vida de las mujeres con bebés en la cárcel

Entre las paredes color pastel llenas de fotos de los padres de los bebés, las fotografías de Cheryl Hanna-Truscott nos dicen mucho sobre la tasa de encarcelamiento femenino en Estados Unidos.

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sep. 30 2015, 7:30am

"Cuando pienso en qué sector de la población es más vulnerable, creo que estar embarazada y en la cárcel es lo más vulnerable que te puede llegar a pasar", dice Cheryl Hanna-Truscott, una especialista en tratar a víctimas del maltrato infantil. Hanna-Truscott participa como voluntaria en una de las pocas guarderías de prisión de Estados Unidos, donde desde hace 12 años también ha estado retratando a las reclusas, junto con sus bebés y todo lo demás que las rodea.

Su proyecto, Protective Custody, llama la atención sobre la creciente tasa de encarcelamiento femenino en los Estados Unidos; hubo un aumento del 646% entre 1980 y 2010, 1,5 veces mayor que el aumento de la tasa de hombres. También documenta la consiguiente elevada cantidad de mujeres embarazadas y mujeres que acaban de ser madres que viven en prisiones del país.

Puesto que la mayoría de madres encarceladas (casi tres veces mayor que el número de padres) afirman ser los cuidadores principales de sus hijos, la condena para las mujeres embarazadas o a punto de ser madres es algo catastrófico, tanto para las mujeres como para sus bebés. Las opciones, en la mayoría de los casos, es la acogida por un familiar, la adopción o el aborto.

En 1991, el centro correccional para mujeres de Washington, que se encuentra 10 minutos en coche de la casa de Hanna-Truscott, se convirtió en una de las 14 cárceles del país en lanzar un programa para madres residentes. "El resto de edificios son como la serie Orange Is the New Black; con camas amontonadas y pocas divisiones dentro de la habitación", asegura sobre la cárcel.

Sin embargo, la unidad J [donde viven las madres del programa] tiene habitaciones como las de las residencias de estudiantes y hay cuidadoras voluntarias que hacen de canguro cuando las mujeres tienen clases o tienen que ir a juicio.

Aunque no todas las mujeres cumplen con los requisitos para poder beneficiarse del programa -la sentencia de la reclusa no ha de prolongarse más de dos años y medio tras el nacimiento de su hijo y no pueden haber sido acusadas por un delito violento— las mujeres que entran en la unidad J reciben lo que muchas ven como una segunda oportunidad y, aún más importante, las mujeres que dan a luz mientras cumplen sentencia evitan el trauma de que le quiten a su bebé de las manos horas después de nacer.

Hanna-Truscott nos habla sobre los problemas a los que se enfrentan las mujeres en la cárcel; la creciente tasa de encarcelamiento y nos cuenta por qué no muestra en sus fotografías las marcas de los pinchazos de las presas.

¿Puede que la perspectiva de una mujer sobre cumplir su condena cambie por el hecho de tener un bebé mientras está en la cárcel?
Lo que he escuchado decir a muchas de ellas es que el programa les ha ofrecido una segunda oportunidad. Algunas han perdido otros hijos, se encuentran desamparadas y se sienten culpables. Así que, por mucho que odien admitirlo, a veces me dicen: "Estoy muy agradecida de estar aquí. Es como si Dios me hubiera dado otra oportunidad".

El programa también les da a las madres acceso a un programa del gobierno que les enseña sobre las fases de desarrollo de su bebé. Muchas de las madres no han sido educadas para ser madres, así que con ello mejoran mucho sus habilidades parentales.

¿A qué dificultades se enfrentan estas madres en prisión?
Hay un proceso de inscripción en el programa, así que cuando son aceptadas algunas de las madres están solo a unas semanas de parir. Eso significa que pasan un montón de tiempo con ansiedad y estrés y eso no es nada bueno para el embarazo. Además, la prisión de por sí ofrece un ambiente muy estresante. En el programa se les da un apoyo a estas madres, pero eso no les quita la ansiedad de ser madres y de pensar cosas como: "¿Estoy haciéndolo bien? ¿Seré lo suficientemente buena?".

¿Y a qué problemas se enfrentan en general las mujeres en la cárcel, ya sean madres o no?
En primer lugar, está la familia [fuera], que puede ser muy disfuncional. Luego está la organización social dentro de la prisión, que en ocasiones no es muy sana. ¿Has visto alguna vez Orange Is the New Black? Se hacen favores y amigas que no son realmente tus amigas y esas cosas siguen pasando. Otro tipo de estrés es que muchas mujeres están traumatizadas.

En ocasiones tienen dificultades de aprendizaje o nunca han tenido a nadie que se ocupara de ellas, así que tienen bajos niveles de educación y carecen de aptitudes, lo que significa que también tienen dificultad para conseguir empleo una vez salen. Al salir, [las exconvictas] reciben unos 35 euros, una muda de ropa y un boleto de autobús. Tienen que empezar una nueva vida y, para las mujeres con las que trabajo, eso supone también ocuparse de un bebé.

También es complicado encontrar un lugar para vivir, puesto que la gente a menudo no quiere firmar un contrato de alquiler con un criminal. Además, muchas de las mujeres tienen problemas con las drogas que no han sido tratados u otros problemas sin solucionar. Creo que la cárcel puede ser un lugar muy terapéutico, pero no cuenta con la financiación suficiente.

¿Por qué delitos han encarcelado principalmente a las mujeres del programa?
La mayoría son delitos relacionados con las drogas. No necesariamente por haber vendido drogas, pero los delitos a menudo tienen que ver con una adicción: quizás necesitaban dinero y tuvieron que robar o hirieron a alguien en un accidente de coche por estar bajo las influencias de alguna substancia.

Así que lo sorprendente es que a pesar de haber programas contra las drogas, muchas mujeres no son aceptadas porque los delitos por los que fueron acusadas no están directamente relacionados con las drogas. Hablé con una mujer que quería recibir tratamiento, pero no cumplía con los requisitos.

¿Has mantenido el contacto con alguna de las madres después de que saliera?
Solo de forma informal, pero a veces pregunto al resto de los trabajadores cómo les va. Algunas de las mujeres a las que les fue muy bien dentro, lo pasan fatal cuando salen y otras que piensas que no van a tener ninguna oportunidad, consiguen tenerlas. No siempre es como te lo esperas. Me metí en el programa pensando que podía tratar todos los problemas, pero no siempre es así. Aunque creo que a los bebés les va bien y también se trata de dar una oportunidad a estos bebés.

¿Con qué objetivo empezaste a retratar a estas mujeres?
Con el de concientizar a la gente. Pensé: 'Nadie se está enterando de esto'. El programa es algo en lo que creo firmemente desde el punto de vista profesional y personal. En segundo lugar, encontré que el reto fotográfico era muy interesante.

Al principio recibí críticas que decían que mis fotografías eran demasiado "agradables" y de que no eran lo suficientemente atrevidas porque no mostraban los dientes podridos de las presas ni las marcas de los pinchazos, pero eso reforzó mi determinación. Vemos fotos provocadoras de prisioneros por todas partes y nunca aparecen fotos de presas que intentan realmente cuidar de sus bebés.

protectivecustody.org

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Texto Alice Newell-Hanson
Fotografía Cheryl Hanna-Truscott