El coronavirus podría significar el final de la obsesión por comprar ropa de manera compulsiva

Con el consumismo global en crisis, ¿reconsideraremos nuestra relación problemática con la adicción a las tendencias y el 'fast fashion'?

por Alec Leach
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20 Abril 2020, 12:09pm

La historia nos ha demostrado que la crisis a menudo deja paso a la renovación. En Italia, las secuelas de la peste bubónica produjeron condiciones que contribuyeron al Renacimiento. En Gran Bretaña, el NHS y el Estado de Bienestar se construyeron en las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Mientras hablamos, el coronavirus está volcando a la sociedad, al mismo tiempo que genera miedo, también surge la posibilidad de un nuevo comienzo. Muchos en la moda esperan calladamente que la paralización temporal del consumismo finalmente conduzca a las reformas tan necesarias que activistas y científicos han estado pidiendo durante mucho tiempo.

Hasta la fecha, los escasos esfuerzos de sostenibilidad de la moda se han centrado en reducir el impacto. La moda nos dice que comprar es una parte esencial de la vida moderna, que es la respuesta a todo. En una industria que se supone que está ligada a la artesanía, la ropa en sí se ha vuelto desechable, se vende con una fecha de caducidad incorporada, sin importar cuánto cuesta. Si queremos cambiar esta industria destructiva y derrochadora para mejor, necesitamos abordar el consumo en sí mismo, en lugar de perder nuestro tiempo reflexionando sobre colecciones más "conscientes".

Para hacer esto, necesitamos desmantelar la adicción de la moda al bombo publicitario. Es fácil señalar con el dedo a Instagram o a los chicos que hacen cola fuera de las tiendas de Supreme, pero la verdad es que es un problema ineludible que ha infectado a toda la industria. El bombo es el ciclo implacable de lanzamientos, colaboraciones, pop-ups y desfiles crucero. Es la idea de que todo debe ser viral, compartible, un "momento" inolvidable. Es novedad por el bien de la novedad, comprar por el bien de comprar. Nunca se detiene: incluso ahora, en medio de una pandemia mundial, se nos dice que este es el momento de mejorar nuestras prendas de andar por casa y perfeccionar nuestro estilo desde casa.

El problema con el carrusel publicitario es que mientras más personas lo montan, más rápido gira, y ahora la moda se mueve tan rápido que incluso los profesionales están luchando por mantenerse al día. Hay cuatro, ocho, 52 temporadas al año. Compramos más ropa que nunca y la descartamos en un instante. Y aunque tratamos los productos en sí mismos como transitorios, la producción de prendas deja un impacto permanente en el planeta. La colaboración de unas zapatillas aparece en los titulares rápidamente, pero partes de ella podrían durar hasta 1000 años en un vertedero. El algodón que alimenta nuestro apetito interminable por el merch agota el suministro de agua en países que ya sufren sequías, y los pesticidas utilizados para cultivarlo destruyen la biodiversidad. Y eso no dice nada sobre la explotación y los abusos contra los derechos humanos que conocemos desde hace años.

Hasta que el coronavirus lo derribó todo, la industria mundial de la moda estaba produciendo entre 80 mil y 150 mil millones de prendas al año, para un planeta con 7.8 mil millones de habitantes. ¿Cómo se supone que debemos usar todo eso? Resulta que no lo hacemos. Las tiendas de caridad, los almacenes de textiles y los mercados del tercer mundo están repletos de desechos baratos y de baja calidad. La triste ironía de este desastre es que no estamos destrozando el planeta por piezas hermosas que hacen una contribución significativa a nuestras vidas, lo estamos haciendo por basura desechable que no debería haberse hecho nunca.

La pandemia ha puesto fin a todo eso, al menos por el momento. Con suerte, en las próximas semanas y meses tomaremos más en cuenta las nuevas ideas que han estado floreciendo bajo tierra, perspectivas que podrían ayudarnos a abordar finalmente el problema de sostenibilidad de la moda. Tiendas vintage curadas que hacen que las piezas viejas parezcan nuevas otra vez; tintoreros naturales que aprovechan el conocimiento antiguo para crear ropa verdaderamente orgánica; recicladores convirtiendo los descartes en piezas únicas; utilizar aplicaciones que dan una segunda oportunidad a prendas que ya no queremos en nuestro armario; y los servicios de alquiler que eliminan por completo el concepto de propiedad. Estas nuevas perspectivas desafían la idea de que lo nuevo siempre es mejor. Se trata de hacer más con menos. Ese es un mensaje que los creativos agotados y los compradores agotados deben escuchar.

A medida que el bloqueo económico empiece a afectar a nuestros bolsillos y nos obligue a examinar nuestras prioridades, es de esperar que el tiempo de inactividad provoque cambios en la forma en que pensamos también como consumidores. Necesitamos entender que, nos guste o no, todo lo que compramos tiene un impacto en nuestras vidas. Desde recoger paquetes hasta la limpieza en seco y subir fotos para revender en aplicaciones, la ropa no solo nos cuesta dinero, también nos cuesta tiempo y energía.

Cuando lo miras de esa manera, la importancia de comprar solo lo que de verdad te encanta se vuelve mucho más clara. Necesitamos volver a conectarnos con la razón por la que nos enamoramos de la moda en primer lugar, para redescubrir las alegrías tangibles y cotidianas que provienen de poseer y usar nuestra ropa. Debemos recordar que la ropa tiene el poder de hacernos sentir como nosotros mismos, para ayudarnos a descubrir partes ocultas de nuestras identidades.

Hace doce meses me uní a la iniciativa de Extinction Rebellion de comprar solo de segunda mano durante un año. No tenía idea de que la moda pudiera parecer tan lenta, incluso íntima. Las tendencias y los desfiles pasaron por mi lado y apenas me di cuenta. En cambio, conversé con personas mayores en eBay sobre sus viejos trajes y me encontré con moteros que vendían sus chaquetas de cuero. Alejarse de todo el ruido liberó tanto espacio para pensar realmente en lo que de verdad necesito de la moda. Resulta que no tiene nada que ver con colaboraciones o ediciones limitadas.

Recién estamos empezando a encontrarnos con la confusión y el caos que la pandemia de coronavirus está causando en el mundo. Ya sea para bien o para mal, la crisis ha detenido el consumismo. Y a pesar de todo el sufrimiento y el caos que se desarrolla a nuestro alrededor, tenemos la oportunidad de alejarnos de la agotadora cultura del consumo excesivo de la moda. No lo desperdiciemos.

Alec Leach es escritor y consultor, y fundador de @future__dust, una plataforma de Instagram para la moda responsable.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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