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el 'yo' perfecto que proyectas en las redes sociales

Como dice Erica Albright en 'La Red Social', "en Internet no se escribe en lápiz, Mark, se escribe con tinta". Y ahora ya no usamos esa tinta para descubir la talla de sujetador de nuestra novia, las raíces germanas de su apellido o el simple hecho de...

Tish Weinstock

Páginas como Facebook, Instagram, Twitter y Tumblr se usan como vías para la creación de un universo donde somos una versión "photoshopeada" de nosotros mismos y mostramos una vida que nos gustaría vivir (pero que, en realidad, no es así). En Facebook tengo 1.136 amigos a los que, en su mayor parte, no conozco; recibo muchísimos 'likes', puedo etiquetarme en fotos de fiestas fabulosas para demostrar que he estado ahí (o que me he colado con éxito), desetiquetarme de las que salgo horrorosa y reservar aquellas en las que estoy buenísima (o marcarlas con un simple 'lol' dependiendo de mi estado de ánimo) para decidir cuál será mi siguiente foto de perfil; aquella que va a representarme delante de toda la comunidad online. También puedo subir álbumes de todas las cosas molonas que hago para que todo el mundo lo vea y, por lo general, soy mucho más divertida por Internet que en la vida real porque tengo muchísimo más tiempo (y un enorme portátil tras el que esconderme) para pensar todo tipo de cosas hilarantes que redactar en mi página de inicio. Pero eso es tan solo Facebook: ¡Imagínate hasta dónde puedo llegar con Instagram!

Alrededor de unos 55 millones de fotografías se publican a diario en Instagram, de las que mínimo un millón son mías. Le ha arrebatado el título a Facebook de 'juguete favorito' de nuestra generación porque, con Instagram, podemos representarnos como queremos; filtrando todo lo malo y potenciando el resto. Desde los #RickKidsOfInstagram a las selfies #aftersex, Instagram se ha convertido en un campo de cultivo para el ego y la arrogancia y cada vez nos arrepentimos menos de ello. Gracias a la amplia variedad de filtros, nuestras puestas puestas de sol parecen más cálidas, nuestras piernas más delgadas y las primeras filas de las pasarelas más cercanas (sobre todo si te has podido abrir paso a través de todos los móviles que tienes por delante). Y ahora, las nuevas apps de edición de fotos nos permiten añadir más cosas chulas a nuestros pequeños momentos del día a día; como unicornios, arco iris y purpurina, ¿no es genial?

¿Que tienes barba y vives en East London? Prueba con un filtro '1977' para que los colores de tu camisa de franela sean mucho mas vivos. ¿Quieres molar más que nadie? Pues sube unas cuantas fotos de Kate Moss de joven, un par de escenas de Jóvenes y Brujas, tu ropa desteñida en un festival del tres al cuarto, cruces por doquier y algún que otro anuncio de Versace de los 90. ¿Liderar el país algún día? No hay problema, hazte una selfie con Obama en el fondo. Y si eres una superestrella, enséñanos tu verdadero "yo" sacándote una foto con todos tus amigos famosos en los Oscar (y aunque seas una celebrity de pacotilla, también).

En un artículo para el New York Times, el actor James Franco describe el fenómeno de las selfies de los famosos como "algo muy poderoso desde el punto de vista más privilegiado" (en su caso, utilizó unas cuantas de las suyas para flirtear con una menor escocesa). Mientras que las fotos que sacan los paparazzis son todo famosos bajo los efectos del alcohol y las drogas, cantantes sin ropa interior o, simplemente, saltándose la ley, las selfies les permiten controlar su propia imagen y, por supuesto, la opinión pública. Sin importar si eres famoso o no, las selfies son sinónimo de creación y regularización de un "tú" mucho mejor. Pero, ¿somos en realidad mejores por ello?

Los perfiles en las redes sociales son, al fin y al cabo, como un curriculum personal en el que tratamos de presentarnos de la mejor manera posible, similar a cuando queremos optar a un puesto de trabajo o entrar en una buena universidad. Pero, ¿qué sacamos exactamente de Facebook? ¿Todo esto por un chute de adrenalina cuando conseguimos unos cuantos "me gusta" en una foto? ¿Y que pasa cuando no hay otra opción que interactuar cara a cara?

Los perfiles en las redes sociales son, al fin y al cabo, como un curriculum personal en el que tratamos de presentarnos de la mejor manera posible, similar a cuando queremos optar a un puesto de trabajo o entrar en una buena universidad. Pero, ¿qué sacamos exactamente de Facebook? ¿Todo esto por un chute de adrenalina cuando conseguimos unos cuantos "me gusta" en una foto? ¿Y qué pasa cuando no hay otra opción que interactuar cara a cara? Cuando tu futuro jefe te pregunta sobre alguna de las "mentiras" que has redactado en tu CV no puedes recurrir a una foto de Gwen Stefani con un bindi entre las cejas o a un filtro 'Amaro' tras el que ocultarte. Además, tratando de mostrar el mundo cómo queremos que nos vean, lo que resaltamos es todo aquello que realmente no somos. Poner caras raras en las fotos puede que te haga parecer alguien divertido, pero también se nota que estás tratando de parecerlo y que necesitas que la gente te lo confirme. Toda la pose, arreglarse y adoptar una actitud determinada saca todas tus inseguridades a la luz y, aunque no las tengas, la gente que mira tu perfil seguramente lo piense.

El verano pasado, el diseñador gráfico Shimi Cohen creó un vídeo viral en el que habla de los peligros de las redes sociales. A pesar de permitirnos conectarnos con un número ilimitado de personas a tan solo un "click" de distancia, Cohen afirma que las redes sociales hacen que nos sintamos cada vez más solos porque estamos sustituyendo el amor y las verdaderas amistades por simples botones de "me gusta" y "compartir". "La mayoría de seres humanos son incapaces de llegar a conocer de verdad a más de 150 personas", nos cuenta, y en Facebook a menudo tenemos más de 1000. ¿Estamos confundiendo calidad con cantidad? ¿Nos estamos engañando a nosotros mismos creyendo que somos seres más sociales de lo que en realidad somos? No estoy segura. Yo uso las redes con el objetivo de reforzar mis amistades cercanas, no para añadir más y más, pero es cierto que hablo con mucha más gente online que en la vida real, principalmente porque tengo la posibilidad de charlar con cualquier persona, a cualquier hora y en cualquier lugar conectándome a Internet.

Sin embargo, en lo que Cohen sí tiene razón es en que cuando hablamos de auto-promoción, escogemos hacerlo online ya que podemos editar y eliminar todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos, algo imposible en la vida real. La mayoría de nosotros nunca estará a la altura de las personalidades que se ha creado en Internet y tampoco podrá compararse con los demás, que es otro de los problemas de las redes sociales.

En la era de Gran Hermano, Redtube y la fiebre Kardashian, nos hemos convertido en voyeurs por defecto, por lo que cotillear las cuentas de Instagram de los demás nos parece un acto completamente normal. Pero cuando esas cuentas muestran una "realidad" mejor que la nuestra, todas nuestras inseguridades afloran al momento. Así que, sí, las redes sociales nos permiten mostrar una versión mejorada de nosotros mismos, pero no somos mejores por ello.

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Texto Tish Weinstock
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