Zac Efron es Ted Bundy en 'Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile'

ted bundy: ¿por qué la gente siente atracción por un famoso asesino en serie de los 70?

La película de Ted Bundy revive un debate en redes sociales que existía mucho antes de Internet: el extraño fenómeno de la fijación romántica o sexual hacia los asesinos famosos.

|
06 febrero 2019, 10:13am

Zac Efron es Ted Bundy en 'Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile'

¿Está bien enamorarse de un asesino en serie? ¿Incluso uno muerto hace mucho tiempo? ¿Incluso si lo interpreta un supersexy Zac Efron en una película?

La mayoría de nosotros probablemente diríamos que no, pero Internet parece estar dividido cuando se trata del tema, para bien o para mal. Ted Bundy, un famoso asesino en serie estadounidense de la década de los 70, se ha convertido este año en el protagonista de una miniserie documental de Netflix y de un largometraje. El director Joe Berlinger, que siempre ha mostrado interés en el género del crimen basado en hechos reales (su último documento fue sobre Whitey Bulger), es quien está a cargo de ambos proyectos.

Recientemente, se estrenó en Sundance la película de Berlinger, titulada Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile [que significa "extremadamente malvado, sorprendentemente perverso y vil"] y protagonizada por Zac Efron en el papel de Bundy, así como el documental de cuatro capítulos de Netflix, The Ted Bundy Tapes. Ambos han reiniciado una conversación en las redes sociales que existía mucho antes de Internet: el extraño fenómeno de la fijación romántica o sexual hacia los asesinos famosos. Algunas mujeres tuitearon fotos del verdadero Bundy calificándolo de "tío bueno", y fueron automáticamente criticadas. Algunos llegaron al punto de afirmar que alguien tan popular como Zac Efron nunca debería haber sido elegido como Bundy, temiendo el hecho de que los adolescentes lo encuentren atractivo en ese rol. Esto es una tontería, sobre todo porque el culto al amor entre figuras como Bundy no es nada nuevo: recibió cientos de cartas de amor en prisión mientras estaba vivo, y sigue siendo objeto de fascinación en algunos parajes de Internet.

Algunas personas en Twitter pusieron en el foco de debate el tráiler del film, pues el protagonista parece despertar una atracción fatal entre los espectadores. Después del éxito de El lobo de Wall Street, apareció una ola de películas protagonizadas por hombres "desagradables" que no han conseguido ni por asomo el ingenio o la sutileza de la cinta de Scorsese. Todavía no podemos decir con total seguridad que Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile será el film que marque la diferencia, pero el documental de Berlinger no tarda ni diez minutos en mencionar la belleza y afabilidad de Bundy.

Redes sociales como Tumblr han permitido que algunos de estos "asesinos en serie fetiche" se conviertan en objeto de los "fandoms", como en el caso de Ted Bundy, que ha florecido en el relativo anonimato de Internet. En esos parajes se llega a discutir sobre los relativos méritos del cabello de los diferentes violadores en serie, llegando a dibujar tiras cómicas de ojos grandes del asesino caníbal Jeffrey Dahmer, sustituir sus caras por las de personas como Bundy en sus selfies y crear collages repletos de emoticonos de corazones y coronas. Algunos lo atribuyen a una inclinación psicológica conocida como "hibristofilia": mujeres que se sienten atraídas por hombres que han cometido actos excepcionalmente violentos como la violación y el asesinato. Se trata, principalmente, de una versión extrema de situaciones que la mayoría de nosotros hemos vivido alguna vez: atracción por los hombres que son "malos", mujeres con complejo de salvadoras o un instinto animal que hace que los hombres dominantes y físicamente abrumadores sean atractivos.

Todas estas cosas pueden provocar una potente y peligrosa adicción en el hibristófilo. Sin embargo, la mayoría de las mujeres jóvenes que hablan de Ted Bundy en Internet probablemente no entren en esta categoría. Para estas adolescentes, los asesinos en serie son figuras de fantasía total. Dado que estos asesinos famosos están muertos o encarcelados, los perciben a una distancia segura. Y son mucho más perturbadores que tu crush adolescente; qué aburridos deben parecerte los hombres si tu tipo es un asesino psicópata. Y de manera crucial, a diferencia de un hibristófilo, la mayoría de estas chicas correrían diez kilómetros sin parar si se tuviesen que enfrentar a los peligros de un hombre como Bundy.

Aún así, The Ted Bundy Tapes es innegablemente convincente. Presenta una serie de conversaciones con Bundy grabadas en 1980 en la prisión estatal de Florida, conducidas por el periodista y coproductor de la serie Stephen Michaud. En el transcurso de los cuatro episodios, la serie describe cronológicamente la historia de la evolución de Bundy, que pasó a ser un estudiante de derecho educado a un brutal asesino sexual. También retratan su aprehensión, cómo escapa de la prisión y el circo mediático que se formó en torno a su juicio final. El documento se construye de manera bastante típica para este tipo de historia, utilizando la voz en 'off' de Bundy combinada con cabezas parlantes en forma de varios oficiales de la ley, psicólogos y abogados, entre otros.

Berlinger y su equipo, en particular, exponen la mayor parte de las aportaciones de los supervivientes o de las familias de las víctimas; lo que hace que, en el mejor de los casos, se centre en lo nauseabundo que es Ted Bundy. La película no pone excusas ni se muestra amable ante los crímenes cometidos, pero también toma una táctica que construye el personaje de Bundy como un alma dañada, problemática y carismáticamente manipuladora. Me pregunto si Berlinger quiere que sienta algo por este hombre, pero incluso usando al máximo mi capacidad empática, no creo que sea posible.

También resulta molesto la forma en que se tratan a los personajes que hablan ante la cámara, como si no fueran más que fuentes directas y objetivas. Cerca del comienzo del segundo episodio, una detective afirma que las nuevas libertades del movimiento feminista de la segunda ola permitieron la existencia de hombres como Ted Bundy. A pesar de lo que quiere decir con el comentario, el hecho de que no se cuestione ni se analice resulta poco profesional. En cuanto a las propias víctimas, tampoco profundizan mucho: lo que nos queda claro es que estas jóvenes, en su mayoría de veintitantos años, eran atractivas, similares y murieron de forma horrible. La única mujer cuya historia analizan en profundidad es Carol DaRonch, que tenía 18 años cuando logró escapar de uno de los intentos de secuestro de Bundy. Las menos afortunadas que no lograron sobrevivir se presentan como fugaces imágenes en blanco y negro.

Para las mujeres jóvenes que son verdaderas fans del mundo del crimen, yo incluida, este tipo de documental es un enigma. Por más fascinante que sea la historia, no dejan de ser cuatro horas de película documental sobre un hombre que secuestró a mujeres en parques soleados o en ascensores de hotel. No nos identificamos con el hombre preocupado y sus insignificantes excusas sobre su amor por el porno violento. Nos identificamos con la paranoia de estas mujeres cazadas y su terrible vulnerabilidad; una pesadilla hecha realidad.

¿Qué lleva a una adolescente —no muy lejana en edad a las víctimas de Bundy (que en su mayoría tenían entre 18 y 22 años)— a publicar en Tumblr o Instagram un texto que asegura que Bundy fue "mal interpretado"? ¿Dónde está su empatía o su capacidad de sentirse identificadas con las docenas de chicas que fueron brutalmente asesinadas por estos hombres monstruosos? Cuánto de esto es culpa de una película o de una serie de Netflix ha sido tema de debates en el arte y la moral desde tiempos inmemoriales. Ted Bundy Tapes no es el tipo de película que hace mucho por evitar el "fandom" en torno a figuras como estas, pero tampoco ninguna obra de arte debe responder a las respuestas que puede generar.

Puede que no sea exclusivo de Ted Bundy ni de la Generación X ni de Internet, pero todo el concepto del fanatismo hacia el asesino en serie plantea preguntas importantes. Nos hace cuestionarnos cómo nuestra cultura crea un espacio donde las mujeres jóvenes se sienten más cómodas "defendiendo" al asesino masculino que sintiendo pena por la víctima femenina. O cómo la creación mediática del villano superestrella sigue siendo en gran parte dominio de los hombres.

No creo en la representación policial en el arte, y no creo que los inquietantes temas presentados a una audiencia engendren asesinos imitadores o una horda de chicas adolescentes con atracción a los asesinos. Creo que en 2019, el material que excluye otros puntos de vista para deificar a un asesino en serie famoso —o que alienta a su público a pensar y decantarse por el asesino más que por las vidas robadas de sus múltiples víctimas— resulta demasiado desfasado y, en definitiva, no muy valioso.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.