Publicidad

¿existe una estética que realmente empodere a las mujeres?

Angela Merkel, Theresa May, Hillary Clinton... En estos momentos, algunas de las figuras políticas con más poder en el mundo son mujeres, pero ¿por qué los medios prestan tanta atención a su estilo en lugar de hablar de su discurso político?

por Jake Hall
|
14 Septiembre 2016, 8:49am

"Viste de forma vulgar y solo verán el vestido; viste de forma elegante y verán a la mujer". Estas palabras, originalmente pronunciadas por Coco Chanel, volvieron a cobrar protagonismo en la película de 1988 Armas de mujer pronunciadas por Katherine, una ejecutiva interpretada de manera magistral por Sigourney Weaver. 

Iban dirigidas a Tess, una ambiciosa chica de pueblo que competía ferozmente por ganarse el respeto en una empresa de Nueva York dominada por hombres. Se trata de un mensaje simple y directo: si quieres triunfar, tu ropa deberá proyectar tus deseos. Esto se vino a llamar 'power dressing'un término que se utilizó en los 80 para referirse a las mujeres ejecutivas que llevaban chaquetas de traje ceñidas por la cintura, tacones de vértigo y hombreras exageradas, que por supuesto se acompañaba con un pelo de proporciones astronómicas. 

Era un equilibrio entre el glamour y la androginia que pronto perdió protagonismo cuando la moda se movió hacia el minimalismo de los 90. Sin embargo, 25 años después vemos cómo está volviendo a emerger ese look clásico, reimaginado en las siluetas arquitectónicas de Balenciaga. Pero, ¿sigue siendo el 'power dressing' una declaración política o solo una reliquia de una era pasada?

Es una duda que se plantea lejos de la pasarela, a partir de la representación que hace la prensa de Theresa May, la mujer que se ha convertido recientemente en la segunda de la historia en dirigir el gobierno británico. The Sun celebró su victoria con una portada realmente pésima con las palabras "Heel, boys" (que en inglés se pueden interpretar con un doble sentido: "Tacones, chicos" o "Venid aquí, chicos") escritas con letras bien grandes sobre una fotografía de sus tacones con estampado de leopardo 'pisoteando' a sus colegas masculinos. No es la primera vez que se han utilizado sus tacones para ilustrar artículos sobre su carrera política, pero, ¿por qué?

Lee: Por qué llevar choker es un símbolo de poder y feminidad
Lee: 'Gurls Talk': empoderamiento femenino

Fotograma de 'Armas de mujer'

El tono fetichista del titular de The Sun es evidente, y deja a May como una dominante depravada que aplasta a sus oponentes masculinos. Pero no es el único artículo que se ha centrado de forma desproporcionada en su ropa, sino que se han publicado noticias enteras sobre sobre su abrigo con diseño de estilo 'color block', sobre un vestido ajustado de Roland Mouret que llevó a un evento y el mismo The Sun publicó un artículo recogiendo sus momentos más elegantes. ¿Por qué no ocurre lo mismo con sus homólogos masculinos?

Se trata de un claro caso de doble moral en el mundo de la política. Es verdad que esa foto de Corbyn en chándal dio mucho de qué hablar, pero la prensa se explaya mucho más con el estilo de las mujeres políticas y de las esposas de los políticos. Los parámetros de la vestimenta formal de los hombres son bastante estrictos, no hay mucho que decir sobre un traje y una corbata. Sin embargo, el vestuario de una mujer da mucho más juego para la expresión personal y se analiza largo y tendido porque pensamos que podemos decidir si una mujer es apta o no para su puesto basándonos en su ropa.

Hillary Clinton se ha tenido que enfrentar a tales escrutinios durante toda su carrera política, a menudo viendo su discurso político ensombrecido por la fijación en su coloridos atuendos. Vanessa Friedman de The New York Times apuntó este año que Clinton había conseguido por fin desviar la atención de su estética "dejando a todo el mundo sin palabras" con una serie de atuendos indescriptibles, lo que inevitablemente hace que nos preguntemos, ¿por qué se da siempre por hecho que la moda y la política son mutuamente excluyentes?

Imagen vía @hillaryclinton

Quizás es algo que viene del hecho de asumir que la moda es superficial, una preocupación estética que resta valor a los asuntos realmente importantes. Esto, en última estancia, no es cierto. Nunca debería considerarse un tabú el examen de cómo un determinado vestuario puede distorsionar la percepción pública; de hecho, vale la pena señalar que muy poca de la cobertura que se ha dado a Theresa May se ha centrado en aspectos claramente negativos y son varios los editores de moda que han alabado su habilidad para vestir de forma inteligente y elegante. 

Robb Young destacó la intersección entre dos campos en su libro de 2011 Power Dressing: First Ladies, Women Politicians and Fashion, una exploración concisa sobre cómo mujeres como Winnie Mandela, Michelle Obama y, por supuesto, Margaret Thatcher se comunican a través de la moda.

Pero, ¿cómo se relaciona todo esto con el 'power dressing'? Dicho en pocas palabras, el estudio del estilo del poder femenino se ha diversificado desde los 80 porque ahora hay muchas más mujeres en el poder. La aportación de Gareth Pugh a esta tendencia vino acompañada de máscaras de Hannibal Lecter y una banda sonora del Corporate Cannibal de Grace Jones, lo que resultó en una exploración extraña pero alucinante de estas mujeres poderosas que, por cierto, estaba en gran parte inspirada por Hillary Clinton.

Por otra parte, el 'power look' de dos piezas de Demna Gvasalia para Balenciaga pareció ser una extensión natural de las siluetas esculturales que la dieron a conocer. Algo que quedó probado con el hecho de que el traje era un complemento más en una colección que también incluía chaquetas acolchadas. Había una continuidad en la estética, pero no necesariamente en el concepto. 

Fotograma de 'La dama de hierro'

A pesar de filtrarse claramente a través de una lente exagerada, son ejemplos de la moda como observación cultural, no es una coincidencia que la discusión que rodea el poder femenino haya vuelto a surgir sobre la pasarela ahora que mujeres como Theresa May, Angela Merkel y Hillary Clinton están consolidando su posición como las figuras políticas con más poder del mundo.

Sin embargo, estas colecciones no reflejan necesariamente el 'power dressing' de hoy en día, sino que sus siluetas arquitectónicas y presentación extrema resaltan que las hombreras y los trajes de chaqueta con falda se encuentran firmemente anclados en el pasado. Las mujeres que realmente se encuentran en el poder en la actualidad pueden tanto conformarse con estos trajes chaqueta tradicionales como apostar por su feminidad, como Theresa May, que se niega a dejar de lado sus tacones de leopardo y abandonar su ropa de diseñador.

Luego tenemos a Michelle Obama, una mujer que utilizó de inmediato su plataforma para poner bajo el punto de mira a sus diseñadores favoritos y que consiguió desarrollar un estilo sorprendente durante el proceso. Al final las mujeres son criticadas por lo que hacen y por lo que no hacen. La prensa suele utilizar a menudo el interés por la moda para restar importancia a la capacidad política, y además las mujeres que cuidan de su silueta y se ciñen a la estética original se consideran matriarcales y desfasadas. 

En última instancia, la ropa -si se usa de la forma correcta- puede ser un arma muy poderosa para una mujer y parece que aquellas que se encuentran en el poder hoy en día están tomando conciencia de este potencial, siguiendo sus instintos en el mundo de la moda para presentarse como personajes tanto elegantes como profesionales. Puede que de vez en cuando leamos un titular sexista, pero no parece que esta cultura de la vergüenza nos vaya a llevar de vuelta al 'power dressing' original.

Recomendados


Texto Jake Hall
Campaña Balenciaga o/i'16. Fotografía Mark Borthwick