¿por qué los adolescentes están dejando de usar facebook?

Mientras Snapchat y Twitter se mantienen fuertes, parece que las nuevas generaciones han decidido que Facebook ya no tiene ningún tipo de relevancia en sus vidas.

por i-D Staff y Alberto Sisí
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16 Marzo 2016, 11:10am

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Puede que fuera hace ocho años, o quizá nueve, cuando todos nos mudamos de Myspace a Facebook. Era feo, no permitía utilizar imágenes animadas ni tampoco compartir más allá de unas frases y algún álbum fotográfico. El futuro era azul y blanco y no estaba lleno de colores como las red social que conocíamos hasta entonces.

No había demasiados usuarios y nadie le veía una utilidad clara: ¿de qué servía una red social que no permitía cambiar la canción que saltaba cada vez que alguien abría tu perfil? Al poco tiempo, todo el mundo andaba por ahí y en verano de 2015 se contabilizaron hasta 1.500 millones de usuarios. 

Hablamos de usuarios activos -según datos de la propia compañía- porque muchos van dejando morir sus cuentas y no vuelven a entrar durante tres meses. Ese es el momento en el que Facebook considera que el perfil ya no se utiliza y eso es lo que parece que los jóvenes están haciendo con sus vidas dentro de la red social más famosa del mundo.

Captura de pantalla del Snapchat de Ariana Grande.

Si hace tres años ya se anunció la debacle dentro de Facebook cuando se hizo público que los jóvenes entre los 14 (nadie menor de esa edad está autorizado a usarlo) y los 20 preferían Twitter, ahora las amenazas son constantes y el gigante no siempre puede domarlas.

Snapchat es una de las redes que se niegan a caer bajo el manto con que Facebook todo lo cubre. Pudo comprar Instagram en 2012 por casi 1.000 millones de euros y compró Whatsapp en 2014 por más de 15.000 millones de euros, pero no parece que la red del fantasma vaya a rendirse tan pronto.

Jóvenes y no tan jóvenes pasan sus tiempos muertos viendo los vídeos efímeros de Snapchat, las marcas se apuntan al filón y Facebook e Instagram ven peligrar a los anunciantes que los mantienen en el podio de compañías tecnológicas más rentables.

Precisamente la proliferación de anuncios en casi una de cada dos publicaciones de Facebook fueron las que llevaron a la gente más joven a abandonar. A nadie le gusta que le digan en qué tiene que gastar su dinero ni tampoco que se espíen sus movimientos en Internet para ofrecer ese tipo de publicidades personalizadas.

Captura de pantalla del Snapchat de Hailey Baldwin

Y es por ello que los millennials, los que ya nacieron con un smartphone en una mano y el ratón en la otra, decidieron eliminar la aplicación de Facebook y mantener Snapchat o Twitter. Al menos, hasta hace muy pocos meses, la agresión publicitaria era inexistente. Twitter se tuvo que poner las pilas en cuanto a conseguir anunciantes debido a las presiones de sus inversores y ya hay posiciones pagadas dentro de cualquier página de inicio.

Así que ahora sólo resiste Snapchat como red social puramente social y no comercial y su valor se multiplica cada mes. Los periódicos nos dicen que esa estrategia cambiará y la publicidad llegará, pero mientras tanto la gente joven la sigue prefiriendo frente a un plano y aburrido Facebook.

Es por ello que la empresa de Mark Zuckerberg ha corrido para hacerse con el control de Masquerade, una aplicación que podríamos casi considerar la hermana bastarda de Snapchat. Si en ésta última proliferaban los selfies con filtros, alguien se dio mucha prisa en lanzar una réplica en forma de aplicación que tuvo su apogeo en febrero de este año, cuando Leonardo Dicaprio todavía no había conseguido su Oscar.

La app te permitía ponerte el rostro del actor sobre el tuyo y decorarlo con varias estatuillas. Ahí Facebook, desesperado ante las negativas de Evan Spiegel -Director Ejecutivo de Snapchat- a vender su creación, decidió contraatacar adquiriendo algo parecido.

No es que no nos encante Masquerade (¿a quién no le entusiasma personalizar sus selfies?), pero esta aplicación no tiene el peso ni la trascendencia que tiene la del fantasma. No hay interacción con otros usuarios y no es, a fin de cuentas, una red social. 

Acostumbrados como están en Facebook a que el mundo se escandalice ante las montañas de dinero que suelen desembolsar en sus adquisiciones, esta vez han decidido ser mucho más discretos y no contar cuánto se han gastado en comprar estos filtros de imágenes. No ha habido la algarabía propia de otras transacciones de este calibre y eso nos hace sospechar acerca de las verdaderas intenciones del gigante social.

Sea como fuere, esta última compra del imperio Zuckerberg suena a intento desesperado de mantener cerca a los veinteañeros que ya se han aburrido de su producto principal. No están utilizando Facebook, claro, pero siguen bajo el paraguas de un gigante online que pretende seguir controlando los hábitos de consumo de una población que ha crecido con este tipo de tácticas y a las que informaciones como las compras de Facebook no les pillan de nuevas porque, seguramente, las han leído en Twitter.

Como el padre enrollado que avergüenza a su hijo delante de sus amigos, Facebook debería dejar de intentar 'molar' por todos los medios. No todas las redes sociales están orientadas al mismo segmento de la población ni uno puede gustar a todo el mundo.

Por ello y como auténticos adictos a cualquier cosa que identifiquemos como red social le recomendamos a Mark que se relaje y asuma que ya es padre y esposo, como la gran mayoría de sus usuarios, a pesar de seguir vistiendo con el look de un skater de 15 años.

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Texto Alberto Sisí

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