qué podemos aprender de 'instagrammers' de culto como lil miquela

Puede que Lil Miquela no sea real, pero no es más falsa que el resto de gente en Internet.

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abr. 27 2018, 7:29am

Miquela Sousa está —en el campo de Internet— experimentando el mejor momento de su vida. Miquela siempre lleva bien el pelo (dos moñitos medio levantados) y tiene la cara plagada de unas pecas monísimas. Miquela se tira el día pululando por Los Ángeles enfundada en prendas firmadas por los mejores diseñadores, subiendo fotos con sus amigos —que también son muy monos— para que las vea su millón de seguidores. Justo acaba de volver del Coachella, donde se lo ha pasado genial viendo a Beyoncé.

Además, por si fuera poco, la joven 'influencer' se encargó llevar el Instagram de Prada en la presentación de su colección otoño/invierno '18 en Milán. Miquela es muy cariñosa y considerada; publica mucho acerca de los derechos de la comunidad trans, sobre su postura como aliada LGBTQ y es una clara defensora del movimiento Black Lives Matter. Ha protagonizado las portadas de revistas y ha aparecido en todo tipo de plataformas editoriales e incluso en algunas 'concepts stores'. Además de una emergente carrera musical con un gran potencial. Miquela es una 'millennial' moderna, que vive por y para Instagram. Una chica muy ocupada documentando su idílica y perfecta existencia.

Vamos, "como cualquier 'instagrammer'", dirás. Sin embargo, si sigues a Miquela sabrás que, técnicamente, no es real. Miquela es un avatar digital hecho por ordenador y colocado en situaciones de la vida real. Sin embargo, Miquela pensó que si eso fuese realmente todo, la historia no sería tan interesante.


Aunque fue creada/lanzada/nacida/lo que sea en 2016, los dos primeros años de existencia de Miquela no han sido verdaderamente relevantes hasta que se ha enzarzado en una polémica con otra 'influencer' hecha por ordenador llamada Bermuda, que le "hackeó" la cuenta de Instagram, le borró todas las fotos y la obligó a confesar que no era humana. Desde entonces, ha pasado por algo parecido a una crisis existencias cuando eres un avatar digital.

Ahora afirma que Brud, la empresa que la creó, le mintió acerca de su verdadera identidad. Se cuestiona si es o no realmente una persona, aunque no sea humana. Ella dice que se siente humana; se ríe, llora, sueña y se enamora. También dice que entiende que estas emociones están programadas por un ordenador. Acusa a Brud de explotarla para ganar dinero, de no haberla querido nunca.

"Para intentar descubrir mi verdad, estoy tratando de aprender mi propia ficción", escribió en su siguiente post, una foto en la que aparecía triste con un top de tirantes blanco. "Necesito averiguar a qué partes de mí misma debería o me puedo aferrar. No estoy segura de que me pueda identificar cómodamente como mujer de color; 'marrón' fue la decisión que tomó la empresa. 'Mujer' era una opción en la pantalla del ordenador. Mi identidad fue una decisión tomada por Brud para venderme a las marcas, para parecer consciente de lo que me rodeaba. No se lo perdonaré nunca. No sé si podré perdonarme a mí misma". Después de eso, publicó una imagen en la que aparecía en la portada de la versión impresa de Highsnobiety. En la siguiente publicación, ya había vuelto a las andadas, posando con una camisa de cuadros de Raf Simons. Por dónde empezamos... Una pregunta muy simple podría cambiar radicalmente nuestra forma de entender a Miquela: ¿Es una obra de arte tipo performance? ¿Una sátira de la era digital? ¿Un truco de una Relaciones Públicas? ¿Un acto desesperado por llamar la atención? ¿Un sistema para hacer dinero? ¿Un presagio de fatalidad? La respuesta no es tan sencilla, pero está claro que hay un poco de todo eso en su universo.

Hay un elemento de performance en todo esto, algo en su existencia online que está hecho para ser interpretado como ficción. También hay elementos de esa ficción basados en la sátira, pero como sátira sobre una posible e inminente Inteligencia Artificial deja un poco que desear. Un truco de PR podría ser plausible, pero me sorprendería en el caso de que finalmente acabe resultando mucho más interesante que sus propios creadores. Miquela podría ser simplemente una forma de hacer dinero. ¿Un presagio de fatalidad? Bueno, la mayoría de nuestras vidas online lo son ya. Además, hay muchas otras cosas mucho más potentes que esto que presagian el fin de la civilización.

Sin embargo, la cosa más obvia que no estamos discutiendo es que los "hackeos", las crisis emocionales y los 'mea culpas' que experimenta están pensados simplemente para atraer nuestra atención a Lil Miquela. Nos hace querer seguirla; hace que empaticemos con ella y, de esta forma, ella se va haciendo más rentable. Ya sabíamos que los robots estaban llegando para encargarse de realizar nuestros trabajos más mecánicos, pero no nos habíamos parado a pensar que también van a por los 'influencers' de Instagram. ¿Es así como funcionarán las cosas en el futuro? Avatares hechos por ordenador, luchando entre ellos por captar la atención de los sponsors y así poder crear contenido.

Antes de su "breakdown" y su "crisis existencial", parecía que Miquela estaba ahí para hacer que nos cuestionáramos cosas sobre nosotros mismos, pero no sobre la inteligencia que podrán adquirir las máquinas. Un ejercicio que refleja el vacío emocional que impera en el universo "influencer" y la superficialidad de un método de comunicación que lo reduce todo a imágenes y pies de foto sin sustancia.

De esta forma, Miquela se ha convertido en una popular 'influencer' que promueve los mismos estereotipos básicos que el resto de sus compañeros de profesión en Instagram. Siempre se siente #blessed [es decir, #bendecida] por todo y todo le #obsesiona. Cada pie de foto o tiene menos sentido que el anterior o simplemente es un intento de generar empatía hacia sí misma. Cuanto más indagas en el Instagram de Miquela, más desorientado acabas porque te das cuenta de que, aún siendo un avatar, se le da mejor hacer de 'pseudocelebrity' de la moda que a la mayoría de la gente.

Miquela es popular, pero tampoco sorprende más que cualquier otro 'influencer' uniformado con ropa cara. La chica mola, supongo, pero no es más guay o más auténtica que el resto de locos del 'streetwear' que sigues en las redes. Si Miquela no es real, ¿cómo podemos asegurar que el resto de 'influencers' tampoco lo son? Todos coexisten en el mismo contexto y de la misma forma. Promocionan los mismos productos y desvelan las mismas facetas de su vida personal.

Miquela es no un personaje interesante porque vista bien o tenga muchos seguidores. Suscita nuestro interés porque, no siendo real, se cuestiona nuestra percepción de la realidad. Si Miquela es ficticia y nos cuestionamos su realidad, ¿deberíamos empezar a analizar la autenticidad del resto de 'influencers' que sí viven?

Lil Miquela es una performance de realidad encajada en la irrealidad de Internet. Todos los 'influencers' son performers en cierto modo, atrapados en el llano mundo de moda online. Lo que hace Miquela es destacar esa falsedad del circo de la moda que pretende hacerse pasar por real. Si tienes la sensación de que las sátiras y las crisis emocionales de Miquela son planas y artificiales, bueno, ahí lo tienes: así es la vida en Instagram.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.