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orlando es la prueba de que necesitamos el orgullo más que nunca

La reciente noticia de la masacre de Orlando nos ha dejado devastados y por ello —a pesar de vivir en un país aparentemente progresista—, no podemos olvidar que todavía queda mucho camino por recorrer.

por Alberto Sisí
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14 Junio 2016, 8:45am

Fotografía Benjamin Alexander Huseby

Hace apenas un año unas personas me gritaron desde un coche cuando estaba por mi barrio atendiendo unos recados. Lo que salió de allí fue, simplemente, un grito de "gordo y maricón". No era la primera vez que me enfrentaba a algo así, pero sí que fue el momento en el que, quizá, más me impactó. Hace apenas dos días, 50 personas que se encontraban en el club Pulse de Orlando fueron tiroteadas y murieron esa noche. Otras 53 están heridas de diferente manera. Como bien se adelantó a decir Owen Jones en Sky News, no se trataba de ningún tipo de atentado religioso sino de terrorismo homófobo.

Al igual que los 'micromachismos' se han asentado con total comodidad en nuestro día a día, también lo ha hecho la 'microhomofobia': una homofobia sin consecuencias más allá de minar la moral que se da por sentada y contra la que no se hace nada porque, total, para qué. Ese fenómeno completamente tolerado da lugar, más adelante, a que gente con motivaciones de toda índole se crea con el derecho a terminar con la vida de medio centenar de personas que pasan el fin de semana divirtiéndose. Esa homofobia que empieza con la manida frase de 'yo también tengo amigos homosexuales'.

Fotografía Kevin Amato. Estilismo Carlos Nazario ['The What Is Love? Issue', nº 333, otoño de 2004]

La coraza de los homosexuales es dura, durísima, aunque no consigue detener las balas. Esa coraza se viene construyendo desde los años del colegio, te hace fuerte ante las vejaciones diarias y consigue que termines por no oírlas. Esa coraza hace, incluso, que te enfrentes a los agresores y normalmente consigas vencer con dialéctica antes que con la fuerza. Hasta que alguien llega con un arma semiautomática o con un puño americano: ahí ya no hay nada que alguien medianamente normal pueda hacer, y las consecuencias son devastadoras.

Madrid, ciudad en la que vivo, ha condenado de pleno (a excepción del partido conservador) las agresiones homófobas que se llevan contabilizando en lo que llevamos de 2016. El año anterior se contabilizaron un total de 169. La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha también —aunque con algo de retraso— un Plan Integral para la LGTBfobia.

Durante años acallados por los medios, pues no era más que alguna voz más alta que otra a esos maricones, ahora parece que la realidad ha hecho que los partidos se pongan las pilas. Los partidos, algunos medios de comunicación de masas y, sobre todo, la difusión imparable de redes sociales están consiguiendo que una mayoría sea consciente de lo que pasa en el mundo.

Fotograma de 'Stonewall'

El número de denuncias en la región ha crecido de manera significativa debido, en parte, a una mayor sensibilización de las autoridades a la hora de tratar a las víctimas de delitos de odio por razón de orientación sexual. Antes avergonzaba todavía más el trago de pasar por delante de dos agentes que miraban con suspicacias y algo de condescendencia a quien se acercaba a denunciar una agresión de este tipo. Antes daba miedo que te juzgaran por el mero hecho de haber recibido una paliza. Ahora también, claro, pero menos, pues los gobiernos progresistas ya se han apresurado a formar a sus fuerzas de seguridad para tratar por igual a cualquier víctima de agresión (sea cual sea su orientación sexual).

Lo peligroso de todo esto es que sucede en la ciudad más grande del país: ciudad en la que yo he vivido y me he criado. Fuera de Madrid, las cosas no pintan mucho mejor y son demasiadas las personas LGTB que se ven forzadas a huir de sus lugares de nacimiento, dejando atrás a sus familias y amigos para no tener que soportar la permanente presión de las normas heteropatriarcales. Algo que, además, también se encargó de recordar Alberto Garzón en un 'tuit' a propósito de la masacre de Orlando.

Si uno ya no puede acudir a los clubes de ambiente donde antes se sentía seguro, caminar con tranquilidad por el antaño barrio de la libertad como es Chueca o coger de la mano a quien quiere, entonces, ¿qué nos queda? Hablamos de cosas tan básicas para los heteros como tomarse una copa, pasear por el barrio o besar a quien quieres.

Cincuenta personas han sido asesinadas en el autoproclamado "país de las libertades" simplemente por ser gays y Twitter se ha llenado de hashtags llenos de odio como #MatarGaysNoEsDelito. Por todo ello, y porque todo el mundo tiene derecho a vivir en libertad la vida que le venga en gana, el 28 de junio, Día Internacional del Orgullo LGTBi (y este año más que nunca), hay que salir a las calles para reivindicar que todavía queda mucho camino por hacer.

Si en aquellos disturbios de Stonewall de 1969 las cosas cambiaron radicalmente para todos nosotros, independientemente de nuestra orientación sexual, en 2016 necesitamos que cambien muchas más porque eso repercutirá en una sociedad mejor para todos.

Créditos


Texto Alberto Sisí
Fotografía Benjamin Alexander Huseby
Estilismo Thom Murphy
Peluquería Justin Fieldgate con productos Bumble and Bumble
Asistente de estilismo Leeds
Modelos Adam y Richard
The Youth Issue, nº 271, noviembre de 2006