la peculiar historia de kim kardashian y su paparazzi personal

"Tal vez si tuvieras un maldito negocio que te apasionara, entonces sabrías lo que se necesita para llevarlo, pero no lo tienes".

por Philippa Snow
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12 Febrero 2019, 5:33pm

Parece casi imposible ahora identificar el momento exacto en el que el rostro y el cuerpo de Kim Kardashian se volvieron tan omnipresentes como el logo de McDonalds o una lata de Coca-Cola. No fue en 2007, cuando salió a la luz el video de ella teniendo sexo con Ray J (porque estaba "cachonda, y tuvo ganas"). Wikipedia, aludiendo al sex tape, describe de manera eufemística a Kim como "nacida en 1980", pero "activa desde 2007". Tampoco fue en octubre de ese mismo año, cuando Keeping Up With The Kardashians se emitió por primera vez, o en diciembre, cuando Kim posó para Playboy y afirmó que lo hizo "con clase" debido a su "gran culo".

No fue por su breve aparición en Disaster Movie allá por 2008, su anuncio para Carl's Jr. en 2010, o su figura de cera en Madame Tussauds en el mismo año. Aunque a finales de 2010, era la tercera estrella de reality más rica de Hollywood, y para el año siguiente, Keeping Up with the Kardashians se había renovado por dos temporadas más por la discreta cantidad de $50 millones [44.188.750 millones de €]. Probablemente su fama comenzó cuando se sentó desnuda en una motocicleta con Kanye West, en su video para Bound 2.

La respuesta más válida parece ser el año en que Kim Kardashian abrió una cuenta de Instagram y, como muchos otros artistas, encontró su medio de expresión. Desde entonces, ha creado un juego para el smartphone, una línea de ropa y una línea de belleza increíblemente exitosa, y ha respaldado públicamente corsés de cintura para entrenar, blanqueadores dentales y piruletas aptas para cualquier dieta. A día de hoy, el valor de la fortuna de Kim alcanza los 350 millones de dólares y, sin embargo, su mejor producto es y siempre será Kim Kardashian: su rostro y su cuerpo, lo suficientemente reconocible para convertirse en un logotipo y que evoluciona cada año hacia la perfección, alejándose cada vez más del mundo terrenal. "Queremos que haya algo más [sobre Kim Kardashian], alguna razón o contexto, alguna gran explicación que nos diga por qué vivimos en la época que vivimos", escribió Brian Moylan en Time en 2014, después de su portada en PAPER que revolucionó Internet, "pero no hay", concluyó. "El trasero de Kim Kardashian no es más que una promesa vacía".

Pero ¿acaso el deseo sexual no se basa a menudo en promesas vacías?

Un año después de que se publicara el artículo de Time, Kim Kardashian comercializó un libro con sus mejores selfies, cuyo título es –demostrando que era muy astuta–, Selfish.

"Si, como dice Wikipedia, Kim ha estado 'activa' desde 2007, ha pasado más de una década cambiando y perfeccionando su cara y cuerpo, lo que la convierte en un trabajo en continua evolución con un período de gestación más largo que el de Ulises de James Joyce".

Con todo esto en mente, se entiende que lo que Kim Kardashian quiera por encima de todo sea la libre circulación de su imagen. Ella es su propia publicidad, su activo más valioso e inversión: no hay productos Kardashian sin Kim, y no hay un respaldo al estilo de vida de Kardashian más convincente que su atractivo sexual fabricado con orgullo y que absorbe todo su tiempo. (Si, como dice Wikipedia, Kim ha estado “activa” desde 2007, ha pasado más de una década cambiando y perfeccionando su cara y cuerpo, lo que la convierte en un trabajo en continua evolución con un período de gestación más largo que el de Ulises de James Joyce.

Cuando en 2017 los paparazzi comenzaron a quejarse de que la familia Kardashian usaba sus fotografías online sin pagar por ellas, las estrellas del reality parecían sorprendidas por este giro inesperado de los acontecimientos. Ahí fue cuando los mismos paparazzi fueron tras sus fans cerrando las webs donde se mostraban sus fotografías, y Kim se asustó particularmente. Puede que haya sido el amor hacia sus fans lo que la puso furiosa; también fue, sin duda alguna, la eliminación de lo que hasta entonces había sido una gran publicidad, la distribución abierta de: ella misma.

"¡Odio que las agencias de paparazzis cierren todas las cuentas de fans!", escribió en Twitter a finales de agosto del año pasado. “¡Ugh tenemos que pensar en algo! ¿Tal vez empezar nuestra propia agencia? ¡¡¡¡¡Y que todos los fans publiquen lo que quieran!!!!! ¡Déjame hacer una lluvia de ideas con la fam!”.

Kim es, sin importar cualquier otra cosa que puedas pensar de ella, una empresaria absolutamente brillante, con una mente privilegiada para hacer dinero. Seis meses más tarde, había descubierto una forma ingeniosa de lidiar con el embargo de sus imágenes. "Por cierto", compartió la semana pasada, "ya que las agencias de paparazzi no permiten que los fans compartan sus fotografías, todas mis fotos a partir de ahora serán hechas por mi propio fotógrafo, y ustedes siempre podrán volver a publicar lo que quieran. Si alguna vez publico de una agencia, los etiquetaré y tendré permiso. ¡Así que a ellos por favor no los vuelvan a publicar!”.

Kim Kardashian, ha sido una fan de Elizabeth Taylor toda su vida, sin duda habrá visto los paralelismos entre su decisión de contratar a un fotógrafo personal y la de Taylor de contratar a Gianni Bozzacchi para el mismo trabajo a finales de los sesenta. Al igual que Kardashian, lo que Taylor quería era tener el control, una forma de cristalizar su imagen hacia el ojo público de acuerdo a la persona en la que se quería convertir. A diferencia de Kim Kardashian, Taylor no tenía que competir con Instagram, Twitter o Daily Mail. Pero a diferencia de Kim, no solo era una belleza famosa con una línea de perfumes, sino también una gran actriz. Su apariencia fue parte de la imagen, sí, pero no lo fue todo, y no fue tan ampliamente diseminada ni tan minuciosamente diseccionada como la imagen de una mujer moderna con una sex tape y un reality show de 13 temporadas.

Es difícil saber cuál es la parte más extraña de esta particular historia, sobretodo en 2019: las mujeres extremadamente públicas que están siendo demandadas por reproducir sus propias imágenes, o la idea de que los fans de Kim Kardashian ven su decisión de trabajar con su propio fotógrafo como algo altruista, motivada únicamente por amor.

Yo diría que Kardashian no necesita estar motivada -o al menos solamente motivada- por amor, cuando tiene un imperio que llevar, y cuando su rostro y cuerpo son su moneda. Más que Gigi Hadid, que también ha sido demandada por los paparazzi por el uso ilegal de su propia imagen en su Instagram, la marca de Kim es totalmente sinónimo de su estilo personal, su silueta y su capacidad de ser simplemente Kim ante la opinión pública. Su trabajo más lucrativo sigue siendo, a pesar de los perfumes y los productos de belleza y los juegos para dispositivos móviles, es existir para ser vista; ella es, a pesar de haber lanzado su propia gama de Kimojis, prácticamente una emoji por sí sola. "Soy una empresaria", ha dicho. "'Ambiciosa' es mi segundo nombre”. Ninguna demanda se interpondrá entre nuestros ojos y la forma indeleble y meticulosamente esculpida de Kimberly 'Ambiciosa' Kardashian.

En sus propias palabras, "Tal vez si tuvieras un maldito negocio que te apasionara, entonces sabrías lo que se necesita para llevar un negocio, pero no lo tienes".

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.