explorando la escena punk de birmania

Entrevistamos al director del documental que descubre a los punks que revolucionaron la sociedad luchando contra la dictadura militar en Birmania.

por Felix Petty
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24 Marzo 2015, 7:18pm

Son malos tiempos para el punk; en muchos lugares se ha convertido en una caricatura de lo que un día fue, especialmente si nos referimos a esa moda de pantalones bondage, chaquetas de cuero y crestas de 20 centímetros. Puede que Sid Vicious o Joe Strummer se retorciesen en su tumba si viesen que el punk se ha convertido en una forma de rebelión sin sentido para adolescentes aburguesados.

Es alentador ver que en algunos lugares esa energía revolucionaria y anti-sistema todavía no se ha extinguido. Un buen ejemplo es Birmania, una ex colonia británica que, hasta 2011, había sido gobernada bajo una dictadura militar durante 50 años. Allí, el punk rock ha estado desafiando el status quo de una nación conservadora. 

En una sociedad profundamente religiosa y conformista -donde la moda y la música se limitan en gran medida a las tradiciones budistas y donde el templo es el corazón de la vida- un grupo de punks han estado defendiendo la democracia y manifestándose contra los abusos a los derechos humanos y la libertad. Este movimiento no surge en el país hasta los años 90, y realmente no llega a ser un hecho hasta la Saffron Revolution en 2007, donde cientos de manifestantes desarmados fueron asesinados por los militares. Los punks se alinearon a favor de Aung San Suu Kyi para la reforma, e influenciados por grupos como The Clash, Sex Pistols o The Ramones comenzaron a elaborar un mensaje revolucionario nihilista en contra de la situación política de Birmania.

Yangon Callin -que se estrenará en el Festival de Cine Asiático de Londres- se adentra en la escena underground de la antigua capital colonial de Birmania, Rangún, para hablar con los punks de la calle. Muestra cómo se organizan, sus conciertos, grabaciones musicales y el impacto que representan para la sociedad del país. Hablamos con Alexander Dluzak, uno de los cineastas responsables del proyecto. 

¿Cómo llegaste a la escena punk birmana y qué te motivo para comenzar a filmarla?
Fue en 2009 cuando viajé por primera vez a Birmania con mi novia. Estábamos en Rangún y de repente vi a uno de estos chicos que parecía venir directamente de los años 80. No había visto nada parecido desde hacía 20 años. Estaba fascinado porque no me imaginaba un movimiento de este tipo en un país que estuvo aislado durante tantos años. Cuando llegué a Berlín quise investigar sobre el asunto y encontré un vídeo grabado con un télefono móvil de un concierto punk en Birmania. Contacté con el autor y ahí empezó todo. Primero sólo mantuvimos contacto por correo electrónico, y me habló sobre lo que estaba sucediendo. Tiempo después mi compañero Carsten y yo volamos hasta allí con visado de turista, puesto que en el país no querían periodistas. Esa fue la razón por la que rodamos con cámaras baratas: siempre existía el miedo de que alguien nos descubriese y todo se fuera al garete.

¿Qué es lo que te interesa? ¿Su pasión por la música o cómo se adueñaron del punk para defenderse de una dictadura militar?
El punk es una cultura joven y rebelde y Birmania en aquel momento estaba bajo una dictadura militar, es ese el contraste que realmente nos ha fascinado. No habría sido lo mismo si hiciésemos esta película en Bélgica, por ejemplo. Los primeros LPs no llegaron allí hasta los 90, y por aquel entonces el punk ya estaba prácticamente muerto en el Reino Unido. Estos chicos hacen algo increíble en un país en el que apenas tenían libertad, y creo eso es algo digno de mostrar. 

¿Qué relación tienen con la escena de EEUU y del Reino Unido?
Ellos tienen más facilidades ahora: Internet lo ha cambiado todo. Pueden meterse en Youtube y ver vídeos de punks occidentales, sobre todo los que están surgiendo ahora en el Oeste de Londres. Creo que para los occidentales, estos tipos resultan exóticos y honestos.

¿Qué dificultades tienen en Birmania? La dictadura ha terminado pero, ¿la policía les persigue? ¿Les resulta complicado organizar conciertos?
Todavía es muy difícil. Por un lado tienen una situación política donde todo tipo de reuniones o espectáculos públicos están muy restringidos: siempre necesitas permiso. Así que lo hacen ilegalmente ocupando almacenes abandonados. Por otro lado, viven en una sociedad muy conservadora donde su estilo y comportamiento es poco frecuente. Existe mucha crítica e incomprensión, la gente les ve y piensan: ¿Por qué visten tan raro esos chicos?

Su compromiso con la moda es increíble…
Bueno, hay que tener en cuenta que van 30 años atrasados con respecto a nosotros porque todo comenzó tarde allí. Ahora mismo es como si fuese 1982 o algo así. Pero es obvio que les encanta llamar la atención porque es un estilo de vida para ellos, y su atuendo es una manera de mostrar su resistencia a la sociedad y al gobierno.

¿Hay una posición política homogénea en el movimiento?
Son jóvenes frustrados y cabreados, la mayoría son partidarios de la Liga Nacional por la Democracia, y Aung San Suu Kyi es su líder. Gran parte de sus letras son políticas, su misión es despertar a la juventud y difundir su mensaje a través de la música. 

Dijiste que tu primera vez en Birmania fue en 2009 -antes de que la dictadura terminase- y volviste después. ¿Cuánto había cambiado el país?
Fui de vacaciones en 2009 y comencé a rodar el documental en 2011, todavía bajo el gobierno de la dictadura militar. Ahora hay mucha más libertad; sigue habiendo censura, pero no llega a los límites de aquella época. La gran diferencia se encuentra en los negocios: abrir una empresa en Birmania antes era casi impensable y hoy en día es mucho más fácil. Pero el activismo político todavía está muy perseguido. Se dan manifestaciones que acaban a golpes entre activistas y antidisturbios. Ha habido algunos cambios, pero me temo que pasará un tiempo hasta que haya algo parecido a una democracia real. No soy experto en política, es sólo mi impresión, y los punks de la película tampoco parecen estar seguros acerca de ella. 

Aquí puedes ver un tráiler del documental

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Texto Felix Petty
Fotografía Matt Grace

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