acabemos con los tabúes del cuerpo femenino

Con el lanzamiento de 'The Activist Issue', hemos hablado con jóvenes de todo el mundo para que defiendan su causa en i-D. En este artículo, la estudiante de derecho Jessica Johnson nos habla sobre los tabúes de la sexualización femenina. Uno de los...

por i-D Team
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26 Marzo 2015, 3:45pm

Cada vez que una mujer va al gimnasio en leggins, raramente pasa de largo sin atraer sin miradas lascivas y comentarios juiciosos. Es difícil encontrar consuelo en el ejercicio físico cuando no puedes evitar pensar en lo que le pasa por la cabeza a los que están a tu lado. Algo similar es lo que pasa cuando vas por la calle, a tomarte una copa con los amigos o incluso cuando tienes un hijo y le das el pecho en público. Con motivo de esta situación, han surgido infinidad de campañas como #FreeTheNipple y He for She -la iniciativa capitaneada por la actriz Emma Watson- con el fin de acabar contra la sexualización del cuerpo femenino y reivindicar lo que realmente es: un cuerpo.

Hay muchos que han criticado este tipo de movimiento con argumentos del tipo: "A las mujeres no se las juzga por su cuerpo. Nuestro cerebro funciona así y no puedes cambiar la naturaleza humana". Excusas como estas cada vez son mas frecuentes entre algunos miembros de nuestra sociedad y lo único que hacen es influenciar negativamente el comportamiento de las generaciones futuras. Aunque la causa feminista es cada vez más mediática, todavía hay mucho "machote" por ahí.

Esta situación nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: "¿A quién le pertenece el cuerpo femenino?".

Fotografía Matt Jones

Empecemos por las tetas. El político británico Nigel Farage opinó respecto al tema argumentando que él no tiene nada en contra de las mujeres que dan el pecho a sus hijos en público pero que estaría bien que "se fueran a una esquina" a hacerlo. Aunque en su cabeza esas palabras no le parezcan discriminatorias, debemos erradicar el verdadero significado de este tipo de comentarios. 

No hay nada biológicamente sexual en el pecho femenino: puede que en un sentido emocional, cultural y hasta psicológico, pero no biológico. Sin embargo, todavía mucha gente considera que ver a una madre alimentando a su hijo es algo desagradable y que las chicas que enseñan demasiado pecho son unas busconas. Recordemos que hacer topless en la playa es "un privilegio" que solo se nos permite a los europeos y que en Instagram y Facebook, las fotos que muestran pezones femeninos, se pixelan, se denuncian y se eliminan. ¿La alternativa? Los pezones masculinos. Los hombres pueden pasearse libremente por la playa, las calles y las redes sociales sin camiseta. ¿Puede alguien, por favor, explicarnos dónde está la lógica en todo esto?

Lo más complejo de entender es que ni las mujeres que visten de una forma "más recatada" se escapan de las etiquetas y los juicios por parte de la sociedad. Todos los sábados por la noche, las mujeres nos convertimos en trozos de carne expuestos en un escaparate para el disfrute del público y, si te niegas a "liarte con alguien", significa que eres una frígida que no sabe pasárselo bien -pero si lo haces eres una guarra, claro-. Algunas incluso tienen que mentir sobre sus relaciones personales o su orientación sexual para escapar de los hombres (como si tener novio o que te gusten las mujeres fuesen los únicos motivos por los que una chica pasaría de un chico…).

Después están los genitales. El debate sobre la anatomía femenina se ha llevado tan al extremo que en el mundo todavía encontramos torturas como la mutilación genital femenina. La Organización Mundial de la Salud la define como "una serie de procedimientos que involucran la extirpación parcial o total de los genitales externos femeninos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por razones no médicas". Estos procedimientos incluyen métodos como la extirpación del clítoris para evitar que la mujer sienta algún tipo de placer durante el acto sexual (en algunos casos se ha llegado al cosido de la vagina), una serie de operaciones que se realizan sin anestesia ni consentimiento de las jóvenes que se someten a las mismas.

La sociedad trata de ignorar este tema confiando en que una barbaridad de este tipo no sucede en su país. Es cierto que la mutilación genital es más frecuente en el África subsahariana y en regiones del Medio oriente, pero es absurdo pensar que estas cosas solo pasan fuera de Europa. El Ministerio de Sanidad británico registró 466 casos de mutilación genital femenina en noviembre de 2014 y 455 en octubre: eso nos lleva a una media de 15 casos al día.

Fotografía David Bailey

No hablamos de nada nuevo: estos datos son de muy fácil acceso en Internet. Otro de los motivos por los que no se habla de esta situación es que la gente no encuentra apropiado hablar sobre órganos mutilados. Por eso se crean todo tipo de siglas y acrónimos para denominar este fenómeno: parece que a nadie le interesa discutir sobre vaginas mutiladas.

Ahora eliminemos el elemento sexual de esta ecuación. Imaginemos que a esa media de 460 personas al mes le quitaran o le cosieran la nariz sin anestesia ni consentimiento: el individuo en sí se pasaría el resto de su vida con un dolor insufrible cada vez que tuviera un simple resfriado. Si en lugar de vaginas se mutilaran narices, la situación se haría más pública y la gente saldría de casa para manifestarse en contra de una tortura de tal envergadura. Los famosos iniciarían todo tipo de campañas vía Instagram y los políticos empezarían a dar discursos sin parar. Así es como muchos problemas se tratan de solucionar, pero esos problemas no incluyen la palabra "genitales".

La sexualización del cuerpo femenino no es un tema sobre el que se debería bromear en los medios de comunicación, ni el objetivo de la mayoría de memes en Internet. Aquellos que no consideren el cuerpo de las mujeres como lo que es (un cuerpo), seguirán promoviendo la ignorancia y no podremos acabar con los tabúes si no los discutimos libremente. Por tanto, que empiece el debate.

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Texto Jessica Johnson
Fotografía Jonathan McIntosh

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