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¿cómo ha cambiado el sónar nuestra forma de entender barcelona?

El festival se ha convertido en mucho más que un evento musical, con responsabilidades sociales, culturales y de innovación para con la comunidad local.

Sara Peláez

Imagen vía @alvarodols

Cuando llega el buen tiempo, los periodistas musicales se frotan las manos: comienza el periodo festivalero. Ese en el que los medios especializados -y los que no lo son tanto- se dedican a publicar decenas de post actualizando, debatiendo y criticando los carteles de cada una de las citas musicales que suceden a lo largo y ancho del país. Sí, porque todos los años "siempre vienen los mismos", se repite aquello de que "hay un festival en cada pueblo" y que "verás cuando estalle la burbuja festivalera", y parece que "no hay vida más allá de Love Of Lesbian o Vetusta Morla".

Como estas cuestiones ya han sido de sobra abordadas -no una sino cientos de veces por la profesión- con este artículo queríamos dar un nuevo punto de vista, analizar otro tipo de parámetros. Dejar a un lado el cartel, el público e incluso la propia música, para preguntarnos qué ocurre con la ciudad que se encarga de acogerlos a todos. Es aquí cuando, automáticamente, se viene a la cabeza una de las relaciones más duraderas y bien avenidas del panorama nacional, la protagonizada por Barcelona y el Sónar.

El 2 de junio de 1994 se abrían las puertas de su primera edición. Por aquel entonces, y durante los años venideros, a la cita se la pudo englobar dentro del saco de los festivales de música. Sin embargo, hoy en día el Sónar es mucho más. Referente indiscutible de la cultura y la innovación en Barcelona, Cataluña, España y el mundo entero, el evento ha cambiado su claim por otro mucho más preciso y acertado, el de "Música, creatividad y tecnología". 

Porque en el Sónar tienen cabida los conciertos de música avanzada y experimental, pero también se realizan conferencias, tech shows, actividades de formación, sesiones de networking relacionadas con la tecnología y la innovación, y un largo etcétera que completa las más de 280 propuestas que el festival tiene previstas para la edición de este año, la número 23.

De "acoger" a "proponer"
De este primer acercamiento, se desprenden dos conclusiones reveladoras. La primera de ellas, es que el público es diferente al del resto de "festivales": los asistentes no solo vienen a disfrutar de unas vacaciones "pasadas por música"; vienen a aprender, a descubrir, conectar e incluso arraigar.

Imagen cortesía de Sónar Festival

La segunda, es que la ciudad deja de ser un ente que solo "acoge" -un elemento pasivo-, para convertirse en uno que "propone", que proyecta un discurso que invita a reflexionar sobre qué se quiere explicar al resto del mundo, qué tipo de ciudad se quiere llegar a ser, crear valor de marca y, en consecuencia, actuar y tomar las medidas necesarias para conseguirlo.

El periodista Ricard Robles, codirector del festival junto a Enric Palau y Sergi Caballero, asegura que esto debe servir para "empezar a tejer complejidades entre el sector público y el privado. Sería necesario saber cómo trabaja la Administración con los diferentes agentes de la ciudad, para ofrecer una cara más innovadora y atrayente para mejores usuarios. Ahí hay una tarea interesante para renovar el boom turístico y cambiar el enfoque".

En este sentido, desde el Sónar se está elaborando un estudio de impacto -cuyo primer avance se presentará el 9 de junio- que va mucho más allá del sector económico, y que pretende recoger indicadores de índole social, cultural y de innovación. El objetivo es convertir el evento en una herramienta útil para favorecer el conocimiento y el intercambio de experiencias entre los diferentes actores participantes.

Imagen vía @sonarplusd

Sónar+D
Es en Sónar+D donde se materializan estas responsabilidades para con la comunidad y la ciudad. Para Ricard, hay que "animar a la Administración a que vea la Cultura como algo más que una agenda de actividades artísticas y de ocio", de ahí que año tras año revisen y mejoren los convenios que tienen con el ayuntamiento. Unos convenios que tienen como fin que todos los acontecimientos y formatos que se generen en Sónar+D respondan, de alguna manera, a las necesidades e inquietudes de las comunidades locales (artísticas, de innovación, emprendedores...) para que estas hagan un mejor uso del evento. 

Favorecer las conexiones, el networking, mostrar trabajos que de desarrollan en la propia ciudad... En definitiva, dar preferencia y mayor visibilidad a la industria autóctona para salir beneficiada y acceder a inversiones, formación, contactos, etc... Volvemos, de nuevo, a la máxima de "crear marca".

Según los datos facilitados desde la organización, 1 de cada 4 empresas locales presentes en la industria creativa y tecnológica de la ciudad han estado en Sónar. Y, de esas, más del 30% han sido capaces de establecer contactos que favorecen interesante relaciones para sus proyectos. 

Imagen vía @enric_palau

Porque, a nivel económico, el impacto del evento en Barcelona es claro. La pasada edición, con alrededor de 118.000 asistentes (7.000 más que en 2014), el festival consiguió generar más de 1.200 puestos de trabajo y contribuir al PIB de Cataluña con 120 millones de euros. Unas cifras que casi duplican las del estudio de 2007 y que tienen en cuenta, además, todas las actividades y acontecimientos paralelos que se celebran en Barcelona solo durante la semana "grande".

Más de una veintena de ediciones saldadas con grandes éxitos a nivel económico, cultural y tecnológico. Por eso, no es de extrañar que hayan existido -y sigan existiendo- numerosas ofertas no para "clonarlo", sino para llevarse la sede principal del Sónar a otra ciudad, más allá de sus versiones internacionales -que desembarcaban este año en Santiago de Chile y Bogotá-. Jugosas propuestas sobre las que Robles ha querido pasar de puntillas y sin dar nombres.

Imagen vía @thomasreissmann

El evento se encuentra en un momento de estabilidad en todos los sentidos. Aseguran que su objetivo no es, ni de lejos, crecer año sobre año; están cómodos en los 100.000 asistentes por edición. Su intención es -como "embajadores" de la ciudad y referentes clave de la cultura digital- apostar por una mejora del nivel de satisfacción y "usabilidad" para su público.

Queda Sónar para rato. Y en Barcelona, como siempre.

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Texto Sara Peláez