el resurgimiento político del 'normcore'

Todo consiste en encajar, en vestir de forma discreta y en infiltrarse en el mundo gris de los hombres de traje.

|
feb. 9 2017, 12:28pm

Gabbers - Rotterdam 1994. Exactitudes.

La última colección de Vetements, estrenada en París a finales de enero, predeciblemente generó un gran debate. Hay muy pocas marcas que puedan suscitar comentarios y controversia con tanta facilidad. Esta temporada Gvasalia empleó Exactitudes ―"argumentación fotográfica contra la singularidad"―, de Ari Versluis y Ellie Uyttenbroek, un catálogo de las similitudes en la forma de vestir de determinados grupos sociales a lo largo de los últimos 15 años. El resultado fueron 36 estereotipos de la moda caminando por la pasarela, desde ricachones en abrigos de piel hasta oficinistas, desde punk rockers hasta hooligans del fútbol. La palabra que más se empleó para definir el desfile fue "normal": "como gente normal caminando por la calle", "una versión de la ropa normal". Pero en medio de las crisis políticas de los últimos años, ¿qué significa realmente "normal", especialmente en lo referente a ropa masculina?

Probablemente recordarás el "normcore", un término acuñado en 2013 por la agencia de predicción de tendencias K-Hole. Hubo mucho revuelo en la prensa, pero en la práctica sobre todo consistía en llevar color caqui, sombreros de pescador y calcetines de deporte con sandalias ortopédicas. Básicamente, vestirse como Steve Jobs. Pareció esfumarse tan rápido como se había instalado por todas partes, pero no se fue demasiado lejos: se disolvió dentro del tejido de la moda contemporánea. En 2017, lo "normal" vuelve a estar al alza.

El desfile de la colección otoño/invierno '17 de Vetements incluyó las chaquetas tipo bomber y las sudaderas extra grandes tan distintivas de la marca, pero también se vieron muchos atuendos convencionalmente formales y cotidianos: pantalones, americanas, abrigos deliberadamente desgastados y deformados, como si se los hubieran robado a un oficinista de la vida real en el tren mientras iba al trabajo. 

El segundo desfile de moda masculina de Gvasalia para Balenciaga también se adentró en el código de vestimenta oficinesco. Presentó una versión en alta moda de la ropa formal normal: americanas sobre pechos desnudos, pantalones demasiado ajustados o demasiado voluminosos, chinos (deliberadamente, quizá) de tallas equivocadas, zapatillas de deporte ortopédicas reinventadas como artículo de lujo... Incluso la combinación más "normal" de una camisa de franela y una sudadera parecía forzada, extraña y desproporcionada. Después, por supuesto, también estaba la etiqueta de Balenciaga modificada para que se asemejara al logotipo de campaña de Bernie Sanders.

El logo de Sanders fue sometido a numerosos cambios de imagen durante su campaña, desde reconvertirlo en un objeto de merchandising similar al de una banda de Black Metal, hasta una falsificación no oficial de una icónica camiseta de Black Flag. ¿Por qué resultaban tan hilarantes todos aquellos juegos con el logotipo? Porque Sanders, a pesar de ser el político más progresista, era irremediablemente poco cool. Pero después, era tan poco cool que volvió a ser cool de nuevo y eso va muy en la línea del espíritu del normcore.

Gvasalia no fue el único diseñador que recurrió a las convenciones de la ropa masculina esta temporada para jugar a juegos sociopolíticos. En el desfile de Gosha Rubchinskiy en la ciudad rusa de Kaliningrado, el primer look estaba tan alejado de su habitual vestimenta de skater como te puedas imaginar: camisa azul, corbata de punto y pantalones negros. Después siguieron elegantes trajes cruzados, junto con alusiones a uniformes, tanto de gala como de campaña, o extrayendo referencias de la ropa informal de los seguidores del fútbol. Algunos looks parecían el tipo de vestimenta que llevan los policías o los militares, cosa que en un momento de creciente ansiedad por los conflictos armados y de auge del nacionalismo pareció un poco inquietante. Los sinceros monólogos de los chicos sobre sus sueños y aspiraciones que sonaban de fondo fueron un muy necesario antídoto para esos pensamientos. Como Vetements, Gosha se estaba apropiando de los códigos de diferentes tribus de gente.

Subvertir los códigos de los uniformes era la intención del diseñador de origen chino residente en Londres Xander Zhou, que también tocó como tema la figura del hombre trabajador. Empleó camisas de corte formal y chalecos de punto, aunque eran demasiado ceñidos y cortos, a veces exponiendo un poco de abdomen. Sin duda era toda una declaración, difícilmente hay algo menos masculino que un top corto. Algunos otros looks de la colección también hacían referencia al cliché masculino del trabajo manual ―pantalones de trabajo, guantes gruesos y largos―, aunque esos chicos no habrían estado fuera de lugar en una fiesta queer fetish, lo que tiño la colección de una sexualidad subversiva.

La sexualidad subversiva fue también uno de los temas que exploró Martine Rose en su regreso a las pasarelas después de unas cuantas temporadas fuera. Su desfile de la temporada otoño/invierno '17, organizado en el Seven Sisters Indoor Market, fue el lugar de debut de su particular versión de lo que sería un armario masculino lujoso. Hubo corbatas contundentes, brillantes tejidos sedosos, prácticos abrigos y esa confección tan inesperada envió todo el conjunto en la dirección de la fluidez de género. El dúo residente en Londres Cottweiler ya habían hecho un homenaje a los empleados de hotel en una colección que jugaba con el contraste entre lo práctico de la ropa deportiva y la opulenta cualidad táctil de los sedosos tops holgados: una mezcla de la obsoleta masculinidad de estilo italiano y la sensualidad más osada.

¿Por qué este torrente de versiones que mezclan la sexualidad ambigua y los códigos tradicionales de la ropa masculina? Bueno, podría parecer que hoy en día uno de los principales roles de los diseñadores de ropa masculina es desafiar las convenciones de la masculinidad y la idea de lo "normal". Lo que percibimos como "normal" es muy a menudo a través de un punto de vista blanco y conservador de lo que debería ser "normal". ¿Qué hace que un suéter o una chaqueta parezcan normales? Lo más probable es que no sean demasiado largos ni demasiado cortos y que no sean demasiado brillantes como para poder ser llevados por un tío hetero que forme parte del establishment. "Normal", en lo que respecta a la moda masculina, es un término muy político.

Hoy en día queremos creer que el tiempo del patriarcado está llegando a su fin, que se está desmoronando en todo el mundo. Pero en realidad el militarismo, el nacionalismo y el machismo político están al alza. Miramos en el interior de los lugares donde se crean las políticas y vemos un puñado de hombres blancos viejos decidiendo un futuro que no les pertenece a ellos. Por supuesto, todos ellos van vestidos con traje, con los trajes más aburridos y "normales" que podamos imaginar. Vemos la terrible corbata roja de Donald Trump en todos los medios y casi se convierte en un símbolo de terror y opresión en todo el mundo.

Resulta simbólico que los diseñadores estén recurriendo a los códigos tradicionales de la moda masculina en este momento de la historia. Podría parecer un gesto de conformismo, pero el diablo se oculta en los detalles. Por supuesto, si vas a diseñar ropa masculina para Balenciaga tienes que atraer a los hombres mayores con dinero, pero si acercas el zoom a una de las imágenes de la colección más reciente verás que, bajo un grueso abrigo, el tipo lleva medias de color burdeos. Lo mismo sucede con los flashes de piel en el desfile de Xander Zhou, el uso del color lila en el de Cottweiler, o el bolsillo de plástico transparente en una camisa azul de Gosha Rubchinskiy. Se trata de una subversión completa del look masculino tradicional.

Si los clientes que suelen frecuentar algún club gay de París de pronto empezaran a vestirse con trajes, ¿qué sucedería entonces con la norma? Arrebatar el look "normal" a quienes lo poseen significa arrebatarles también al menos un poquito de su poder. 

Recomendados


Texto Anastasiia Fedorova
Imágenes Ari Versluis y Ellie Uyttenbroek