Fotografía Tania Franco-Klein 

el 'sueño americano' a través del lente de una joven fotógrafa mexicana

Benoit Loiseau

Ahora que hace su debut en los Estados Unidos en Photofairs San Francisco, Tania Franco-Klein habla de la soledad, las pelucas y el autorretrato como una forma de terapia.

Fotografía Tania Franco-Klein 

La fotografía de Tania Franco-Klein evoca una sensación de tragicomedia digna de Samuel Beckett, sólo que esta vez, Godot puede llegar y ofrecerte un trabajo en su nueva empresa tecnológica. Con sets elaborados y contrastes de colores escénicos, la fotógrafa mexicana construye escenas enigmáticas donde la angustia existencial conversa con el declive implícito de la sociedad occidental, a menudo con una buena dosis de sátira. "Todo mi trabajo es sobre el comportamiento social y la soledad", me dice una mujer sorprendentemente optimista, de 27 años, cuando nos encontramos en una cantina local en la colonia Roma Sur de su natal Ciudad de México. "Se supone que la tecnología nos una, pero más bien nos está separando".

Este mes, la joven fotógrafa se encuentra bajo la luz de los reflectores con una exhibición en Photofairs San Francisco, con su galería Almanaque, presentando imágenes de su última serie, Our Lives in the Shadows. Dicha serié la desarrolló en los últimos dos años entre México y California, en estas obras introspectivas (que también serán lanzadas como libro a finales de este año) domina el autorretrato que involucra desnudos y pelucas y un comentario mordaz sobre la triste agonía de los ideales del sueño americano. "Es un proyecto autobiográfico, es muy personal", explica la artista, que previamente había trabajado con una variedad de modelos de todas las edades y trayectorias de la vida (generalmente desconocidos). "Lo usé como terapia", confiesa.

Con moteles y paisajes desérticos como set, las obras hablan de una sensación de dislocación entre el mundo doméstico y el natural. Mientras que la utiliería —desde antiguos teléfonos fijos y viejas aspiradoras hasta gafas de sol de los años 80—, sugiere un elemento de nostalgia por un paraíso perdido, destruido por el giro neoliberal y la era digital.

"Nuestra idea de éxito está muy enraizada en las ideologías occidentales", afirma Tania al referirse al influyente libro de 2015 The Burnout Society, en el que el filósofo alemán nacido en Corea Byung-Chul Han argumenta que la excesiva positividad que caracteriza el tiempo en que vivimos ha producido un malestar generalizado. "Todos en las redes sociales se están interpretando a sí mismos constantemente", continúa la fotógrafa, "hay un gran problema con la soledad".

Y la soledad, de hecho, es lo que está en el núcleo de la serie. En una imagen, un antiguo teléfono fijo se encuentra sobre un taburete de cuero azul junto a un gran cenicero de cristal, lleno de colillas de cigarro manchadas de lápiz labial, lo que denota una llamada telefónica largamente esperada que claramente nunca llegó. En otra imagen, se ve a la fotógrafa desmayada en la superficie de una cocina de madera, su rostro se refleja en una anticuada tostadora de cromo, camuflada con un peluquín y anteojos, soñando con otra realidad.

Su serie de 2015 Pest Control, por el contrario, favorece las narrativas cómicas y con multiprotagonistas. Inspirándose en el concepto del “no-lugar” (acuñado por el antropólogo francés Marc Augé para describir espacios de transitoriedad como aeropuertos y centros comerciales), la fotógrafa ha imaginado una sociedad en la que las puas para el control de palomas se encuentran en toda la esfera pública, como una especie de dispositivo para evitar las enfermedades sociales. Adornan nuestros zapatos, muebles, asientos de trenes: señalando la histeria colectiva mientras representan la tendencia creciente del diseño urbano hostil (que generalmente intenta restringirle el acceso a los espacios públicos a los desposeídos).

Mientras tanto, la serie en curso Fun Fair presenta una estética surrealista particular, habilitada por la tecnología de la pantalla verde. La fotógrafa documentó algunas de las atracciones más salvajes en los parques de atracciones de Londres y, mediante el retoque digital, transformó lo que de otro modo serían escenas cotidianas en un espectáculo épico en el que los zapatos de los asistentes vuelan sobre un cielo azul pastel, que evoca una pintura de Magritte. Aquí, la representación de lo accidental, en su forma más trivial, parece revelar las grietas en el sistema de nuestra sociedad obsesionada con sobresalir y divertirse.

Pero la cámara no fue la primera opción de Tania. Antes de estudiar Fotografía de Moda en el London College of Fashion, había estudiado para ser arquitecta y trabajó brevemente con el destacado arquitecto mexicano Michel Rojkind. "Faltaba algo", dice de su profesión anterior, explicando que sus intereses siempre han estado en la esfera emocional. "Pero el acto de tomar una foto, para mí, es la última parte del trabajo", continúa, señalando su sofisticada puesta en escena, la cual revela una sofisticada conciencia espacial.

Y no son sólo los sets cuidadosamente compuestos los que crean la teatralidad en el trabajo de Tania, sino también la utilería, más precisamente su gran colección de pelucas. De manera similar a la de Cindy Sherman (a quien Tania cita como su inspiración, junto con Martin Parr y Jimmy De Sana), los autorretratos de la fotógrafa mexicana presentan un elemento de juego de roles, favorecido por accesorios baratos para el pelo y otros accesorios de segunda mano. "He llegado al punto en que hablo sobre mis propios personajes en tercera persona, ¡como si fueran personas reales!", se ríe, sugiriendo que podría estar tan neurótica como los sujetos en su obra.

"Para mí, es justo cuando no cedo ante estas emociones que gano", dice la artista, reflexionando sobre su lucha con la naturaleza absurda del capitalismo tardío, que alimenta su arte con lirismo e ingenio. "No se trata de la fotografía", reflexiona, "se trata de la vida".

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.