greta thunberg por harley weir: conoce a la chica que cambió el mundo

La determinación de una niña por tratar de detener la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad ha desatado un movimiento mundial de huelgas juveniles. Greta Thunberg, de 16 años, es la voz de una generación.

por Clementine de Pressigny
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23 Abril 2019, 9:38am

Esta historia aparece originalmente en 'The Voice of a Generation Issue', nº 356, verano de 2019. Puedes encargar el nuevo número aquí.

El filósofo Timothy Morton acuñó el término "hiperobjetos" para referirse a cosas que son parte de nuestras vidas; cosas de las que formamos parte, pero que luchamos por entender. El calentamiento global es un hiperobjeto: es un día demasiado caluroso en febrero en Londres; es un ciclón en Mozambique; es el hecho de que nuestras emisiones de carbono se han agravado en los últimos 25 años. Los hiperobjetos, como el cambio climático, desafían nuestra comprensión de lo que es una "cosa" en el mundo, pueden alterar nuestra comprensión del lugar que ocupa la humanidad en el planeta. Pero no son abstractos, vagos o distantes. Están aquí, y estamos viviendo a través de ellos.

Mañana del viernes 22 de marzo en Estocolmo, la semana después de la huelga estudiantil a nivel global, en la que más de 1,4 millones de estudiantes de todo el mundo abandonaron la escuela durante un día para exigir que su futuro y el del planeta estuviesen protegidos. Fue una de las fechas más importantes para el activismo climático, y fue desencadenado por una niña.

En un día despejado en las afueras de Riksdagshuset, el edificio del parlamento de Suecia, y una multitud de unas 15 personas —algunos adultos, algunos menores— se reúnen en pequeños grupos junto al canal de agua de Lilla Värtan. El viernes pasado había 15.000 jóvenes aglutinados en esta pequeña parte de la ciudad. Antes de llegar a la pequeña multitud, lo primero que veo es la pancarta de Greta Thunberg apoyada contra un árbol, reconocible al instante por cualquiera que haya estado siguiendo la huelga desencadenada por la joven de 16 años. Una pieza de madera contrachapada pintada de blanco, con letras negras que dicen "Skolstrejk För Klimatet" [Huelga escolar por el medio ambiente]. Greta retiró la pancarta original hace un tiempo; estaba hecha polvo tras sobrevivir a los meses de invierno.

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Apoyada contra el muro de hormigón que bordea la Lilla Värtan está la misma Greta, vestida con su ya mítica chaqueta color violeta, pantalones para la nieve en rosa brillante y botas de goma. Su vestuario es limitado; no quiere cosas nuevas. Le ha pedido a sus padres que no le compren regalos de Navidad o de cumpleaños. Greta parece pequeña para su edad; su rostro es angelical pero severo. Está flanqueada por dos personas: Helena, una voluntaria que se dedica a gestionar las numerosas solicitudes de medios que Greta recibe, y un hombre alto que prefiere que no se le mencione, que también es voluntario los viernes para apoyar a Greta. Se acerca a los alrededores tratando de evitar que la multitud agobie a la pequeña activista medioambiental. Todos quieren hablar con Greta, todos quieren una foto con ella. El hombre que la acompaña conoció a Greta durante sus primeros días de huelga, en agosto de 2018, cuando se negó a ir a la escuela durante tres semanas antes de las elecciones suecas, totalmente consternada por el cambio climático y el rechazo de quienes están en el poder de brazos cruzados. Se inspiró en los alumnos del Marjory Stoneman Douglas High School en Estados Unidos, que salieron de clase en protesta por las leyes de armas de fuego después de que 17 niños fuesen asesinados. En aquel entonces no había manifestaciones. "Todos me ignoraron, nadie me miraba", dice Greta sobre esas primeras semanas.

Su padre, Svante, se acerca y Greta, sin sonreír, le pregunta qué está haciendo allí. Es la mítica reacción de una adolescente cuando un padre se entromete en sus cosas. Pero también podría ser por precaución: aquellos que quieren dañar el movimiento han tratado de desacreditar a Greta, diciendo que es una títere de sus padres o de alguna organización con intereses detrás. "La gente siempre me pregunta que quién maneja a Greta", dice Helena. "¡Nadie maneja a Greta! Ella se las arregla sola".

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"Lo que necesitamos desesperadamente es un nivel apropiado de conmoción y ansiedad con respecto a un trauma ecológico específico; de hecho, el trauma ecológico de nuestra era, lo que define al Antropoceno como tal", escribe Timothy Morton en su libro Hiperobjetos: Filosofía y ecología después del fin del mundo. La profunda sensación de shock que Morton pide es lo que Greta sintió a una edad muy temprana, después de saber más sobre el cambio climático en la escuela. "Cuando tenía ocho o nueve años, los profesores nos hablaron de los efectos de los gases de efecto invernadero y las capas de hielo que se derriten", explica Greta. "Nos mostraron imágenes de plásticos en el océano, osos polares hambrientos, deforestación. No podía dejar de pensar en todo eso. Se quedó atrapado en mi cabeza. Pensé que era muy triste porque a nadie parecía importarle lo que estaba pasando. No podía entender cómo las personas podían, por un lado, decir que les importaba el cambio climático y que era muy importante, y luego no hacer nada al respecto", asegura la activista y nominada al Premio Nobel de la Paz.

Greta fue diagnosticada con el síndrome de Asperger cuando era una niña, y le atribuye al Asperger el motivo por el que se sentía incapaz de moverse de la forma en que la mayoría de nosotros podemos. Como explicaba Greta en su charla TED del año pasado, para ella, como para la mayoría de los que tienen este síndrome, las cosas son blancas o negras. El hiperobjeto es simple para ella: esta es la amenaza más grande a la que la humanidad se ha enfrentado jamás, y tenemos que actuar en consecuencia. "Si se te está quemando la casa, no te quedas ahí sentado hablando sobre lo bien que quedará cuando la reconstruyas", dice ella. "Cuando se te está quemando la casa, tratas de ponerte a salvo, asegurarte de que todos están bien y llamas a los bomberos. Esa es la mentalidad que deberíamos tener".

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Después de darse cuenta de los efectos que tendrá el calentamiento global en nosotros, la vida de Greta cambió. "Me deprimí. Fue por muchas razones, pero una de las razones principales fue a causa de la crisis climática y el medio ambiente. Caí en depresión cuando tenía 11 años. Dejé de hablar, dejé de comer y dejé de ir a la escuela. Dejé de divertirme. Dejé de sonreír".

Aunque Greta no podía ir a la escuela en ese momento, algo bueno surgió de su tiempo libre: logró crear un cambio en su hogar. Por aquel entonces, sus padres tenían poco conocimiento de la crisis. "Cuando empecé a estar en casa todo el tiempo, mis padres tuvieron que quedarse en casa cuidándome. Entonces fue cuando empezamos a hablar. Les conté mis preocupaciones sobre el clima y el medio ambiente y, por supuesto, actuaron como cualquier otro padre: dándome palmaditas en la cabeza y diciendo que todo iría bien. Pero luego, después de un tiempo, cuando seguí adelante, mostrándoles artículos, informes, gráficos, entendieron el estado de emergencia. Se quedaron sorprendidos de lo grave que era la situación. Les hice sentir muy culpables por su estilo de vida". La madre de Greta era una cantante de ópera de éxito que actuaba por todo el mundo, pero, siguiendo el ejemplo de Greta, ha cambiado por completo su rutina. Cogen trenes cuando tienen que viajar. Sus padres son veganos, como Greta, y han reducido al máximo posible la compra de nuevos productos. Aunque Greta señala rápidamente que la diferencia que puede hacer una persona en términos de emisiones es minúscula, y que depende de los gobiernos y las empresas seguir la guía del IPCC si queremos evitar una catástrofe total, ella prefiere vivir de una manera que minimice su impacto en el planeta.

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Desde su ascenso a la fama mundial tras el movimiento que ha desencadenado, Greta ha sido invitada a hablar con políticos de todo el mundo. Solamente en el último año, ha dado un discurso en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, ha sido nominada para el Premio Nobel de la Paz y le ha reclamado a los ciudadanos más ricos del mundo que rindan cuentas en el Foro Económico Mundial. "Observé cómo funciona el mundo y me di cuenta de que no tenemos las cosas bajo control. A menudo te das cuenta de lo que hacemos, de que hay políticos que lo intentan, pero he hablado con muchos políticos que ni siquiera saben lo que están haciendo, lo que está pasando. Parece que están muy perdidos".

A medida que va pasando el día, la multitud alrededor de Greta crece. "Solían ser, en su mayoría, personas mayores", dice Helena, pero últimamente son muchos más jóvenes los que se suman a pasar aquí el día. Hoy hay un grupo de niños de 11 años de la Escuela Örjanskolan, a unas dos horas de Estocolmo, sentados los unos al lado de los otros, apoyados contra el puente de hormigón. Su profesora, Anja, los ha traído aquí para apoyar a Greta como parte de un proyecto que están haciendo sobre el cambio climático. Anja muestra la pancarta que han hecho los chicos. Asegura que no se dio cuenta de lo serio que era el cambio climático hasta que descubrió a Greta. Un grupo de niños que caminan al otro lado de la vía fluvial gritan: "¡Hola Greta!". Cerca de un grupo de hombres de unos sesenta años aparecen con carteles alrededor del cuello que dicen "Hombres viejos que piensan en el cambio climático". Quieren decirle a Greta que lo sienten; saben que son parte de la generación que lo arruinó todo. Tres chicos adolescentes altos esperan pacientemente la oportunidad de hacerse una foto con ella. Ella acepta y se acerca sonriendo a la cámara. Una mujer se le acerca y le da una rosa, y luego rodea a Greta con los brazos. Otras personas con objetivos exageradamente grandes empujan a la gente para conseguir una imagen nítida de Greta, disparando sin fin. Su guardaespaldas le pide a la multitud que retroceda un poco, pero todos quieren un trozo de ella. Sus compañeros, sin embargo, le dan espacio. Un grupo de adolescentes que han venido para ayudar a Greta se sienta en círculo a comer el almuerzo. Se conocieron hoy, pero ya hay mucha conexión entre ellos. Están sentados y charlando tranquilamente. Entre ellos se encuentra Esther, de 16 años, que se ha unido hoy en su primera huelga. Sus amigos no se unieron a ella porque no están de acuerdo en que el calentamiento global sea un gran problema, pero a ella le apasiona la lucha.

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Pasaron tres semanas después de la huelga escolar cuando Greta se dio cuenta de que necesitaba seguir impulsando a la gente. "Pensé, ¿por qué debería parar ahora que la gente me está escuchando? Si me detuviese, parecería que todo había terminado. Así que decidí seguir manifestándome todos los viernes. Nunca imaginé que iba a ser algo tan grande. No pensé que a la gente realmente le importara. Pero creo que hay mucha más gente de lo que pensaba a la que le importa; este es un movimiento que estaba esperando a salir a flote”.

Mientras que sus detractores dicen que los estudiantes solo buscan una excusa para no ir al colegio, si hablas con los niños que se han unido a la huelga, está claro que están muy preocupados por su futuro y frustrados por su falta de poder e incapacidad para votar. Esta es la generación que está comenzando a sentir realmente el trauma ecológico, que vivirá a través de él. Han nacido en una era de profunda angustia medioambiental, y no son capaces de olvidarse de este problema como lo han hecho las generaciones anteriores. Lo ven aquí y ahora. No como una entidad separada "de fuera", sino como parte de ellos, parte de la trama de sus vidas.

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Greta todavía está tratando de entender en qué se ha convertido su lucha. "Realmente no puedo entenderlo. Después de la huelga estaba tan cansada que no podía pensar con claridad, así que al día siguiente me senté a mirar fotografías de las huelgas de todo el mundo. Es difícil asimilarlo, pero había cientos de miles de jóvenes gritando en ciudades de todo el mundo".

Greta tiene un mensaje para sus compañeros huelguistas: "Necesitamos continuar presionando a las personas en el poder y decir que no pararemos hasta que hagan algo. Porque sí, hemos logrado mucho. Hemos reunido a mucha gente. Pero las emisiones siguen aumentando, así que no hemos tenido éxito. Tenemos que continuar hasta que lo hagamos”.

"Muchas personas dicen que este movimiento se ha vuelto muy grande y me preguntan si estoy orgullosa, pero aún no hemos visto nada. La crisis climática solo empeorará, se hará cada vez más grande y más urgente con el tiempo. Esto no es una cosa de una sola vez; este es nuestro futuro entero". Entonces, ¿qué será lo siguiente? La respuesta está en blanco y negro.

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Créditos


Fotografía Harley Weir