el feminismo al desnudo

Vuelven los años 70. Este 'revival' -más allá de las pasarelas- se ha ido cocinando a fuego lento en otros escenarios, en otras disciplinas y en otras luchas. Se habla de un renacimiento del erotismo que vivió precisamente por aquella época años...

por Marisa Fatás
|
05 Marzo 2015, 8:55am

La marea de mayo del 68 dejó un terreno fértil para la defensa de los derechos de las minorías y la reivindicación del individualismo. Se buscaba la provocación y numerosos gestos podían traducirse como actos anti-sistema. Todo ello se condimentaba con grandes dosis de erotismo, utilizado como nuevo lenguaje con el que defender la diferencia. Artistas como Robert Mapplethorpe eran abanderados de un movimiento que postulaba el derecho a la libertad de elección sexual y a la búsqueda de una personalidad propia a través de la experimentación. Por otra parte, la quema de sujetadores trataba de liberar el cuerpo de aquellas mujeres que buscaban recuperar sus propios senos y dotarlos de significados nuevos.

La conformación de la identidad siempre ha sido un fenómeno corporal y la sensualidad se ha considerado una buena vía para acceder a ella. Sin embargo, hay muchas formas de entender el erotismo. Así se vivió en los años 70 y así lo vivimos en los tiempos del 'Nuevo Feminismo'. Los que desafían a lo convencional no siempre responden a los mismo intereses. Existen luchas que colman libertades a costa de subyugar las ajenas. Los trabajos fotográficos de Helmut Newton y Nobuyoshi Araki o las apariciones en la gran pantalla de Sylvia Kristel (Emanuel) u Ornella Muti poco tienen en común con la labor de creadoras como Hannah Wilke, Helena Almeida, Eleanor Antin, Ana Mendieta, Francesca Woodman o Marina Abramovic.

En la lucha por la libertad hay que conocer al sujeto al que se defiende. Una cosa es querer lograr que el cuerpo desnudo no sea tabú y otra distinta es que ese desnudo se convierta en una herramienta para vulnerabilizar un cuerpo ajeno. El femenino, por ejemplo: cuando algo se queda libre, implícitamente se queda disponible para otro uso. Y eso es lo que buscaron estas artistas: dejar de ser objeto en manos del poder masculino para dotarse de una presencia compuesta por deseos, ideales y derechos propios.

Hoy se habla del renacimiento de un erotismo emparentado con aquel de los años 70. Es cierto que aparecen desnudos por todas partes y además lo hacen con tratamientos distintos a los que estamos acostumbrados Y se habla al mismo tiempo de Baron Magazine, del trabajo fotográfico de Harley Weir o de la última colección de Rick Owens, así como de Iniciativas como #freethenipple o Herself.com. Sin embargo, no todas estás propuestas se sitúan en el mismo plano. Unas hacen visible la idea de que el sexo es saludable y colaboran a que imágenes eróticas formen parte de nuestra vida cotidiana. También del sexo hacen arte o lo muestran en relación a la moda. Ese "porno chic", que precisamente vivió su edad de oro en los años 70, que huye de lo sórdido mediante una estética cuidada y un argumento elaborado, no debe confundirse con acciones que pretenden ampliar la libertad de expresión, la educación sexual de jóvenes y adultos o el control del propio cuerpo.

#Freethenipple es una campaña surgida en Instagram como respuesta a las normas de uso de esta red social que no permite que en sus fotos se muestren pezones. Los de las mujeres. Porque, a pesar de que un pezón es un pezón, los femeninos, salvo cuando amamantan, se han sexualizado. Y, como reza la famosa afirmación de Simone de Beauvoir, "no se nace mujer, se llega a serlo". La censura del pezón responde a una construcción social. Es extraño que mientras en muchos diccionarios el pezón se refiere a la "parte central, eréctil y más prominente de los pechos o tetas, por donde los hijos chupan la leche", es decir, únicamente al pezón de la madre, sólo está permitido mostrar los de los hombres. Así, cuentas como la de Rihanna fueron canceladas por mostrar ese trozo de carne que es definido como exclusivo de las mujeres pero que sólo pueden lucir los hombres. Como dice uno de los textos que se pueden encontrar rastreando el hashtag: "El cuerpo de una mujer no es para ti. Si quiere cubrirlo, debería sentirse libre y segura de hacerlo; si quiere mostrarlo, debería sentirse libre y segura de hacerlo. No es una indicación de respeto hacia sí misma sino una indicación de sus preferencias, sea cual sea la razón que le lleve a esa elección, y ninguna de ellas es de tu incumbencia." Y la verdad es que, más allá de estar prohibidos en Internet, hacer topless es ilegal en 35 estados de los EE.UU.

Hay muchas formas de reivindicar el cuerpo de la mujer. De lo que se trata es de establecer una identidad desde la cual poder expresarse. Para liberarlo hay que quererlo, y para quererlo hay que aceptarlo. Petra Collins, abanderada del "girl power", se hizo famosa por el diseño de una camiseta para American Apparel en la que mostraba una "vagina peluda y ensangrentada". Ante el revuelo mediático, afirmó que su objetivo era demostrar que "nos sorprende algo tan natural. Y que de todas las imágenes a las que estamos expuestos, imágenes incluso con contenido de violencia sexual, o imágenes asquerosamente despectivas, ésta es aún más chocante. Además, lo que sale en mi camiseta no es una foto, es un dibujo increíblemente simple". Y más allá de polémicas, Petra y otras artistas de su generación, como Arvida Byström, retratan el cuerpo femenino al desnudo no sólo de un modo natural sino que lo presentan con el propósito de que sea amado por las propias mujeres. Y ese es el objetivo de propuestas como Underneath project o NU project, que muestran una nueva perspectiva femenina retratando honestamente la belleza natural de las mujeres.

Herself.com es -según su creadora, la actriz australiana Caitlin Stasey- "un espacio para mujeres, hacia las mujeres y por las mujeres (…). La oportunidad de presenciar la forma femenina en toda su honestidad sin la carga de la mirada masculina". En sus entrevistas se habla de género, de sexo, de menstruación, de vulnerabilidad y de higiene. Se muestra un lado femenino que pretende ser inclusivo y que busca la empatía con otras mujeres.

Es esa diversidad en los cuerpos y en los gustos sexuales de las mujeres la que queda plasmada en el porno feminista que propone Erika Lust. Propone diferentes opciones y a través de las historias contadas su cine postula una nueva educación sexual. Ofrece un sexo sano, divertido y placentero en el que el desnudo femenino, lejos de ser algo vergonzoso, es bello.

Estas voces tan necesarias siguen siendo minoritarias, no se han convertido en mainstream y no pueden ser consideradas todavía como una voz representativa. Pero estamos en 2015 y ahí están, cada día con más fuerza. El feminismo está aquí para quedarse: ¿Cuándo falta para que todo el mundo se entere?

Recomendados


Texto Marisa Fatás