¿qué tiene de malo hacerse mayor?

En cuanto te olvides de tu obsesión por la eterna juventud y empieces a aceptarte a ti mismo, verás cómo todo te va mucho mejor en la vida.

por Alberto Sisí
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24 Noviembre 2015, 12:35pm

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Quizá sea un cliché hablar de ese momento en el que las fotos de las personas a las que sigues en las redes sociales se convierten, por arte de magia, en primeros planos de bebés que han sustituido los selfies con el pelo de colores. De repente, ya no ves las noches eternas en forma de vídeo lleno de bailoteos y de los que probablemente te arrepientas a la mañana siguiente. 

Sin embargo, antes de los bebés fueron las bodas y antes de las bodas fueron las fotografías de la lumbre en esa escapada a un pueblo de la montaña. No hay duda, te estás haciendo adulto (o al menos la gente que tienes a tu alrededor).

*Lee: Guía para convertirte en un adulto con cerebro
*Lee: 35 formas de rechazo que conocerás en tu juventud

Imagen vía @lazyoafs

Yo me niego a aburrirme, aburguesarme y seguir la senda de mis padres (aunque a mi edad ellos ya cargaban con un niño que razonaba y sabía mantener una línea recta a la hora de caminar). Hacerse adulto es algo inevitable: el tiempo pasa para todos y las responsabilidades llaman a la puerta sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo pero, de verdad, madurar no tiene porque ser un sinónimo de tedio. Hay cosas terribles en la edad adulta, pero también las hay maravillosas.

Ser parte de una generación que sabe que no va a tener nada demasiado fácil no evita que ese temido momento llegue. A principios de cada mes hay que pagar el alquiler (suma nada desdeñable si vives en una gran ciudad española) y hay que conseguir llegar al final de ese mismo mes sin tener que pedir dinero a tus padres.

Un sueldo miserable puede estirarse a límites insospechados y no quiero contar la satisfacción que supone poder pagar un gasto importante (un colchón, un ordenador, la mesa de tu comedor...) con unos billetes que has conseguido gracias a tu esfuerzo y que no han llegado a ti por ciencia infusa.

Imagen vía @reesecoop

Aunque el dinero se convierte en una de las preocupaciones más recurrentes cuando ya eres adulto, el ser una persona con determinada edad hace que tengas las ideas mucho más claras respecto al tipo que quieres ser y en el que te estás convirtiendo. Cuando entré en la universidad con 18 años no supe qué es lo que estaba haciendo. Ni siquiera sabía si quería estar en la universidad.

Dos años después decidí cambiar de especialidad y empezar otros estudios. Los terminé. Todavía no estaba del todo convencido, pero ya llevaba más de cinco años escribiendo y decidí que eso es lo que seguiría haciendo. Eso es lo que te da la experiencia, la madurez y el ser una persona mayor.

Ahora me planteo continuar estudiando. Aprender hace que te mantengas joven por dentro y no hacerlo es el camino más fácil para que cada vez cueste más utilizar la cabeza con la agilidad, pero eso ya es otra historia. Desde luego, la capacidad para decidir qué es lo que quiero y lo que no quiero hacer con mi vida es lo más importante que me han dado los años. A medida que pasan los años aguantas muchas menos tonterías por compromiso, en todos los ámbitos.

Imagen vía @reeceking_

Los amigos van menguando, si eres de los que se conformarán con su casa, su perro y esa hipoteca que se le ha quedado bien a las afueras de su ciudad. Si no, el círculo puede ampliarse durante años. Incluso, aunque parezca imposible, hay gente con hijos pequeños que sigue haciendo el esfuerzo por ampliar sus relaciones de amistad y por no dejar de lado a quienes fueron un pilar fundamental en su vida. Yo los he visto y los conozco. 

Supone un esfuerzo llegados a determinada edad, ya que los planes se diversifican y cambias el día por la noche pero, de verdad, también puedes seguir viviendo momentos memorables con aquellos a los que más quieres (y que más te quieren).

Lo mejor, con diferencia, de cumplir años es que dejas atrás muchos complejos e inseguridades. Me refiero a algo tan banal, pero a la vez tan complicado como aceptar tu propio cuerpo y aprender qué es lo que te queda bien y con qué estás hecho un adefesio. Yo, al menos tuve que esperar a un par de rupturas y a pasar un verano loco de amor para darme cuenta de que gustaba a la gente y no era ese monstruo con granos y unos cuantos kilos de más que tantos malos ratos me hizo pasar.

Además, las gafas y la ortodoncia tampoco conseguían armonizar de todo un rostro ya de por sí 'especial'. Pero, ojo, había gente que bebía los vientos por mí y que no salía corriendo cuando me acercaba y eso, quieras que no, te otorga toda la autoconfianza que la adolescencia te robó. Todo ello y el hecho de que el cuerpo ya no responde como antes, hace que te veas mejor que nunca a medida que pasa el tiempo. Nunca comer un poco mejor y hacer un poco de ejercicio tuvo efectos tan espectaculares.

Imagen vía @elizabethjanebishop

La tiranía de la juventud está muy bien para las campañas publicitarias de las firmas de moda, pero no hay que olvidar que cuando eras joven eras, a menudo, imprudente y un poco idiota. Yo al menos lo recuerdo así. Recordando con unos amigos lo que era tener 17 años, nos vino a la cabeza una época en la que entrábamos a los sitios de moda mirando fatal a la gente y odiando a las pandas rivales a las que, por supuesto, ni siquiera conocíamos más que por sus 'nicks'.

Unos años después (y por casualidades del destino), algunos habíamos acabado trabajando en algún proyecto con esas personas que, oh, sorpresa, eran unos tipos bastante majos. Darte cuenta de eso es otra de las joyas que te da el momento de haber crecido y madurado.

El paso del tiempo es bueno. Quizá ya no seas el más popular de la discoteca, ni siquiera pises la discoteca o quizá hayas cambiado el vodka tonic por un vermú los domingos. El caso es que la edad adulta te da poder, cuida de tu cabeza, te hace mucho más atractivo al hacerte sentir mejor contigo mismo y, sobre todo, te da dinero -por poco que sea- con el que ser una persona autosuficiente que construye su vida como quiere y de la manera que siempre soñó.

Crecer, madurar y convertirse en mejores personas son cosas que solo el tiempo puede dar y yo, a día de hoy, son las tres que más le agradezco a la vida. No es un rollo hacerse mayor.

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Texto Alberto Sisí Sánchez
Campaña CK One 20 aniversario