Publicidad

los héroes de la clase obrera

No nacieron en el seno de familias nobiliarias ni contaron siempre con un respaldo económico, pero han demostrado a base de esfuerzo y talento que también en la moda si se quiere, se puede.

por i-D Staff
|
04 Mayo 2015, 10:10am

fotografía mark kean. estilismo elgar johnson.

Decía la gran Diana Vreeland que "solo hay una vida buena y es la vida que quieres y la que consigues tú mismo". Vreeland era mucho de fantasías pero también sabía lo suyo de marcarse objetivos y conseguirlos. El mundo de la moda es un mundo exclusivo y caprichoso de por sí porque la moda, al final, es invención, es creación y es ilusión.

Fotografía Juergen Teller

Karl Lagerfeld lleva toda la vida jugando al engaño. Al más puro estilo David Bowie, el Káiser se ha envuelto a sí mismo en un halo de leyenda y ya no sabemos si es hijo de una archiduquesa alemana o si lo dejaron abandonado los extraterrestres en la Tierra hace sesenta años. Lagerfeld ha construido un personaje que luce perfecto las 24 horas del día para proyectar al mundo que si la perfección no emana de ti, nunca podrás llevarla a la pasarela. 

Pero no todo en el mundo de la moda es invención u origen noble. Muchos diseñadores y profesionales que llevan años masticando los laureles del éxito empezaron como se dice "desde bien abajo". Y su ascensión de simples currantes a figuras influyentes no es motivo de vergüenza sino todo lo contrario. Algunos por ambición, otros simplemente por necesidad creativa, tomaron la decisión un día de construir la vida que querían para sí...y de alguna manera la consiguieron.

Coco Chanel, por ejemplo, empezó vendiendo sombreros en París a señoras pudientes y su talento para los negocios y capacidad para moverse en sociedad (además de un sentido estético innato, claro) le ayudaron a montar uno de los mayores emporios de la moda. Chanel era mujer, ambiciosa y trabajadora. Algo que en los años 20 no era, precisamente, garantía de éxito y menos sin el respaldo de un apellido aristocrático o de un marido bien posicionado.

Vivienne Westwood, la reina del punk, de las tachuelas y la responsable de instalar el tartán rojo en el imaginario de la moda actual, lo tuvo un pelín más fácil. Aunque sus diseños hoy en día cuesten miles de euros, su filosofía siempre ha estado del lado de las clases obreras y a favor del "fuck the system". Westwood no siempre trabajó aguja e hilo en mano: antes que diseñadora fue profesora de primaria. 

Estudió en la Escuela de Arte de Harrow pero lo dejó enseguida porque no entendía cómo una chica de clase obrera como ella podría llegar a alguna parte en el mundo del arte. Menos mal que iba para diseñadora de moda y no para adivina. Sus primeros pinitos en el mundo del diseño fue haciendo joyas que vendía en Portobello Road. 

Años más tarde, su relación con Malcom McLaren (manager de The Sex Pistols y luminario de la contracultura musical británica de finales de los 60) la convirtió en la Primera Dama del Punk y ella se tomó su posición tan en serio que se sintió en la obligación de vestir a toda una generación que clamaba por una indumentaria que reflejara sus ideales políticos. Su idea de la moda estaba a años luz de cualquier sentido couturier: se inspiraba en el look de moteros y prostitutas con la estética BSDM como faro guía. McLaren y Westwood abrieron una tienda en King's Road para vender la ropa de la diseñadora... y el resto es historia.

Fotografía Arthur Elgort

Mientras Vivienne Westwood cosía tachuelas a principios de los 70, al otro lado del charco un joven empresario americano intentaba recuperarse de la bancarrota. Con tan solo 25 años Tommy Hilfiger, hijo de un joyero y una enfermera, ya había tenido tiempo de levantar y perder su propio negocio: empezó vendiendo pantalones customizados por él mismo en Nueva York y acabó teniendo su propia tienda en la localidad de Elmira. Quiso el destino que un huracán se la llevara por delante, lo que le obligó a ponerse las pilas y meterse de lleno en el diseño de moda. En 1985 fundó su propia marca, The Tommy Hilfiger Corporation. Hoy, las colecciones de Tommy Hilfiger representan el epítome del prep americano en su versión más deportiva.

Hilfiger comparte mercado con Ralph Lauren, quien también se ha encargado durante más de tres décadas de instaurar la raya diplomática y la sastrería fina en la moda diaria. Ambos también comparten orígenes humildes: Lauren, hijo de inmigrantes judíos, nació y creció en el Bronx y empezó su Imperio empresarial en los 70 vendiendo corbatas. En sus colecciones se plasma el zeitgeist de la cultura WASP americana, sustentándose en el look de las Ivy Leagues y adorando el legado de Brooks Brothers por encima de todas las cosas. Desde hace años, el logo cosido del jugador de polo montando a caballo es la enseña de todo niño bien que presume de tener un armario "arreglado pero informal".

Grace Coddington, la celebérrima directora de arte del Vogue americano y mano derecha de Anna Wintour desde hace años, nació en Anglesey, una pequeña isla frente a las costas del norte de Gales. Sus padres regentaban un humilde hotel propiedad del hermano de su madre que fue ocupado por el ejército británico durante la II Guerra Mundial. 

En sus memorias, (editadas en nuestro país por Turner), Grace explica que de bien pequeña siempre sintió fascinación por las fotografías que podía ver en las revistas que compraba su hermana. Cuando fue un poco más mayor, las compraba ella misma en el quiosco del pueblo a pares, aunque fueran números atrasados. La promesa de una vida llena de glamour lejos de su espartana y fría existencia en la isla motivó a Grace a probar suerte y apuntarse a un curso de modelos en Londres en cuanto cumplió los dieciocho años. 

Después vendrían muchos años de trabajo como modelo profesional, un primer puesto en el mundo editorial en el Vogue británico, un corto periodo como directora creativa de Calvin Klein y por fin el gran salto junto a Anna Wintour, hasta convertirse en una de las figuras más influyentes de la moda de las últimas décadas.

Fotografía Harry Carr

Y es que no todas las modelos han tenido la suerte de la rutilante Kendall Jenner, que no solo ha nacido en una casa muy popular (las mansionazas de su madre y hermanas que podemos ver en Keeping Up With The Kardashians) sino también muy bien sustentada económicamente. Y, aunque su perfil mediático le da más dolores de cabeza que otra cosa, nadie puede negar que venir de cuna rica (ya sea alta o no) siempre ayuda. Lo mismo se puede decir de Giorgia May Jagger, que no solo se ha beneficiado de ser hija de Mick Jagger, sino también de la top model Jerry Hall, cuyos buenos genes y posición social le han facilitado la llave del éxito.

Otras modelos de su generación no lo han tenido tan fácil: a Chantelle Brown la conocemos ahora como Winnie Harlow y se ha hecho popular por ser la primera modelo profesional que tiene vitiligo, un desorden de la piel que en ningún momento la ha detenido para perseguir su sueño de ser la figura internacional en la que se ha convertido. 

Winnie no lo ha tenido fácil: hija de madre soltera que se ganaba la vida como peluquera en Toronto, tuvo que ver como todas las agencias de modelos la rechazaban hasta que tuvo una oportunidad en America's Next Top Model. En la actualidad es imagen de Desigual, que se ha rendido a sus encantos, y parece que, por fin, la industria de la moda se rinde ante la diversidad en esta industria.

Pero si ha habido dos personajes de la Historia de la Moda que ostentan el título de auténticos Working Class Heroes, son Alexander McQueen y John Galliano. Nunca han dejado de ser noticia, pero últimamente se encuentran en el candelero más que nunca. El primero por la exposición "Alexander McQueen: Savage Beauty" que en sus primeros tres meses de exhibición en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York tuvo más de seiscientos mil visitantes y se clausuró como la exposición más vista en la historia del museo, lo que demuestra que cinco años después de su muerte la influencia de su nombre y su trabajo sigue resonando con fuerza entre el sector y en el público. 

El segundo porque 2015 ha sido definitivamente el año de su glorioso regreso desde el infierno al frente de Maison Martin Margiela. Y los dos, a la vez, por la edición de un suculento libro que los une en la gloria ...y en la miseria . Se trata de Gods and Kings. The Rise and Fall of Alexander McQueen and John Galliano de Dana Thomas (y que ya te recomendamos en su momento junto con otras 12 grandes biografías de la moda), en el que la conocida periodista americana disecciona el auge pero sobre todo la caída de ambos diseñadores, ubicándolos en un contexto socio-económico actual que ensalza a los talentos creativos para luego devorarlos y despojarlos de cualquier poso de identidad personal en pos de la mercadotecnia.

Fotografía Craig McDean

Un contexto que se formó al mismo tiempo que ellos forjaban sus respectivas (y paralelas) carreras. Ambos procedían de familias humildes (McQueen era hijo de un taxista y una profesora y Galliano de un fontanero y una profesora de flamenco y en ambos la influencia de sus respectivas madres es igual de poderosa ). 

De ambos se dice que tuvieron una adolescencia difícil por culpa de su orientación sexual. Los dos aprendieron a admirar la ropa mientras trabajan en el teatro y más tarde estudiaron en la prestigiosa Central Saint Martins donde llamaron la atención desde el minuto uno con sus proyectos, sus trabajos, su ambición y su capacidad para conseguir que cualquiera trabajara para ellos a cambio de nada. 

En plena efervescencia del clubbing inglés (Galliano) y del brit pop (McQueen) encontraron una vía de escape y forjaron amistades que se llevarían a sus futuros ateliers. Galliano era la pomposidad y la exuberancia; McQueen era lo macabro y visceral, pero en ambos sus diseños eran un catalizador. Pura energía puesta al servicio del cuerpo femenino. Los dos, finalmente, llamaron la atención de Bernard Arnault, a la sazón dueño y señor de Christian Dior y del conglomerado empresarial LVMH, que los puso al frente de sendas casas de Alta Costura: Mcqueen de Givenchy, Galliano de Dior, un trabajo como directores creativos que alternaban con el de sus respectivas firmas. Y los dos revolucionaron el mundo del lujo a su manera mientras ostentaron ese cargo.

Con este movimiento, Arnault quería convertir unas maisons que olían a viejo en compañías que hicieran millones de dólares. Pero para ello necesitaba sangre joven, fuerte y muy ambiciosa que las hiciera avanzar desde el modelo de principios de siglo hacia uno más acorde con las exigencias del mercado del Nuevo Milenio. Un modelo que dejaría atrás el almidón y los antiguos y rancios usos y costumbres para abrirse a un público global ávido de consumir lujo y con un perfil mucho más joven y abierto.

Los diseñadores, así, entregaban su talento a la compañía; ellos, a cambio, dejaban atrás su pasado humilde y obtenían dinero y fama y pasaban a formar parte de un engranaje para hacer dinero mucho más grande que ellos que les exigiría, a la larga, un sacrificio que no siempre podrían superar. Jets privados, fiestas interminables, alcohol, drogas, sexo, jornadas eternas de trabajo durante años y dos perfiles psicológicos muy atormentados, desembocarían en dos finales dramáticos que, a modo de moraleja, parecen recordarnos que la ambición te puede llevar lejos, pero hay que saber levantar el pie de la máquina de coser antes de que sea demasiado tarde.

No te pierdas:
*¿La cultura está en manos de los ricos?
*¿Cuánto cuesta estudiar moda en España?

Recomendados


Texto Estela Cebrián
Fotografía Mark Kean
Estilismo Elgar Johnson

Tagged:
Alexander McQueen
Grace Coddington
tommy hilfiger
Vivienne Westwood
John Galliano
Μoda
Ralph Lauren
chantelle winnie
estela cebrian