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el poder de una camiseta con mensaje protesta

El fotógrafo Drew Vickers explora el poder social y político —a menudo pasado por alto— de nuestra ropa.

por Felix Petty
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08 Octubre 2019, 9:55am

Este artículo aparece originalmente en 'The Post Truth Truth Issue', nº 357, otoño de 2019. Hazte con tu copia aquí.

Las camisetas de protesta tiene un poder simple: la forma en que esta humilde prenda puede reducir los problemas más complejos hasta el espacio disponible en una prenda de vestir. Es la moda en su forma política más básica, más contundente, más divertida, más cabreada.

Puede ser fácil pasar por alto el poder social y político de nuestra ropa porque es un poder que viene de muchas direcciones diferentes. Viene explícita e implícitamente, simbólica y semióticamente. Todo lo que usamos viene cargado de significado, una extensión codificada de nuestros cuerpos y el lugar que ocupamos en el mundo. ¿Pueden tus padres pagar los zapatos escolares adecuados? ¿Tienes los vaqueros correctos? ¿El traje correcto? Lo que usamos revela el peso de nuestra clase, nuestro estatus socioeconómico y cómo nos vemos en el mundo. Pero la ropa también lleva a asociaciones más insurgentes: desde un revolucionario vestido con pasamontañas hasta un skinhead con botas militares, desde los sans-culottes que exigen Liberté, Égalité, Fraternité hasta los partidarios de Trump con esa gorra roja que reza "Make América Great Again".

La política de la moda no siempre es muy honesta. La industria del lujo ha tenido problemas para mostrar tales exhibiciones de política en la pasarela. La política en la pasarela suele ser una cuestión más personal que revolucionaria. La moda de lujo es más potente cuando se lee como una señal de cambio en los modos de comportamiento dentro de la sociedad en general, un indicador de los parámetros cambiantes de la libertad de expresión, un contexto que refleja y da sentido al mundo que nos rodea. En términos de protesta y política, la moda de pasarela, como todas las formas artísticas, a menudo es más exitosa cuando deja espacio para la interpretación, espacio para el espectador. Los sistemas existentes que apuntalan a la industria de la moda de lujo, la mayor parte de las veces hacen que la mayoría de sus comentarios políticos suenen sordos. Está hablando de cara a la galería en lugar de a las masas acomodadas.

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Oscar lleva sudadera vintage de Kool Kats. Pantalones y collar Louis Vuitton. Cinturón Underground

La moda de pasarela rara vez representa bien la ira revolucionaria y, sin embargo, la ira revolucionaria representa muy bien a la moda. El ejemplo más primitivo y humilde de esto es la camiseta de protesta con el eslogan "So fuck Boris o save The Whales". Sin embargo, mi favorita es la camiseta "58% Don't Want Pershing" de Katherine Hamnett, que sigue siendo uno de los ejemplos más divertidos y poderosos de lo que una camiseta de protesta puede llegar a ser. En parte por el contexto, pues Katherine aparece en un fiesta en Downing Street para saludar a Margaret Thatcher con una camiseta que recordaba al entonces Primer Ministro y a sus impopulares políticas, pues la gente generalmente no quiere ser destruida por misiles balísticos intercontinentales. A pesar de ser diseñadora, era más protesta que moda, el mensaje era más importante que el medio. Es por eso que los intentos de la industria de la moda de lujo por producir eslóganes en masa siempre decepcionan, pues se necesita un poco de espíritu punky, DIY. Es más interesante ver a los sloganeerers apropiarse de las tácticas de diseño de la industria de la moda.

Dos de mis camisetas favoritas que tengo pertenecen a esta categoría. La primera es una camiseta de CND de los años 80. Es una caricatura de un gato negro, un desorden de piel con grandes ojos sobresaltados, y un símbolo de la paz de CND. El gato está sentado sobre el eslogan garabateado: "gatos contra las bombas" firmado con una huella de pata. Se las arregla para combinar mucho en un espacio muy pequeño: es cursi y dulce pero con un toque muy oscuro de apocalipsis nuclear. La he usado tanto que ahora que se está cayendo a pedazos, llena de agujeros, relegada al estado de artefacto.

La segunda la compré en un puesto de las sinuosas callejuelas del casco antiguo de Jerusalén. El puesto era precioso. Se atiende a todas las disposiciones políticas y religiosas sin prejuicios. Había rosarios católicos e iconografía ortodoxa y bufandas Beitar y camisas irónicas pro-Israel (uno decía "Guns‘ n ’Moses"). Compré una camiseta que decía "Palestina libre" en inglés, árabe y hebreo bajo una bandera palestina ondeando.

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No he hecho mucho para apoyar el desarme nuclear o la independencia de palestina, pero he usado esas dos camisetas más que muchas otras prendas de ropa que tengo. Sin embargo, la camiseta de protesta es alarmista, y eso es lo que la hace poderosa. Es explícita y ruidosa y presenta un mensaje controvertido. El racismo es una enfermedad. La Tierra primero. El poder de la gente. Un eslogan audaz puede llegar a ser transformador. Indiscutible. Se abre paso en el cerebro. Mi camiseta podría convertirse en un ideal para ti.

Recientemente, en Glastonbury, el músico Loyle Carner subió al escenario con una camiseta que decía "Odio a Boris". Una versión suavizada de la camiseta viral de "Fuck Boris", diseñada para superar a los censores de la BBC y difundir ese mensaje al mundo. Fue una especie de sucuela a la aparición de Stormzy en Glastonbury dos días antes, donde dirigió a la multitud en un canto de "A la mierda el gobierno y a la mierda Boris". Los medios de comunicación de la derecha sacaban espuma por la boca. Parece ser que las camisetas de protesta aún conservan la capacidad de provocar un impacto, se trata de simplificar el mensaje.

Pero en cierto sentido, la camiseta de protesta ha sido sometida a la viralidad de la cartelera de protesta. Cada marcha de protesta en estos días es seguida por una lista obligatoria en BuzzFeed que destaca los mejores y más divertidos carteles. Estas imágenes se difunden online, a través de Instagram. Su piedad, ingenio y sarcasmo (sin importar la protesta, sin importar el lugar, encontrarás a alguien con un cartel que dice: "es tan malo que incluso los introvertidos están aquí") funcionan de manera similar a mis dos camisetas favoritas. Un deseo de ser visto como parte de la solución, de ser visto creyendo en lo correcto. He estado allí, lo defendí, compré esa camiseta.

Sin embargo, para ese cinismo, la moda de protesta funciona como se pretendía. Las camisetas difundieron el mensaje. Cree en lo que quieras, solo eres un recipiente para ello.

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Grace lleva camiseta Hermès. Vaqueros Calvin Klein Jeans. Cinturón HTC Los Angeles
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LA lleva camisa Louis Vuitton. Camiseta vintage de The Captains Vintage. Vaqueros Levi’s. Cinturón vintage de Kool Kats
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Batty lleva camiseta vintage Raf Simons cortesía del archivo de David Casavant
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Grace lleva camiseta vintage de Breuer Dawson. Pantalones y zapatos Prada. Cinturón vintage de Kool Kats. Calcetines Pantharella
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Kamil lleva camisa Fendi. Camiseta vintage de Kool Kats
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Créditos

Fotografía Drew Vickers.
Estilismo Max Clark.

Peluquería Matt Mulhall de Streeters con productos Harry’s.
Set Samuel Overs de The Magnet Agency.
Asistente de fotografía Tomo Inenaga y Louis Headlam.
Asistente de estilismo Giovanni Beda, Joe Palmer y Gal Klein.
Asistente de diseño de set Mitchell Fenn.
Producción Louise Merat de Artistry London.
Asistente de producción Amy Cahruy-Hughes y George Whale.
Casting Gabrielle Lawrence de People File.

Modelos LA Timpa de Anti-Agency. Grace Musase de Elite. Kamil de ETWO. Jayden de IMG. Declan y Kieran de The Squad. Oscar J de Tomorrow Is Another Day y Batty.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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