'timecode', el cortometraje español que da la vuelta al mundo

Hablamos con su director, Juanjo Giménez, para que nos cuente su experiencia sobre la alfombra roja más famosa del mundo y descubrir qué proyectos tiene para el futuro.

por Marc Muñoz
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27 Marzo 2017, 7:49am

Con el recuerdo todavía vivo de la esperpéntica noche de los Oscar, hablamos por teléfono con el director Juanjo Giménez, convertido en el único representante español en esa histórica gala con su multipremiado corto Timecode .

Antes del histórico error desencadenado por los auditores de PwC, muchos ojos de nuestra geografía se focalizaron en Juanjo Giménez, el único español con opciones de salir del Dolby Theatre con una estatuilla bajo el brazo. Pese finalmente irse de vacío, el autor barcelonés ha saboreado las mieles del éxito en los últimos meses gracias a la trayectoria laureada de su cortometraje por festivales y galas de toda índole, siendo la Palma de Oro en Cannes la más sonada y recordada de todas las cumbres escaladas.

Un recorrido que no pudo tener su broche de oro, pero que poco parece importarle a su artífice viendo la calurosa y mediática acogida de este trabajo arrancado como un modesto proyecto final de una pequeña escuela de cine de Reus y, cuyo resultado —una inesperada mezcla de tonos y géneros— ha encandilado a su paso.

¿Cómo viviste los Oscars más delirantes de la historia? Especialmente su alucinante giro final.
Supongo que como todo el mundo. Cuando salieron al escenario a recoger el premio, uno desconecta con los agradecimientos de rigor, pero luego hubo que conectarse rápidamente porque algo pasaba. No creo que lo viviese más intensamente que nadie que estuviera allí, pero la verdad es que fue bastante increíble. Primero fue el desconcierto; luego entender lo que sucedía y, finalmente, alucinar.

¿Qué recuerdo guardas de la experiencia completa en los Oscars?
Yo estuve casi tres semanas, pero no todo el tiempo en Los Ángeles. La empresa que tenía los derechos de exhibición de los cortos nominados organizó una pequeña gira por algunas regiones (Washington, Texas) para que presentáramos nuestro trabajo ante el público. Y fue algo inusual presenciar no solo cómo los cortos se incorporaban al circuito de salas, sino que además las proyecciones se llenaban. Sin duda, para tomar nota. Y luego, de la experiencia en Los Ángeles, destacaría la cantidad de actos que había, tanto oficiales como paralelos y, por supuesto, la ceremonia.

¿El ambiente es tan postizo y artificial como parece desde la distancia?
Existe eso, aunque también es cierto que hay un orgullo sincero alrededor de toda esa fiesta. Especialmente de los governors, que son las figuras de la academia encargadas de gestionar todo y con las que más pudimos tratar. Para ellos es una celebración de su industria y su forma de vida, y eso no creo que sea algo impostado; le dan mucho valor al reconocimiento que se dan entre ellos. Pero también es verdad que luego todo eso se viste de oropeles, y surge también ese glamour verdadero o falso y la impostación.

Al cine español se le resiste el Oscar en la categoría en que competiste, pero a ti te queda al menos el consuelo de haber ganado la Palma de Oro. ¿Es un poco como perder la final de la Champions habiendo ganado La Liga?
(Risas) De ninguna manera me lo tomo así. Yo, en realidad, el paralelismo lo veo con Mireia Belmonte, que gana la medalla de plata, pero nadie sabe de qué nacionalidad es la del Oro. Todos los cortos nominados eran de gran calidad, quizá muy del gusto de los votantes o del público americano. En ese contexto, nosotros (mi equipo y yo) nos sentíamos un poco como los raros porque casi todo los cortos tenían una narración bastante académica que se adaptaba más al formato largo que al corto. Eran trabajos de gran empaque y alarde técnico que pronto vimos que al menos tres de ellos se podían llevar el Oscar, como finalmente fue.

¿Cómo surge Timecode?
El proyecto nace tras una propuesta de una escuela de Reus donde doy clases (ECIR). Cada año, hacen un corto de fin de curso en la que participan los alumnos. Este año, me lo propusieron a mí y, entonces, a través de mi productora y con la colaboración de la escuela, logramos tirar adelante el proyecto. La base sobre la que se edifica provenía de una idea mía previa —de hecho, ya la habíamos valorado hace unos años— y que escribí junto a mi co-guionista Pere Altamira. Está basada en una anécdota laboral que viví hace unos años cuando trabajaba de economista en una gran empresa, a lo que sumé la idea de querer hacer algo con la danza, pero que no fuera videodanza.

¿Qué referencias tuvisteis mientras la rodábais?
Algunas hay. Le pasé algunas películas a Pere cuando estábamos valorando la construcción de personajes. Por ejemplo, vimos juntos Red Road de Andrea Arnold y, pese a las diferencias notables de tono —lo suyo es un drama casi trágico—, hay un cierto paralelismo en el juego de las cámaras. Ésta fue una de las obras que tuvimos en cuenta para saber cómo se había tratado previamente el tema de la videovigilancia. Es una película que me gusta, como casi todas las de la filmografía de Arnold. De hecho, tuve la oportunidad de expresárselo personalmente cuando coincidimos en Cannes.

Tu perfil se aleja del cortometrajista español que termina los estudios y arranca en el mundo audiovisual a través del corto para intentar dar el salto al largo, porque además ya has dirigido dos largos. ¿Te sientes más cómodo en el pequeño formato?
Nunca he abandonado el mundo del corto. Tampoco he dejado de producir a otros cineastas, compaginándolo con la dirección. La sensación que tengo, contrastada con otros compañeros, es que levantar la segunda película es algo muy arduo. Al corto le favorece la mayor facilidad para materializarlo. Yo me siento muy cómodo en este terreno. De hecho, he dirigido ya 9 cortos, pero no quiero circunscribirme solo a estos; me gustaría poder compaginarlo con largometrajes. Ahora, precisamente, nos encontramos escribiendo uno.

¿Crees que el corto sigue siendo un buen trampolín para dar el salto al largo?
Puede que el camino clásico se mantenga, pero el panorama es muy cambiante. Para empezar, para llegar a la industria, primero tendría que existir una industria. En el caso español y catalán es todo muy frágil. También han cambiado los métodos de producción y ahora, si alguien quiere, puede lanzarse a rodar un largo sin haber pasado por el corto. Otro cambio notorio es que uno por dirigir largos no necesariamente se estará ganando la vida. Hay mucha gente haciendo largos en los márgenes, haciendo cosas muy interesantes, pero te puedo asegurar que no se ganan la vida con ello. Así que no hay una fórmula única, y cada uno intenta buscar su camino como bien puede.

¿Tras la repercusión mediática obtenida con Timecode te ha caído alguna oferta jugosa?
Yo estoy trabajando, más o menos; siguiendo el camino que había arrancado antes de suceder todo esto. Sin embargo, si es cierto que tuve algunas entrevistas de contacto inicial en los Estados Unidos y que hay gente que se ha interesado por mi trabajo. Además de que todo esto en principio te ayuda y que, a priori, debería ser más fácil levantar un siguiente proyecto. Aunque no soy el primer nominado en obtener esa repercusión. Mira Esteban Crespo, que fue nominado por su corto hace dos años y ahora ha podido terminar su largo. Te puedo asegurar que no le ha resultado nada fácil sacarlo adelante. No dudo que esto sirva para darte un empujón, pero en este país es muy difícil hacer realidad un proyecto por mucha nominación que hayas recibido.

¿Cuál es tu proyecto más inminente?
Estoy escribiendo un largo con toques de ciencia-ficción y voy a grabar un corto muy sencillo, una historia personal pequeña que apenas requiere financiación y que voy a rodar sí o sí.

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Texto Marc Muñoz
Fotogramas cortesía de Juanjo Giménez

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