estos nuevos hippies han creado una utopía secreta en la costa británica

Todos los veranos, una comunidad de espíritus libres se congrega en un remoto lugar protegido del este de Inglaterra para celebrar una rave espiritual de seis semanas. La fotógrafa Lucy Ridgard comparte imágenes de un verano junto a las dunas.

por Alice Newell-Hanson; traducido por Eva Cañada
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21 Septiembre 2017, 9:50am

Este artículo apareció originalmente en i-D US.

Algunas partes de East Anglia ―situada en el extremo oriental de Gran Bretaña― todavía parecen salvajes. Los pantanos se convierten en dunas lanudas y amplias playas donde hace tanto viento que siempre estás en peligro de perder algo. Es junto a una de esas playas donde todos los años una comunidad de amigos y familiares se reúne para pasar el verano. Llegan en furgonetas que tiran de caravanas personalizadas pintadas a mano y montan salas de estar en el campo, creando un asentamiento improvisado que se extiende hasta el mar.

"Puedes ir y hacer cualquier cosa sin preocuparte de que nadie acampe junto a ti", explica la fotógrafa Lucy Ridgard, que estuvo fotografiando allí este verano. Habla de una mujer mayor que utiliza su hula-hoop sobre las dunas, un hombre que lleva su mascota ―un pájaro― sobre el hombro y una mujer conocida como el Sheriff que impregna los campos de salvia para eliminar el "mal yuyu".

El campamento es como un festival de música, pero sin los escenarios y la infraestructura, explica Ridgard. Está localizado en tres campamentos diferentes con distintos niveles de intensidad. El primer campamento es una rave incesante donde los aparatos de música no dejan de emitir drum and bass a todo volumen, el segundo es como una fiesta más apta para toda la familia y el tercero es muy tranquilo. Ridgard afirma que el espíritu es anarquista ("como si Christiania se fuera de acampada").

Pero aparte del momento en que un lavabo portátil se prendió fuego y la policía se acercó desde una localidad cercana, la reunión siempre es apacible. "Es una comunidad muy estrechamente unida. Todo el mundo de algún modo busca la compañía de los demás". Los niños pueden correr por ahí como podrían haberlo hecho en los 70, junto a perros y gallinas de la granja que hay justo al lado.

"Es salvaje, pero está vinculado a la espiritualidad y a ser uno con la Tierra", indica Ridgard. "Los amaneceres son bellos y el cielo está tan despejado por la noche que vimos una lluvia de meteoritos este año". Una manada de focas vive en la playa ―añade― y una de ellas a veces nada junto a la gente en el mar.

Ridgard reside ahora en Londres, pero creció en Suffolk, donde muchas de las familias de sus amigos vivían en comunas fundadas en los 80. "Íbamos a las fiestas de las comunas", recuerda. "Gran parte de mi obra está relacionada con el tiempo en que crecí y con aquella escena en la que nos movíamos". Oyó hablar del campamento en la costa a través de unos amigos. "Todo el mundo se conoce de algún modo u otro. Son definitivamente personas que podrían haber sido hippies en los 60 y los 70".

El campamento fue establecido hace aproximadamente 25 años por una mujer llamada Dee y, desde su fallecimiento, ha estado supervisado por una pareja de hermanos gemelos (en nombre de un granjero que es el propietario de los terrenos). Como la reunión es semiilegal, dura tanto como es posible antes de que el ayuntamiento de la localidad pueda emitir y procesar todo el papeleo necesario para cerrarlo, que suelen ser en un plazo de unas seis semanas. Pero más que a las autoridades, los campistas temen que el evento se vea amenazado si su localización se conoce demasiado o si los terrenos cambian de dueño.

Los campistas accedieron a que Ridgard tomara las fotos a condición de que no compartiera el nombre del emplazamiento. La gente no empezó a abrirse hasta que se extendió la voz de que había jurado secretismo, afirma. "Caminando por ahí y haciendo fotos acabé conociendo a todo el mundo, la gente me contaba sus historias". Una mujer a la que fotografió, Jess, fue modelo para i-D a principios de los 90. Desde entonces ha estado viajando con un circo. Ridgard conoció a un activista llamado Will que había convertido su remolque para caballos en su espacio para vivir y lo había conducido desde España, donde reside el resto del año. Incluso había una mujer que viajaba todos los días desde su trabajo como enfermera en una ciudad cercana hasta el campamento.

"Hay un montón de habituales", dice Ridgard, que ha visitado ella misma el campamento múltiples veces. "Una mujer con la que hablé me dijo que empieza a planear el siguiente verano en el mismo instante en que se va".

Un día se topó con un hombre sentado en un campo que le dijo, "Todo el campamento se tambalea". Y añadió, "La gente ha concebido a sus hijos en estos campos, incluso los perros fueron concebidos y nacieron aquí". Ridgard admite que ambas afirmaciones son probablemente ciertas: seguramente la hierba se habrá visto infundida de humo de marihuana, dice entre risas. Y la reunión es una experiencia totalmente multigeneracional.

Ridgard espera volver al campamento el verano que viene, para hacer más fotos y recopilar más historias. Finalmente, espera que el proyecto se convierta en un libro o en una exposición. Pero, una vez más, solo a condición de que pueda salvaguardar la ubicación del campamento. "'Por favor, no digas dónde está', me decía la gente una y otra vez".


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