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por qué deberías dejar tu trabajo y ponerte a viajar por el mundo

Con el año nuevo también llegan nuevas oportunidades. A continuación, te presentamos una guía para ayudarte a soñar un poco y olvidarte de las clases o de tu horario de 9 a 5.

por Felicity Kinsella
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11 Enero 2016, 10:50am

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"Renuncia a tu trabajo, cómprate un billete de avión, broncéate, enamórate, nunca vuelvas". Es curioso que Kendall y Kylie Jenner se hayan apropiado de la cita (altamente 'rebloggable') de Island Company y la pongan en una camiseta. No lo digo por nada, sino porque ellas viven en un mundo donde pueden llegar a ganar diez veces mi sueldo anual con una sola foto en Instagram, donde contratar a un piloto para su avión privado es más realista que comprar un billete de avión y donde es muy poco probable que se queden sin dinero mientras van de mochileras por el sureste asiático.

Sin embargo, para el típico joven de veintitantos, dejarlo todo para tomarte ese que descanso sin estudiar ni trabajar que nunca has tenido no es en absoluto una tarea fácil. La cuestión es: ¿Debería esa dificultad coartar tus deseos de libertad? 

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Imagen vía @piariverola

Durante los últimos cinco años no me ha importado vivir con una cuenta bancaria cargada de números rojos porque todos los que me rodebaan estaban igual; la verdad es que aún así nos hemos divertido mucho. A pesar de lo que se suele decir, puedes vivir en Madrid o Barcelona gastándote la mitad de tu sueldo en el alquiler y pasártelo muy bien (siempre que no te importe beber en casa o hacer la compra en el Lidl -por supuesto sin menospreciar a nadie-).

Lo que la mayoría de nosotros no puede hacer es ahorrar dinero o, bueno, en realidad tener dinero que simplemente te pertenezca y no sea un préstamo del banco con una sorpresita al cabo de unos meses en forma de crueles intereses. Si te pasa algún imprevisto (como le pasó a una ex compañera de piso que trabajaba en ASOS cuando su almacén se incendió y despidieron a todo su departamento), no tienes con qué solucionarlo.

Imagen vía @frecklesnur

Si tienes suerte, el tiempo se convierte simplemente en un ciclo de aumentos salariales y aumento de precios en los pisos donde vives -o donde aspiras a vivir-. Mientras tanto, vives en una gran ciudad con miles de maravillosas actividades a tu disposición, así que no te importa ser pobre por un tiempo. Pero para mí este sucedáneo de felicidad comenzó a agotarse cuando me di cuenta que ya no quería trabajar solo para poder vivir en una gran ciudad; entendí que quería trabajar para hacer algo que siempre había querido hacer: viajar.

Así entré en un torbellino de adrenalina plagado de sentimientos del tipo: "Soy una mujer fuerte, independiente y sé lo que tengo que hacer", seguido de: "No sé quién soy ni lo que quiero hacer con mi vida", mezclado con el hecho de que me había jurado que nunca, nunca volvería a casa de  mis padres. Paralelamente, esta pequeña crisis vino acompañada con la noticia de que muchos amigos y amigas volvieron a casa de sus padres: un fenómeno que tal vez se esté produciendo porque hay algo en el aire o, solo quizás, porque tardar una hora y media al trabajo o la universidad y no tener ningún tipo de intimidad con tu pareja y/o ligues resulta más atractivo que pagar a regañadientes otro mes de abusivo alquiler.

Imagen vía @poppydelevingne

Por suerte, mi madre vive no muy lejos del centro, así que conseguí que me devolvieran toda la fianza (y por primera vez no lo hice para usarla en otra fianza, sino para abrir una cuenta de ahorros y para pagar impuestos, facturas o transporte) y volví con ella. Obviamente, si tus padres viven a 300 kilómetros de Madrid esa no es opción, pero volver a casa y conseguir un trabajo en tu ciudad natal durante unos meses para ahorrar algo no es tan horrible como parece.

Lo creas o no, volver con tus padres no es el factor determinante de esta crisis de identidad tan aterradora; dejar tu trabajo es mucho peor. Hablamos de ese trabajo con el que habías soñado desde que eras adolescente, para el que habías estudiado toda tu vida hasta ahora para conseguirlo, el que no puedes creer que hayas conseguido y "por el que un millón de jóvenes mataría".

La cosa es que lo que quieres hacer a los veintantos no siempre es lo mismo que lo que querías hacer en tu adolescencia tardía y creo que es importante no desarrollar un Síndrome de Estocolmo con tu vida actual si hay algo más que realmente quieras hacer. Puedes volver a la universidad y comenzar a trabajar hacia un objetivo completamente diferente, irte lejos y viajar durante un año, irte lejos y tener un hijo y, puede que no lo hayas pensado, pero en la mayoría de casos que conozco, si quieres puedes volver y pocas cosas habrán cambiado.

Imagen vía @marcforne

La opción de volver exactamente donde te quedaste puede que ya no esté ahí, pero aún tienes toda esa experiencia en tu CV y, si cambias de opinión, es probable que tu industria no haya cambiado mucho desde que te fuiste.

Así que estoy dejando atrás un trabajo con el que me divertí mucho para hacer algo que sé que no hará feliz hasta que lo haya hecho. Para aquellos de vosotros que no hayáis caído en la pasión por los viajes que predica Instagram (ejemplo: @lordemusic), tengo un consejo/observación: en el resto del mundo hay mucho más que selfies en la playa.

Hay trabajos que no sabías que existían, experiencias que podrían cambiar tu vida y formas de vida que nunca soñaste que fueran posibles. Solo porque hayas nacido en tu ciudad no significa que ésta sea la ideal para ti. ¿Cómo puedes saberlo si no lo has intentado? Como he dicho antes, tu antigua vida siempre estará ahí cuando vuelvas -si quieres, claro-. 

Obviamente, si eres Shoshanna de Girls o el gato de este meme, huir de tus problemas o conducir por todo el país para iniciar una nueva vida en lugar de ir a trabajar probablemente no sea la respuesta, pero para todos los demás: "Solo se vive una vez". ¿Por qué no perseguir tus sueños mientras te diviertes?

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Texto Felicity Kinsella