Así es como pasan la cuarentena los editores de i-D de todo el mundo

Desde Milán hasta Tokio, todos intentamos mantenernos cuerdos.

por i-D Staff
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06 Abril 2020, 11:14am

Los editores de i-D, como muchos de los habitantes de la Tierra, están actualmente bajo cuarentena o autoaislamiento por mandato del gobierno. Si alguno pensaba que esto sería como un retiro espiritual muy parecido a las vacaciones, definitivamente se ha equivocado. Sin planes, sn vida social, ¿existimos? ¿Importa si mi atuendo de la FMH es pijama? ¿El cuidado de la piel sigue importando cuando nos lavamos sin sentido con desinfectante cada dos horas?

Esos son solo algunos de los detalles menores por los que pasamos a diario, ya sea solos o con nuestras familias o compañeros de piso, haciendo entrevistas por FaceTime o pidiéndoles a los protagonistas de nuestros artículos que se hagan autorretratos en casa. Así es como cinco editores de i-D de diferentes países pasan el día durante el confinamiento.

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Amanda, editora de i-D Italia, Milán
Cuando abro los ojos, la alarma aún no ha sonado. Son las 6 de la mañana y no puedo hacer que mi cuerpo vuelva a dormir. Así que voy a la cocina y comienzo mi día como si nada hubiera cambiado en mi vida. En realidad, todo ha cambiado en las últimas cuatro semanas. La vida como la conocía ya no existe. No puedo ver a mis amigos, a mi familia, a mi pareja, a mis colegas. Cada actividad que realizo requiere una pantalla.

Han pasado cinco semanas desde el cierre de Italia y salgo de cada tres días a hacer la compra. Aparte de eso, paso todo mi tiempo en mi apartamento de una habitación. Y me considero una persona afortunada: hay un lugar al que puedo llamar hogar y todavía tengo trabajo. Podría ser peor. Es peor para muchos.

Las videollamadas y los mensajes de texto son ahora la única forma de comunicarme con los demás, así que esto es lo que hago todo el día. Estoy constantemente en Slack, Whatsapp, Hangouts, FaceTime. Esto me ayuda a mantener la calma, porque no puedes llorar frente a tus padres preocupados. No puedes perder el control de la situación cuando hablas con tus empleados. Y a veces, si finges que todo está bien el tiempo suficiente, entonces comienzas a pensar que todo está bien de verdad.

Vivimos en tiempos sin precedentes y todavía no tenemos las palabras para describirlos. Mis colegas editores y yo estamos haciendo todo lo posible para encontrar esas palabras lo más rápido posible, pero por ahora estamos utilizando nuestra plataforma para dar voz a otras personas. No hay periodistas, editores o lectores en este momento. Somos nosotros, los seres humanos, tratando de mantenernos vivos y saludables durante una pandemia global. Estamos en esto juntos.

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Ai Ito, editora i-D Japón, Tokyo
Comenzamos a trabajar desde casa el 27 de febrero. Aunque Tokio aún no está totalmente cerrado, me quedo en casa todo lo que puedo.

Me levanto por la mañana, me visto, tomo un café, salgo a caminar y saludo al gato sucio del que soy amiga, esa es mi rutina matutina antes de comenzar a trabajar. Puedo hacer la mayor parte de mi trabajo por correo electrónico, por teléfono o Slack, publicando en redes sociales y haciendo muchas videollamadas desde casa.

Nada de esto fue fácil al principio. Lo más difícil fue cumplir con nuestras horas de oficina, porque podía trabajar a mi propio ritmo. Pero no pasó mucho tiempo antes de que se convirtiera en mi nueva normalidad. Probablemente así es como se sienten muchos otros japoneses que trabajan desde casa.

Toda esta experiencia me hizo darme cuenta de que mi vida está muy centrada en mi trabajo. Estoy feliz de tener más tiempo para desconectar ahora. Veo películas y series de anime, leo libros que compré pero nunca terminé y escucho la música que me recomendaron. Uno de mis mayores logros hasta ahora fue crear listas de películas de DORAEMON desde los años 90 hasta los años 2000. Realmente espero que todo esto pueda ser útil en algún momento.

El impacto del COVID-19 trae un nuevo desafío cada día. Estamos juntos en esto, pero también sé que es difícil tener una solución única para todos. Estoy esforzándome mucho y espero que esto ayude a hacer un pequeño cambio. ¡Oh, extraño salir!

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Jack, Acting Digital Editorial Director, Nueva York
Después de años fantaseando sobre cómo se vería Manhattan después del Apocalipsis, puedo decir que en realidad no es tan bueno. Vivo al borde de Chinatown, y ver las calles vacías cuando bajo a comprar comida es inquietante. Echo de menos los restaurantes. Nueva York es una ciudad para comer, supongo que en circunstancias normales se supone que debes trabajar todo el tiempo, y la única forma de hacerlo es si no estás cocinando. Desde que empecé la cuarentena hace más de un mes (estuve en Milán para la semana de la moda), he cocinado todos los días, lo que ha disipado cualquier duda que tuviese sobre si me gusta cocinar. Cocinar el almuerzo del domingo es una cosa: cocinar tres veces al día es un trabajo pesado.

Me levanto por la mañana a las 6:30, porque estoy acostumbrado a ir al gimnasio, y en lugar de eso limpio algunas zonas de mi casa. Luego paso la mayor parte de la mañana haciendo videollamadas por trabajo y la tarde editando artículos. Por la noche, estoy listo para el vino.

Mi esposo y yo vivimos en un estudio, y con los dos trabajando desde casa, siento que soy el meme de la mujer que descubrió que su apartamento es inhabitable. No puedo creer que viva en un espacio tan pequeño y no me hubiese dado cuenta. Una vez acabe todo esto, creo que nos mudaremos a algún lugar con jardín (esto lo digo ahora). Lo mejor del día es hacer la clase de baile del coreógrafo Ryan Heffington en Instagram Live: dejarme llevar y gritar un poco me ayuda. Pobres nuestros vecinos.

Sé que se supone que debemos comenzar un proyecto creativo, pero la idea de empezar a pintar en acuarela o escribir un guión me da ganas de gritar. Solo estoy leyendo El señor de los anillos por séptima vez y hablando con los perros que mi madre adoptó en FaceTime. Cuando esto termine, saldré todas las noches durante el resto de mi vida.

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Raquel, Content Manager i-D Spain, Barcelona
Desde que ha empezado la cuarentena en Barcelona, me despierto cada mañana pensando que todo esto no es real. Trabajar desde casa puede parecer divertido, pero lo único divertido es que puedes hacerlo en pijama. Echo de a mis compañeros, pero nos mantenemos unidos hablando todo el tiempo por chat. Nos mandamos noticias para mantenernos informados pero también muchos memes, porque el humor también es necesario. Me siento muy afortunada por poder trabajar, el trabajo hace que siga un horario y me mantiene activa y ocupada. Publicar noticias y artículos sobre el coronavirus me hace sentirme útil de alguna manera. Y pienso que he tenido mucha suerte cada vez que algún amigo me dice que le han despedido o que este mes no ha tenido ningún ingreso.

También estoy aprovechando este momento para seguir escribiendo mi novela (lo sé, soy esa clase de persona), para leer mucho y para ver mucho cine (como todo el mundo, supongo). Tengo una pequeña terraza con vistas a la Sagrada Familia donde tomo el sol y respiro aire puro (un aire más limpio de lo habitual porque ya no hay coches que contaminen la ciudad). Vivo con dos chicas, y siento que todo esto nos ha unido mucho más que antes. Hacemos yoga, meditamos y vemos una película cada día.

En España, cada día a las 8 de la tarde salimos a las ventanas y balcones a aplaudir a los sanitarios que luchan en los hospitales contra el coronavirus. La gente aplaude, se manda ánimos, cantan y tocan instrumentos. Es emotivo, pero también pienso que no es suficiente teniendo en cuenta la falta de medios y material que están sufriendo. También pienso en la cantidad de empleos que generalmente no valoramos y que, sin embargo, ahora descubrimos que son esenciales, sobre todo cuando las cosas van mal como ahora. Me refiero al personal de limpieza, a los cuidadores y cuidadoras, a los trabajadores de los supermercados y a los conductores de transporte público.

Al llegar la noche, hablo con mi novio por Facetime porque vivimos separados. También hablo con mis amigos, en realidad, mucho más que antes. Siento que no sobreviviríamos a esta crisis si no fuera por Internet.

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Mitch, Managing Editor de i-D Asia, Melbourne
Llevo casi tres semanas trabajando desde casa. Australia está bloqueada, pero los mensajes del gobierno han sido terribles e inconsistentes. He estado tratando de cumplir con las horas de oficina, así que me levanto y me visto como si fuera un día normal. En lugar de ir a la oficina, doy un paseo por la reserva natural cercana. Luego me instalo a trabajar en la mesa de la cocina, donde mis compañeros de cuarto también trabajan desde casa. Lo difícil es no mirar constantemente las redes sociales para conocer las últimas noticias sobre el coronavirus.

Es imposible hacer alguna sesión de fotos en este momento, por lo que mi trabajo consiste principalmente en escribir, editar, enviar correos electrónicos y hacer videollamadas. (Tengo muchísimas videollamadas estos días, más que nunca). Después del trabajo, he estado tratando de hacer un entrenamiento en casa que vi en Instagram, pero generalmente me doy por vencido después de cinco minutos. Entonces, me pongo a leer (Trick Mirror de Jia Tolentino) o veo telebasura (Love is Blind). De alguna manera, la vida en este momento es abrumadora pero también aburrida. Pero aburrirse en un momento como este es un gran privilegio. Especialmente cuando tengo amigos que ya han perdido sus empleos debido a la recesión económica que esto está causando. La mayoría de mis pensamientos se dirigen a ellos, junto con todos los trabajadores de la salud y los servicios básicos, sin ellos estaríamos jodidos.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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