no hay nada malo en ser 'rarito': todo lo que nos ha enseñado ‘jóvenes y brujas’

La emblemática película de los 90 celebra su 20 aniversario este año y, todavía ahora, sigue siendo un modelo contracultural adolescente.

por Marquita Harris
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05 Mayo 2016, 9:35am

En el reino de las películas de adolescentes con protagonistas femeninas hay algo que está claro: los chicos siempre serán "chicos". Muy a menudo se sitúan en el centro de toda trama cinematográfica y esto suele significar que las chicas que se enamoran de ellos lucharán con uñas y dientes para ganarse su amor y afecto a toda costa.

Cuando contemplábamos esas películas durante la adolescencia —y antes de llegar a ella—, nuestros cerebros jóvenes e impresionables absorbían esos cambios de imagen con el que las menos agraciadas de la clase lograban acabar con el chico más popular, y nos veíamos forzadas a plantearnos preguntas como, ¿sabe el chico que me gusta que existo si quiera? Según Hollywood, los problemas de una chica joven suelen ser frivolidades relacionados siempre con la mirada masculina.

Todo esto fue plasmado en su momento en una pequeña película de 1996 titulada Jóvenes y brujas, con la que su director y co-guionista, Andrew Fleming, representó todo lo que sus contemporáneos estaban dejando fuera de la gran pantalla. 

Sus heroínas —Sarah Bailey (Robin Tunney), Nancy Downs (Fairuza Balk), Bonnie Daniels (Neve Campbell) y Rochelle Gordon (Rachel True)— no tenían el pelo 'brillante' ni soñaban en convertirse en la reina de las animadoras, y tampoco hablaban de su cita para el baile de promoción. Ellas eran un grupo de brujas cuyo atractivo quedaba al margen de los estándares convencionales.  

La historia empieza con la llegada de Sarah, una joven inadaptada que se muda de San Francisco a Los Ángeles con su padre y la nueva pareja del mismo. Durante su primer día en la academia de St. Benedict, hace un truco por casualidad mientras está sentada al fondo de la clase de francés. Su compañera Bonnie presencia lo ocurrido y se da cuenta de que Sarah es la pieza que les falta a ella, Nancy y Rachel para completar su aquelarre. 

Por supuesto, la bruja líder, Nancy, se muestra escéptica, pero al final acaba accediendo. Ese mismo día, el popular Chris Hooker (Skeet Ulrich) también se fija en Sarah como nueva carne fresca, flirtea con ella y la chica se deja llevar hasta que ambos acaban prendados. Nada mal para un primer día en un nuevo instituto.

Durante la mayor parte de la película las chicas muestran un fuerte vínculo. Mientras que la mayoría de cintas del género con protagonistas femeninas incluyen una visita al centro comercial, las "brujas de Eastwick" (como las llaman sus compañeros de forma cariñosa) compran libros de hechizos, cristales y velas de la tienda de ocultismo local. 

Desde niña, Bonnie tiene unas cicatrices en la espalda a causa de una quemadura de tercer grado y ha tenido que enfrentarse a una enorme inseguridad. Rochelle es la única chica afroamericana de todo el instituto y eso la convierte en una víctima fácil para los acosos racistas y, en el caso de Sarah, su madre murió durante el parto y su culpabilidad casi acabó con ella durante un intento de suicidio. 

Por otra parte, los problemas de Nancy están en casa: la relación con su madre se ha deteriorado a causa del odio por su padrastro. Como puedes comprobar, la historia se aleja mucho de los clásicos elementos de un film para adolescentes.

Durante la mayor parte de la trama, vemos a un grupo de chicas que se unen en contra de un mundo que las rechaza por ser un poco raras. Cierto tipo de chicas adolescentes vieron en la película un claro mensaje: no te conformes con lo que la sociedad te impone porque ser diferente es lo mejor que te puede pasar.

Una de las secuencias más emblemáticas de la película es aquella en la que el conductor de un autobús les da un consejo antes de salir: "Tened cuidado con los 'raritos'" y Nancy le contesta: "Nosotras somos las 'raritas'". Esa simple frase tenía un gran significado: ellas estaban al mando y tenían muchos motivos para ser temidas. Eran conscientes de sus poderes, incluso de aquellos ajenos a sus poderes sobrenaturales.

Puede que Jóvenes y Brujas tenga momentos fuertes y extremadamente dramáticos (como cuando Fairuza Balk se desata durante su reclusión en el manicomio), pero los temas que explora representan el tipo de problemas a los que se enfrentan las adolescentes. 

Personajes como estos, con problemas de la vida real que van más allá de las paredes del instituto y la pubertad, no suelen verse representados en la gran pantalla, y ver una película en la que la que el centro de atención es la amistad femenina (y no solo el romance) fue toda una revelación. Ahora que la película cumple su 20 aniversario, todavía sigue siéndolo.

Jóvenes y brujas
Fuera de onda

no es una película perfecta, pero sirvió para que las chicas que no lograban encajar supieran que no estaban solas. Años más tarde la película destaca como uno de los clásicos adolescentes más populares de la historia del cine, junto con , Scream y Ya no puedo esperar

Incluso el vestuario —uniformes de colegio católico, boinas rosas, polos y pintalabios marrón oscuro— fueron la base de la estética del grunge de los 90. Es fácil recordar esa época y ver esa estética como algo clave, pero la película consagró el look —y la maravillosa actitud que lo acompaña— convirtiéndolo en algo emblemático.

Siendo una chica negra que estudió en un centro donde predominaban los jóvenes de raza blanca, fue muy terapéutico para mí ver en la pantalla a una chica afroamericana, que además también llevaba chokers y su afro natural. Todavía recuerdo cuando vi Jóvenes y brujas el día de su estreno en un cine abarrotado, compartiendo palomitas y chuches con mis amigas. 

Todas salimos del cine esa tarde muy seguras de nosotras mismas y gritábamos espontáneamente: "Ligera como una pluma, rígida como una tabla" cuando nos cruzábamos por el pasillo entre clases. Comparadas con nuestras compañeras —cortadas todas por el mismo patrón—, "nosotras éramos las raras", aunque no está del todo claro si lo que nos unió fue el destino o la magia negra.

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Texto Marquita Harris
Fotograma de Jóvenes y brujas

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