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la inquietante belleza de los sets de cine porno

La fotógrafa Jo Broughton se ha pasado años retratando la sorprendente habilidad para recrear despachos de enfermeras y aulas de instituto en la industria pornográfica.

por i-D Staff y Alice Newell-Hanson
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02 Febrero 2016, 1:05pm

"Se puso mucho cuidado en la creación de estos decorados", dice la fotógrafa Jo Broughton en una conversación telefónica desde Londres. A mediados de los 90, mientras estudiaba arte en Essex, Jo trabajó como ayudante en un estudio de pornografía, gracias a una confusión administrativa.

"Al principio, era la chica del té, la que pintaba los decorados, iba a buscar la comida... Hacía el trabajo normal para una recadera", explica. Sin embargo, tras trabar amistad con el dueño del estudio, Steve (antiguo empleado del magnate Paul Raymond), Jo -que se autodefinía como una adolescente disfuncional- acabó viviendo en el estudio por una breve temporada.

Más adelante, mientras trabajaba como limpiadora en el espacio, empezó a fotografiar las elaboradas escenas que quedaban desiertas tras los rodajes. "Recuerdo algunos días bastante extraños", nos cuenta.

Aunque ya hace tiempo que se pasó a otros estudios de fotografía más respetables —trabajando tanto en sus propias series artísticas como con fotógrafos comerciales —, Jo hace poco volvió a exponer su trabajo en la Feria de Arte de Londres.

"Había mostrado la serie unas cuantas veces antes, pero no captó mucha atención. La gente no estaba lista para recibirla a causa de todas esas connotaciones que tiene, pero ahora creo que es el momento justo para este trabajo", confiesa. Lejos de reflejar la obscenidad de sus decorados, las imágenes de Jo aluden a la teatralidad cómica de la pornografía para adultos y documentan una época del arte que ha pasado a la historia.

¿Qué trabajo es el más extraño que tuviste en el estudio?
Una vez, Steve me hizo sentar en el cuarto de baño mientras rodaba con una chica en la bañera y tenía que empujar las burbujas hacia sus partes íntimas. Recuerdo estar tan horrorizada que no paraba de cerrar los ojos. Y cada día tenía que hacer té y café: daba igual lo que estuviera rodando, siempre tenía que hacer té a raudales.

¿Fue tu primera experiencia trabajando en un estudio de fotografía?
Sí. Me enviaron de mi universidad para tener experiencia laboral porque pensaban que se trataba de un estudio de moda, así que aparecí allí con un vestido de gala (ni idea por qué pensé que eso es lo que tenía que llevar en un estudio de moda). No me enteraba de nada, pero pronto aprendí que tenías que llevar ropa vieja porque ibas a acabar ensuciándote. En la universidad, nunca dije de qué tipo de estudio se trataba en realidad.

¿Enviaron a otros estudiantes para allá?
La persona que me envió —el jefe de mi departamento— tenía un hijo que aparecía en una de las películas, según pude averiguar después. Me preguntaba por qué no dejaba de guiñarme el ojo.. ¡Pensé que tenía un problema en el ojo! No me enteraba de nada de lo que estaba pasando y creo que a ellos les hacía gracia que fuera un poco ingenua.

¿En qué momento te diste cuenta de que no era un estudio de moda?
El día en el que Jo Guest, que era una estrella del porno bastante famosa a finales de los 90, apareció vestida con un liguero, medias, encajes y un pequeño sombrero. Luego se tumbó sobre la camilla de una enfermera y se metió un termómetro por el coño.

¿Les contaste a tus amigos y familia lo que pasaba en ese estudio?
No, pero curiosamente mi abuelo se enteró. Por aquel entonces compartía apartamento con un puñado de inadaptados, algunos de ellos pensaban que eran brujas e iban por ahí vestidos con ropa tie-dye. Yo era muy joven y en el estudio me dijeron que no le mencionara a nadie que trabajaba allí porque en aquella época te veían como un demonio [si trabajabas en el porno]. La gente solía llamar al estudio y gritar obscenidades por el teléfono.

¿Quién hacía los decorados?
Una chica del estudio, que resulta que había ido a la misma universidad que yo. Lo que siempre me solía llamar la atención es la gran cantidad de trabajo que suponían: el alquiler de los muebles, los días de construcción... Solían pintar unos enormes telones de fondo: una vez pintaron uno gigantesco del Imperio Romano.

¿Cuándo empezaste a hacer fotos de los decorados?
Dejé el estudio durante una temporada. Creo que Steve básicamente me despidió porque era muy torpe. Más adelante, cuando estaba estudiando el máster en el Royal College of Art, la mujer que limpiaba el estudio se puso enferma y Steve me dijo que podía utilizar el estudio y que me pagaría por limpiarlo, así que empecé a fotografiar los decorados cuando todo el mundo se había ido.

Siempre tenía que darme prisa por llegar allí antes de que los recogieran. El personal del estudio estaba bastante encantado conmigo al final porque era yo la que recogía el decorado después de hacer las fotos, así que les ahorraba el trabajo.

¿Cómo han cambiado los rodajes desde que trabajabas como ayudante?
Cuando tenía 17 años y trabajaba allí, la ley era mucho más estricta. Solo podían aparecer penes flácidos, no era más que una insinuación. Pero años después, a causa de Internet, se acabaron las restricciones y me impactó lo mucho que había cambiado la industria.

¿Cómo es mostrar las fotos en 2016, casi una década después?
Muestran una era que ya no existe. Solían filmar con película y, en ocasiones, con transparencias, donde hay un margen de error muy estrecho. Tenías que hacerlo bien y se podía ver el nivel de atención que se ponía en cada detalle y lo mucho que disfrutaban construyendo estos escenarios e historias.

¿Qué escenarios eran tus favoritos?
Me gustaban mucho los globos de helio. La cueva de hielo fue algo magnífico y la habitación rosa tenía una luz fenomenal: era un set de luces de cinco piezas. Ahora se utiliza una luz limpia, pero entonces Steve solía utilizar una retroiluminación para el pelo: él era todo un foco de creatividad.

¿Cómo lo evaluarías a nivel de experiencia de trabajo? ¿Qué fue lo más importante que aprendiste para un fotógrafo?
Resulta que Steve tenía una formación como fotógrafo artístico, así que fue de mucha ayuda dándome ideas para proyectos. También aprendí que todo el mundo tiene a alguien ahí afuera y aprendí una lección de humanidad. Eso, más que nada, ha mejorado mi capacidad para hacer fotos.

jobroughton.com

Créditos


Texto Alice Newell-Hanson
Fotografía Jo Broughton