samantha hudson nos habla de su lucha, su evolución y su nueva vida en madrid

Si no la conoces todavía, esta es tu oportunidad de descubrir a la artista queer española que ha venido a salvarnos de los conservadores.

por Álvaro Piñero; fotografías de Isaac Flores
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07 Marzo 2019, 10:49am

Si nos diese por leer las páginas de la agenda de Samantha Hudson, estamos seguros de que encontraríamos todo tipo de actividades de lo más dispares. Desde pasearse por la sede madrileña del PP enfundada en un minivestido negro con pedrería hasta ir a buscar a su hijo con un 'look' inspirado en Angela Channing; todo mientras, por el camino, patea a algún que otro nazi subida a sus tacones. Samantha es, por tanto, la superheroína queer, consciente y transgresora que su generación —y todas, realmente— necesitaba desde hace tiempo.

Sin embargo, las mil caras de Samantha (el 'alter ego' del joven mallorquín Iván González) no son solo un pasatiempo más que pulula por Instagram; con su irreverente sentido del humor, la artista trata de difundir, tanto a través de sus redes como de su música, un mensaje que va más allá del 'meme'. Clase, género, sexo... Su discurso aborda muchos temas que nos hacen reflexionar y, lo más importante, inspira a una comunidad que se enfrenta constantemente al odio y la intolerancia de un mundo que parece decantarse cada vez más hacia la ultraderecha.

Con tan solo 19 años, ya lleva algo más de tres desafiando a las altas esferas de las instituciones eclesiásticas y más conservadoras, apareciendo en multitud de medios y labrándose el título de "icono underground" por derecho propio. Gracias al documental de Joan Porcel, Samantha Hudson: Una historia de fe, sexo y electroqueer, la conocimos de una forma más honesta, más allá de la polémica que había desatado su tema "Maricón" —un trabajo escolar que acabó convirtiéndose en un viral de Youtube— o su estrepitosa caída desde un balcón. El éxito de la pieza, que se estrenó en el Atlàntida Film Fest y se acabó convirtiendo en la cinta más vista de su historia, demuestra una necesidad por parte del público de consumir narrativas alternativas y locales.

La primera vez que vi a Samantha fue en una fiesta que Gucci celebraba en Metro, el mítico club gay de Barcelona, mientras los flashes de una decena de móviles la apuntaban en medio de la pista. Tras seguirle la pista en redes durante un tiempo y ver cómo la escena de la moda había caído rendida a sus encantos, quise descubrir qué la ha convertido en un personaje tan irresistible como entrañable para sus fans. Hoy, en i-D Spain, salimos de dudas.

El documental supuso todo un fenómeno. ¿Por qué crees que tu historia ha generado tanto interés?
La verdad es que no tengo ni idea. Supongo que depende un poco de la persona, e incluso de la situación en que la veas. No encuentro un motivo que realmente explique ese interés que despierto en la gente.

Yo creo que es una buena película, y te puede gustar por lo banal y lo mamarracha [que es] o bien porque, de alguna manera (y muy para mi sorpresa), te consigue transmitir algo. En realidad, el documental cuenta la historia de un adolescente que se muda a una gran ciudad para triunfar con su música, y esto es algo muy común entre los artistas queer. Ese éxodo de jóvenes disidentes que buscan fama y reconocimiento para sus proyectos es un leitmotiv que se repite a menudo en el colectivo LGBT. Al fin y al cabo, a las personas nos gusta oír historias con las que nos sintamos identificados.

La pieza acaba con tu vuelta a Mallorca tras la caída. ¿Cómo fue esa temporada alejado de toda la vorágine que habías experimentado en Barcelona?
Yo, si bien soy una chica muy escéptica y racional, soy muy partidaria de que te todo pasa por algo, y verdaderamente necesitaba caerme de un balcón para volver a poner los pies (o la cara, más bien) en la Tierra. Mi paso por Barcelona fue muy acelerado y demasiado impaciente; era un niño de 18 años queriendo alcanzar la fama a toda costa. Solo me preocupaba hacer bolos, mantenerme activo en las redes y salir de fiesta. No trabajaba y me lo pagaban todo mis padres.

Lo que ocurrió en Sevilla con el balcón, sin duda, fue un aviso de "hasta aquí hemos llegado". Y gracias a todo ese drama me di cuenta de que estaba siendo un insensato. Volví a Mallorca y trabajé todo el verano, ahorré mucho dinero y me vine a Madrid. Aquí tengo un piso y un nuevo empleo; me siento más centrada. Ahora que he conseguido la estabilidad que necesitaba, por fin puedo dedicarme sin miedo a mis proyectos artísticos.

Samantha Hudson

¿Cuál fue la principal motivación que te llevó a mudarte a Madrid?
Mi plan inicial era volver a Barcelona, pero, igual que con los modelitos, no me gusta repetir [risas]. En realidad, lo que me animó a venirme a la capital fue una conversación con un amigo. Él quería mudarse también, y me sugirió que podríamos compartir piso. Nunca llegamos a vivir juntos, pero le hice caso y ahora soy una chica cosmopolita. Madrid es muy grande y tiene muchas propuestas. Aún no sé hacia dónde quiero encauzar mi vida, pero cuando lo sepa, seguro que Madrid me brinda una oportunidad.

¿Y cómo es ahora tu vida en la ciudad? ¿A qué te dedicas en estos momentos?
Me dedico a sobrevivir a base de pasta y arroz, a gastarme el dinero del alquiler en vestidos y a pasearme por Gran Vía con unos tacones dos tallas mas pequeños. Eso cuando no trabajo de camarera en una cafetería en el centro a cambio de un mísero sueldo que a penas me da para pagarme un capricho. En realidad voy haciendo mis cosas, y todavía soy joven y guapa; no me preocupa tomarme las cosas con calma.

En el documental, tus amigos Selena y Kevin te tachan de "vaga" en términos musicales. ¿Tienes pensado lanzar temas nuevos próximamente?
En el documental parezco una pobre desgraciada que no tiene amigos. Pero sí, soy un poco gandula, aunque no es del todo mi culpa. Tengo muy pocos medios para poner en marcha mis proyectos, y toda la gente que me ayuda lo hace de forma altruista. No quiero ser una tirana y ponerme inquisitiva con alguien que me está haciendo un favor. Pero keep calm, que dentro de nada saco cosas nuevas.

El humor con el que envuelves tu discurso político y de género en Instagram es uno de tus rasgos más característicos —y una de las cosas que más nos atrajo de ti—. ¿Qué respuesta recibes por parte de tus seguidores?
Pues igual que con el docu (y mi ser, en general), depende de la persona. Hay gente que entiende el trasfondo; hay gente que no ve mas allá y hay gente que encuentra significados donde no los hay. Eso es lo chulo al fin y al cabo, ¿no? Que lo que dices y lo que haces se pueda interpretar de varias formas —dentro de unos límites, evidentemente—. Sin embargo, al margen de que pillen o no el mensaje de mis 'memes' y mis canciones, el simple hecho de ser una mamarracha y expresarme como lo hago, ya resulta un acto subversivo y transgresor.

Samantha Hudson

¿Cómo definirías el estilo de Samantha?
Hortera, kitsch, fea... No sé. Visto de muchas maneras. A lo mejor soy una chica sexy superexplosiva con una minifalda de escándalo y luego soy una señorita de bien con la cara estirada que vive en París. O, a lo mejor, me pongo unos 'jeans' y una camiseta blanca y soy Sandra Bullock dando un paseo por la playa. Yo definiría mi estilo como tiene que ser: yo soy lo que soy.

¿Te sientes acogido en la escena de la moda de Madrid?
Sí, aunque no me representa. La moda es muy elitista y yo no tengo ni un duro. No obstante, sería hipócrita negar que no me interesa ese mundo. Es una doble moral, porque [la moda] es un puñado de gente con una visión muy distinta de las cosas, pero al mismo tiempo quiero estar ahí. No sé si me explico. Es muy superficial, pero ¿quién no lo es?

¿Qué artistas españoles consideras que están ayudando a propiciar el cambio que tú estás tratando de conseguir?
Putochinomaricón es el primero que se me viene a la cabeza. ¿Una marica racializada que es estrella del pop en España? Nunca hemos tenido nada así; es un tesoro. De hecho, he de admitir que más de una vez he sentido envidia, pero creo que es algo bastante habitual en este mundo. ¿Hola? Solo saca temazos y tiene un discurso superincreíble. Hay que apoyarle mazo. Sansanonasnas también es un nombre que me ha resonado mucho últimamente, y 'superproud' de haberle descubierto. En general, hay muy pocas propuestas interesantes conocidas ahora mismo en España, así que ya sabéis: ¡moved el culo, maricones! ¡Y support your local queer artists! [apoyad a los artistas queer locales].

Samantha Hudson

¿Qué consejo le darías a todos esos jóvenes que pueden estar pasando situaciones similares a las que nombrabas en tu viral discurso de graduación?
Que busquen ayuda, aunque cueste. Es necesario que las víctimas del bullying y el acoso —en especial, los niños y adolescentes— sepan que no están solos. Puede parecer una chorrada, pero a mí me consolaba mucho saber que tenía amigas y familiares que me respaldaban, o que había más gente como yo viviendo situaciones similares.

También les diría que no tengan prisa ni se presionen a nada, que parece que si no eres 'drag queen' y abiertamente gay a los 13 años no eres válido. Las cosas llevan su tiempo y cada persona tiene una situación diferente. Tomaos tiempo para conoceros mejor y no os apresuréis demasiado: los problemas tardan tiempo en solucionarse y Roma no se hizo en un día.

¿Qué sueños de futuro tienes a corto plazo?
Ser la próxima Amaia Montero y abrir un bar de cócteles y espectáculos.

Créditos


Texto Álvaro Piñero
Fotografía Isaac Flores

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