recordando la edad de oro del rap en españa

Analizamos el auge que el género experimentó en nuestro país de 1995 a 2004 y vaticinamos hacia dónde se dirige ahora, que parece estar resurgiendo de sus cenizas.

por Sara Peláez
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27 Junio 2017, 8:00am

Portada del álbum 'Vicios y Virtudes', de Violadores del Verso

"Tengo un bolígrafo. Luego cogeré un micrófono y cualquier intento de parar mi pepino va a ser en vano, cabrones. No hay libros de instrucciones para parar esto". Era 1997, y el grupo 7 notas 7 colores sabían, y así lo dejaron claro en la letra de "Buah!" (Hecho, es simple), lo que se le venía encima a la industria musical española.

La cultura hip hop vivió en la segunda mitad de la década de los 90 y en la primera parte de los 2000 (1995-2004) su época dorada en España, con el nacimiento de propuestas tan rompedoras en el plano musical como las de Violadores del Verso, Solo los Solo, SFDK, Shotta, La Excepción y Nach, entre otros. Artistas que supieron mantener viva una llama durante años, la del rap en español, y que, parece, se fue apagando poco a poco… ¿hasta hoy?

La duda es razonable. Festivales "independientes" empiezan a apostar, aunque de manera aún discreta, por el rap patrio, enriqueciendo sus lines up con grandes nombres como Tote King, Kase O, los recién reunidos 7 notas 7 colores y la incombustible Mala. El género resurge de sus cenizas, y podría volver a levantar su imperio. Al fin y al cabo, ya lo hizo una vez… Pero pongámonos en antecedentes y volvamos al principio del fin. Al Big Bang.

La Trinidad del rap
Los mencionados 7 notas 7 colores, junto a CPV (Club de los Poetas Violentos), fueron los pioneros. Los primeros en ver que aquello del rap calaba hondo, y que las maquetas —hechas de forma casera y grabadas en cassettes— no debían ser el límite de este género musical cuyas letras salían de las mismísimas entrañas, inspiradas por todo lo que ocurría en la calle. Había que mojarse. Y había que hacerlo dando un paso más allá: apostado por el LP y los compactos. Esa fue la chispa que se necesitaba para prender la revolución.

Una revolución marcada, fundamentalmente, por tres discos que conformarían su particular Trinidad: Lujo Ibérico (Mala Rodríguez, 2000), Vicios y virtudes (Violadores del Verso, 2001) y Quimera (Solo los Solo, 2001). ¿Qué tuvieron estos artistas y estos discos para marcar así una época?

Para Dobleache, director de la revista Hip Hop Life, fue el hecho de ser únicos en su especie: "No eran copia de nadie que no fueran ellos mismos […] y, muy importante, de los primeros en su campo: la Mala, de las primeras mujeres haciendo rap en castellano y en trascender en la escena rap; Solo Los Solo eran la innovación, la presencia y el buen gusto […], mezclando rap y flamenco sin perder el toque hip hop; y Violadores del Verso, de los primeros en sentar las bases del hardcore hip hop".

Además, la escena había conseguido asentar unos pilares muy sólidos y profesionalizarse: era el momento."Estos artistas son el resultado de una industria que se acababa de consolidar. […] Con los deberes hechos y con conocimientos que antes no teníamos, se empiezan a grabar esos discos que han pasado a la historia, y no son más que la consecuencia de la madurez de una escena que en los primeros años estaba en pañales", apostilla Francisco Reyes, director del programa Ritmo Urbano de la 2 de TVE y autor del libro Rap, 25 años de rima.

El rap supo responder a una industria musical que se había suavizado y había estandarizado otros géneros musicales como el pop y el rock. "El rap, y lo que llegó con él, rompió con lo que había y ocupó ese espacio. […] Tenías a raperos escupiendo en castellano y hablando de su entorno, que rapeaban a los primeros casos de corrupción, al paro, etc., y lo hacían sin metáforas rebuscadas, iban al grano", concisa Dobleache.

Tampoco hay que olvidar el marco sociocultural del país. La burbuja del ladrillo, y la consecuente (y brutal) crisis económica que trajo consigo, aún no había estallado. En España todavía se vendían discos. La industria musical en general vivía una buena época: había dinero para grabar Lps, para organizar conciertos, giras y eventos. Además, Internet estaba "muy verde", y la cultura del "todo gratis" que pareció instaurarse poco después aún no existía, como tampoco la facilidad de acceso a información de hoy en día. En general, un periodo de bonanza para todos los actores implicados, lo que consiguió amplificar la voz del rap en nuestro país.

¿Y ahora qué?
Han pasado más de doce años, pero de esta época dorada aún nos quedan sus "himnos". Letras que permanecen en el imaginario colectivo como "Tengo un trato" (Mala Rodríguez, Lujo ibérico), "Busco la fama" (Triple X, Sobran palabras), "¿Dónde esta Wifly?" (SFDK, 2001: Odisea en el lodo), "La ciudad nunca duerme" (Doble V, Vicios y virtudes) y "Uno contra 20 MC's" (Tote King, Música para enfermos), entre muchas otras.

Es 2017, y el panorama musical en la cultura del hip hop está intentado reencontrarse a sí mismo. Una búsqueda en la que la apertura de miras y las nuevas plataformas han tenido un papel fundamental. "Creo que YouTube ha revolucionado bastante la escena. La gente se ha abierto cada vez más a probar cosas nuevas […] En los últimos años ha evolucionado bastante el underground, y está muy fuerte", asegura Ramsés Gallego, El Coleta.

"Hemos pasado de tener el mismo cartel de artistas, desde 2003 a 2015, en todos los festivales a sorprendernos con nuevos valores como Bejo, a los que ya no les hace falta la confianza de promotores y sellos. Se valen de sus visitas en Youtube para que les contraten. Ni siquiera sacan discos. Se limitan a sacar videoclips y a hacer caja en las salas", secunda Reyes.

Sangre fresca, subgéneros que ganan cada vez más adeptos, y nuevas plataformas para expandirse y hacer cosas innovadoras. Lo que parece no haber cambiado es la escasa representación femenina en la escena. Como la mayoría de géneros musicales, el rap sigue siendo "cosa de machos", y al creado por mujeres todavía se le mira con recelo.

Sin embargo, las hay que no se compadecen. Mujeres fuertes que creen en lo que hacen y en el trabajo duro, y que luchan, con sus rimas, por contar su realidad, promulgar el feminismo y hacer frente al heteropatriarcado, como Arianna Puello, la fallecida Gata Cattana, Zeidah, Larah Fémina, y Mala Rodríguez. Esta última remarca: "Lo importante es tener las ideas claras y trabajar duro. Creo en el destino, no en las excusas… Cada uno de nosotros venimos a este mundo con una misión y unas capacidades diferentes… […] Todo nos condiciona, pero eso, amigas y amigos, es parte del juego".

Créditos


Texto Sara Peláez
Portada del álbum Vicios y Virtudes, de Violadores del Verso