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​los problemas del porno, las fantasías y la intimidad en la era del tinder

La nueva serie de Netflix, 'Hot Girls Wanted: Turned On', abre la cortina que oculta la verdadera situación de la industria. Ahora, su productora Rashida Jones nos ofrece una guía de cinco puntos para entender la problemática del cine para adultos.

por VICE Staff
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27 Abril 2017, 8:23am

"Así que nunca antes has estado con un tío negro", pregunta un sospechoso director de cine porno, a quien una actriz caucásica apenas mayor de edad responde tímidamente, "Creo que es algo que todo el mundo debería probar alguna vez en la vida". Director e intérprete ya están repasando los guiones para su escena de debut "IR" (expresión dentro del porno para "interracial") en un episodio de Hot Girls Wanted: Turned On, una nueva serie antológica de Netflix coproducida por Rashida Jones, Jill Bauer y Ronna Gradus. Tomando su documental epónimo de 2015 como punto de partida, esta serie de seis capítulos se articula en torno a su inmersión en el mundo del porno profesional-amateur para explorar temas más amplios, desde las camgirls, las aplicaciones para ligar y los peligros de Periscope, hasta las pocas mujeres directoras de cine porno que están empezando a derrumbar la abrumadoramente monolítica mirada masculina.

Los episodios están repletos de alarmantes estadísticas sobre el racismo, la misoginia, la desinformación y el condicionamiento sexual que el porno y la tecnología podrían estar provocando en nosotros, pero las codirectoras se alejan con inteligencia de las generalizaciones y los juicios morales. En HGW: Turned On, se presupone implícitamente que el porno y la tecnología son omnipresentes y que han llegado para quedarse, así que esta docuserie profundiza en lugar de ello en la ambivalente dinámica humana que quizá hayamos dado por sentada. Ya sea como actores, como participantes o como meros espectadores, los protagonistas de HGW deben lidiar con sus encuentros tecnológicamente mediados. ¿La relación duradera de un hombre con una camgirl es "real" o "falsa"? ¿Qué responsabilidad tiene el tío de Tinder hacia la mujer con la que tiene un encuentro casual? ¿Y deberíamos culpar a un actor o actriz porno por alimentar contenidos "degradantes" e "interraciales" si se trata de una cuestión de oferta y demanda?

Rashida Jones, que ya ha recibido su ración de comentarios negativos por rebelarse contra lo que ella considera una preocupante fusión de la pornografía y la cultura popular en EE. UU., dirige el episodio Women on Top, sobre las pocas mujeres destacables que defienden sus derechos en el ámbito del entretenimiento para adultos. Quienes se ofendieron con los comentarios iniciales de Rashida verán que no defiende una postura anti-porno o negativa con respecto a la sexualidad femenina, sino que trata de desvelar por qué la industria sigue estando tan atrás con respecto a la cultura global en su modo de retratar el deseo femenino. Conforme Hot Girls Wanted: Turned On aparece en el contenido global de Netflix, i-D charló con Jones, Bauer y Gradus sobre las principales conclusiones que han extraído de un proyecto que les hizo adentrarse en la más gris de las zonas grises.

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1. Las tendencias misóginas del porno no se van a ir a ningún lado...
Desde que Trump ocupó su puesto y sugirió que los derechos reproductivos estaban en riesgo, hemos visto una inspiradora e interseccional unión de diversos movimientos de mujeres para denunciar las actitudes arcaicas. Pero eso no ha salpicado al porno. Entre las asombrosas estadísticas que nos llegan, casi un tercio del porno de internet incluye actos de agresión, el 94 por ciento de los cuales están dirigidos a mujeres. En Women on Top, la cineasta afincada en Barcelona Erika Lust habla sobre ofrecer una alternativa a los "polvos de castigo" con su erótica basada en los comentarios que recibe de las mujeres. Hay un delicioso alejamiento de lo convencional en este episodio cuando Lust está filmando con un actor de porno mainstream y él se queda perplejo cuando le dicen que no van a necesitar que se corra, porque todo va a centrarse en el orgasmo de ella. Y aun así Lust dice que algunos la tildan de "feminazi" por su tipo de visión creativa. "El porno es el único lugar inmune a cualquier tipo de crítica cultural o política", explica Rashida. "Ves que el racismo, el sexismo, los abusos, el clasismo y todas esas cosas son absolutamente inaceptables en la sociedad en general, pero no pasa nada si las disfrazamos de fantasía, quedan protegidas por el hecho de que son la fantasía de alguien. Solo hace falta que hablemos más de ello, esa es la única manera de ampliar el espectro".

2. O a lo mejor es racismo, pero deberíamos culpar al capitalismo...
En la escena "interracial" arriba mencionada, el director da indicaciones a la mujer para que verbalice lo mareada que se siente al ver "esa enorme polla negra". Ambos intérpretes aceptan la cosificación racial porque, bueno, se benefician de ella. Para Rashida, ese instinto de hacer dinero es tan norteamericano como las camionetas tipo ranchera y las borracheras durante el spring break. "El porno es la manifestación más obvia del capitalismo", explica. "Si puede ganarse dinero, cualquier cosa puede pasar. Da igual si sacas partido de los estereotipos o de la explotación de otras personas, todo el mundo abandona su brújula moral siempre y cuando gane dinero. Es algo muy norteamericano y no creo que vaya a cambiar a corto plazo. La tarifa interracial, según la cual se paga más a las chicas por ese tipo de escenas, se ha normalizado de un modo increíble. Va a hacer falta que algún actor diga 'eso me hace sentir incómodo'. Todo se reduce a ampliar el espectro de las fantasías y de lo que hay disponible, en lugar de tratar de impedir que suceda".

3. Olvídate de la normativa. Todos debemos asumir colectivamente la vergüenza hacia el porno...
Entre otras estadísticas decepcionantes, HGW revela que más del 50 por ciento de los adolescentes norteamericanos ha recibido dos días o menos de educación sexual en el colegio. "Y si los jóvenes reciben una educación sexual tan insuficiente, lo más probable es que no conversen sobre el porno que ven", indica Ronna Gradus. "Aprenden datos muy anatómicos y biológicos. Así que es el porno el que da forma a sus guiones sexuales". Pero no esperes que la industria se regule a corto plazo, advierte Rashida. "Internet lo es todo: es bueno, es malo, es lo peor, es lo mejor, y se eluden muchas responsabilidades a todos los niveles. Las compañías tecnológicas, las compañías del porno, todo el mundo dice, 'No es nuestra responsabilidad. No podemos enseñarte a usar estas herramientas, simplemente están ahí'. Lo cual, por supuesto, es totalmente falso. Así que necesitamos hablar sobre el porno y hacer que forme parte de nuestra sexualidad, sin que se limite a ser esta oscura industria donde todo está estigmatizado y marginado", añade.

4. Puede que el futuro esté en el camming...
Solo el 3 por ciento de la gente pagó por porno en 2016, según HGW. Suze Randall, la primera fotógrafa mujer en formar parte de la plantilla de Playboy, allá por 1975, resume a la perfección el cambio de rumbo de la industria: "En mis tiempos, tardábamos tres días en preparar un artículo para las páginas centrales. Actualmente mi hija tiene que hacer tres artículos para las páginas centrales en un solo día". De modo que, ¿cuál es el futuro del porno si nadie suelta un duro? "La gente está recurriendo al camming", indica Rashida. "Tienes el control y lo haces desde tu casa, no tienes que interactuar cara a cara o estar con otros actores... Y también es mejor para fingir la intimidad, especialmente si alguien paga un dinero extra por obtener un tiempo en privado. Así que creo que el camming tiene un enorme futuro, pero no lo sé... Todo depende de si nosotros, como sociedad, somos capaces de admitir que el porno forma parte de nuestra sexualidad. Si eso sucede, la industria tendrá futuro".

5. Nuestro modo de relacionarnos ha cambiado, para bien o para mal.
En un episodio dedicado a una relación en la pantalla entre una camgirl de Hollywood y un fan australiano, el enamorado joven se pregunta si su dinámica de pareja es siquiera real. "La distinción entre falso y real está en el aire ahora mismo", afirma Rashida. "Y la tecnología no hace sino agravar ese conflicto. No quiero sonar nostálgica porque muchas cosas han cambiado a mejor. Hemos oído historias de personas que se dieron cuenta de que eran gais viendo porno y eso les ayudó mucho. Hay cosas positivas en esta libertad en torno a la sexualidad. El problema es la falta de normas. Puedes usar una aplicación para ligar y quedar con alguien, casarte, tener citas casuales... la intención de cada uno es diferente. De modo que el punto de referencia probablemente sea el común denominador más bajo, los que la usan para pasar el rato. Tenemos un profundo acceso a los demás, muchas formas de comunicarnos, pero aun así a menudo no nos comunicamos entre nosotros". Al hilo de esa afirmación, Jill Bauer añade que los participantes de HGW encontraron estimulante comprender cómo había afectado a su yo social y sexual ese enganche a las nuevas tecnologías. "Son historias complejas, no es una cuestión de blanco o negro. No puedes decir que la tecnología es mala, pero tampoco que es buena. Simplemente no tenemos las respuestas, así que las historias en última instancia nos sirven para iniciar un debate".

Hot Girls Wanted: Turned On está actualmente disponible en Netflix mediante streaming en todo el mundo. 

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Texto Michael-Oliver Harding
Fotografía cortesía de Hot Girls Wanted: Turned On / Maxine Pezim