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¿cuándo se convirtió la moda en porno?

Caryn Franklin investiga la pornificación de la mente de los hombres y los cuerpos de las mujeres.

por Caryn Franklin
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26 Noviembre 2014, 11:10pm

Lizzie Anne Biggs

Normalmente suelo ver las cosas desde una perspectiva femenina, pero los chicos y los hombres también merecen un poco de compasión. La exposición de pornografía en Internet a niveles récord está causando estragos.


Conectarse de forma regular para observar cómo una mujer dibuja un gesto de placer en su rostro mientras soporta la sodomía, violación en grupo, orina y eyaculación sobre su cara, acompañado de las palizas, estrangulamientos e inmovilizaciones suficientes para garantizar la necesidad de un tratamiento médico al final de la jornada, requiere cierta dedicación.

La exposición repetida a este tipo de televisión puede acabar derritiendo el cerebro masculino, según han confirmado unas pruebas llevadas a cabo para un documental en el Channel 4 británico sobre un joven adicto al porno. Por una parte, verse forzado a tener que desahogarse mediante la masturbación solitaria en lavabos públicos varias veces al día es muy triste, y además deja pocas posibilidades para poder conseguir el placer sexual mutuo en tiempo real. El sexo vainilla ya no deja satisfecho a cualquiera.

Tampoco ayuda que los actores parezcan cachondos y entren en erección sin problemas, se trata de una característica especial que te hace perder todo el interés en la carne humana que está por debajo para evitar decepciones.

Esto también crea un nerviosismo por estar a la altura. Los chicos sufren una ansiedad por la imagen de su cuerpo y sienten una presión adicional sobre sus capacidades. Hay una demanda creciente de Viagra y otros potenciadores sexuales para ayudar a aquellos que quieren conseguir una habilidad trucada. También existe la posibilidad de la cirugía y tracción y los procedimientos de alargamiento de pene. Ahora la masculinidad, al igual que la feminidad, está sujeta a toda una serie de presiones y promesas de marketing, la única cosa que se atiende realmente es el consumismo desenfrenado.
Pero la idea de "mujeres a la venta" perjudica a ambos géneros. La pornografía, que se ha proyectado como un estándar misógino durante la mayor parte del siglo XX, ahora se produce a una escala industrial como nunca antes, gracias a los enormes ingresos de los mercados digitales en constante desarrollo, aunque más del 80% de los jóvenes usuarios acceden a ella de forma gratuita.

Así que si la pornografía explícita y violenta se emplea de forma rutinaria para satisfacer la curiosidad natural sobre el sexo, por fuerza tiene que haber algunas consecuencias. En la cabeza tenemos a las mujeres jóvenes que actualmente luchan contra el triunfo de directivas culturales que dictan su falta de valor y atractivo. Los chicos jóvenes que han crecido con el porno rechazan entre muchas otras cosas el vello púbico natural a favor de la estética de las profesionales del sexo. Se escucha a los chicos preadolescentes instruir a sus compañeras de clase para que se afeiten 'ahí abajo' si quieren gustar. Los chicos también tienen poca idea de qué es lo que hace que el sexo agrade a las mujeres, y al parecer tampoco lo saben las mujeres jóvenes de hoy en día, puesto que los estudios revelan que las chicas esperan que en una relación haya control y a veces incluso violencia. Y existen otras consecuencias igualmente perniciosas.

La pornificación de nuestra cultura popular está pasando justo delante de nuestros ojos. Imágenes de estudio de segunda clase mostrando labios vaginales rasurados abiertos por unas manos andrajosas se mezclan con las imágenes de estilo inmaculado y de alto presupuesto de los sectores de la moda y la música. Modelos de primera clase y estrellas del pop con buenos sueldos imitan las posturas horripilantes, sórdidas y promiscuas de sus hermanas más pobres del comercio sexual. Los fans impresionables se revelan dentro de su cuerpo como entidades sexuales y juguetean en los escenarios de las redes sociales con un abandono temerario. Motivadas por la creencia equivocada de que la hipersexualización es una moneda fuerte, las chicas todavía no han tenido la oportunidad de experimentar suficientemente una situación normalizada en casa y en el trabajo. No hay mucho respeto por la mujer tal y como es.

Pero vamos a coger a Miley como caso de estudio. Con aspecto de niña perdida aparece con una camiseta de tirantes y en bragas antes de empezar a sonreír afectadamente y a chupar y lamer una especie de equipo de demolición. ¿Resulta estimulante, no? Cuando se filme a los hombres a la altura del culo y haciendo un cunnilingus a herramientas de bricolaje, podremos hablar. Puesto que ningún ser humano dotado de testículos los va sacudiendo por ahí ligero de ropa para vender música, el debate es unilateral. La veterana del pop Sinead O'Connor intentó razonar como cualquier madre habría hecho y Annie Lenox la respaldó, pero ambas recibieron un corte de mangas a cambio. Miley se ha sometido a la administración de una industria que nunca ha sido conocida por su cuidado pastoral de las mujeres. Es completamente insensato haber puesto su confianza en manos de creativos con altos sueldos, cuando ninguno de ellos se la ha ganado y algunos forman una parte central de campañas online que los sitúan como predadores sexuales. Sin embargo, hay que tener paciencia con los pornógrafos que instruyen a las mujeres jóvenes en el arte de la autoafirmación y los accionistas que promocionan su autodestrucción.

Y entonces llegamos a la moda, ofreciendo posturas sexuales, chicas adolescentes desnudas, modelos fingiendo orgasmos con "eyaculaciones" de leche sobre sus rostros o torsos de mujer, las piernas abiertas de par a par y la vulva rasurada enmarcando un frasco de perfume. Esto da pie también a mensajes confusos. Aunque, por qué tendría que sorprendernos en un ambiente donde el cuerpo femenino es frecuentemente manipulado, retorcido y controlado. La moda se une a la música para demostrar ser el perfecto saco de cultivo para más misoginia.

¿Es también parte de las consecuencias? ¿O es que los pensadores creativos han caído presa de la atrofia moral, ahora que sus cerebros han quedado confundidos por tanto chocho en internet? ¿Carecemos de ideas nuevas e innovadoras y por eso nos conformamos con el porno? ¿Es la imagen vacía de la mujer como caricatura sexual, reducida a pechos, genitales y posturas provocativas, enfundada en un traje de diseño o acompañada de un sonido superproducido, una declaración artística?

Sellos discográficos, casas de moda y directores de publicidad afirman estar vendiendo un sueño, pero ¿A QUIÉN? Seguro que no es al mercado sofisticado, dirigido a las mujeres inteligentes y chicas atentas.

Así que vamos a llegar y decirlo. GROOMING. Este nuevo porno en la red es una especie de diversión inocente, nada por lo que alarmarse, solo danos una cucharadita de tu miel y no seas tan estirada. A las chicas se les anima con promesas de grandes carreras y las masas se tranquilizan cuando llega a sus teléfonos y portátiles y creen que es lo último de los medios. Así es cómo funciona el acoso sexual de menores tanto en ambientes sórdidos como resplandecientes, ¿no? Cuando nos presentan ideas repelentes con una vuelta de tuerca divertida o atrevida, siempre es más fácil tragarlas.

Kate Moss tardó más de 20 años en sentirse a salvo para revelar la angustia que sintió a los 17 años cuando le pidieron que se sentara a horcajadas sobre un modelo masculino estando los dos semidesnudos.


En su reciente autobiografía, Kate, describe una habitación llena de adultos, donde ninguno de los presentes en la sesión de fotos supo reconocer su vulnerabilidad. Efectivamente, se trataba de una niña desprotegida en un espectáculo de explotación para adultos, ¡estaba predestinada! Según sus palabras, se sintió 'muy pequeña', y alude al mismo escenario repitiéndose una y otra vez al inicio de su carrera hasta que acabo acostumbrándose a ello y dejó de llorar tanto. Y la historia continúa. Las modelos se quejan, pero no se hace nada. El lamento de los indefensos es exactamente lo que alimenta al porno y a los acosadores y predadores sexuales.

El presentador de televisión del Reino Unido, Jimmy Savile, escogió víctimas indefensas e incluso hospitalizadas. Sus relaciones estratégicas con altos cargos le protegieron de las acusaciones de cientos de adolescentes a las que había deshonrado. Se les pidió que dejaran de montar peloteras por unas simples calaveradas. El comportamiento de Savile, que al parecer era un secreto a voces, hizo que la BBC se ahogara en inútiles disculpas cuando esas mismas chicas volvieron como mujeres exigiendo justicia.

¿Existe uno o dos Jimmy Savile entre nosotros? Si el comportamiento despreciable se recompensa con más fotos y más campañas, mientras que se normaliza el hecho de que el porno pose para la moda o la música de forma repetida, ¿dónde nos deja eso? El grooming de forma individual o por parte de toda la industria es algo moralmente corrupto que está pasando delante de nuestras narices.

Y así se cierra el círculo, con la observación sistemática de chicas apenas adultas sometiéndose a actos humillantes en los que tienen que adoptar posturas sexuales, chupar dedos, masajearse el coño y sacudir el culo. Un golpe bajo de la moda, una industria de lujo que se vanagloria de su buen gusto, y la música, que pretende apoyar a todas las mujeres jóvenes. Pero no todos nosotros vamos a tragar y aguantar sin hacer nada.

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Texto Caryn Franklin MBE, co fundadora All Walks Beyond the Catwalk
@Caryn_Franklin
Ilustración Lizzie Anne Biggs