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tanques, 'raves' y contradicción: kiev a través del objetivo de un español

Hablamos con el fotógrafo Alberto Martín de Ruedas sobre su honesto e idílico proyecto en la capital ucraniana.

por Raquel Zas
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24 Mayo 2017, 8:20am

En los últimos años, Ucrania ha captado el foco mediático de todo el mundo por su inestable situación político-social. Curiosamente, esta desafortunada realidad ha llamado la atención de numerosos artistas que se han dejado cautivar por una idiosincrasia fría, hipnótica y esquiva. Tan bella como rara, su capital, Kiev, es la base de numerosos fotógrafos locales y extranjeros que ansían retratar la esencia de una ciudad un tanto infravalorada que esconde un escena mucho más rica que la que relatan los periódicos. Alberto Martín de Ruedas es uno de ellos, es de Madrid, tiene 25 años y hace cinco que partió a la capital ucraniana en busca de algo distinto. Hablamos con él sobre su experiencia y su trabajo fotográfico. 

¿Cuándo te mudaste a Kiev? ¿Por qué elegiste esta ciudad?
La primera vez que fui a Kiev fue hace 5 años, cuando tenía 20 y acababa de terminar mi primer año de universidad en Madrid. De alguna forma, sentía la necesidad de desarrollar mis inquietudes en un ambiente que no me fuera familiar en absoluto. En realidad no elegí Kiev, pero cuando surgió la oportunidad, no lo dudé mucho.

La mayor parte de las protagonistas de tus imágenes son mujeres jóvenes. ¿Por qué has decidido darle ese enfoque a tu trabajo? 
Cuando empecé a hacer fotos en Kiev y no conocía a mucha gente hacía fotos a mis amigas y a gente que tenía alrededor. Me llevó mucho tiempo aprender un poco el idioma y en inglés sólo podía hacer amigos y comunicarme con gente de mi edad y de mi entorno. Y aún así, no con todo el mundo... Supongo que ese es el motivo, me hubiera encantado hacer otras fotos pero no podía por la barrera del idioma.

¿Cómo eliges a tus modelos?
Kiev es una ciudad grande, pero el ambiente underground —la 'escena ucraniana'— es un circulo pequeño y llegas a conocer a todo el mundo rápidamente. En ese contexto es fácil encontrar personas que te resulten interesantes para hacer fotos. Si hay algo que podía echar en falta era quizá una mayor diversidad étnica. Es algo que aún no ha llegado del todo a Kiev como en el resto de Europa, aunque en los últimos dos años si que se ha notado un cambio y una mayor variedad de nacionalidades.

Aún así creo que ése es el motivo por el que acabo de volver a Madrid por un tiempo, me gustaría hacer fotos con la influencia de Kiev, pero con la variedad de personas y lugares que una ciudad así puede ofrecer.

Todo tu trabajo está envuelto de una estética muy próxima a la fotografía de moda, sin embargo yuxtapones el trasfondo político de la ciudad con un resultado muy interesante. ¿Qué intención hay detrás de esto?
Creo que la reciente explosión de los diseñadores de Europa del Este no es algo que haya pasado por casualidad. Un sector de la juventud ucraniana, en este caso, siempre ha vestido muy bien. Puedes ir a los inmensos almacenes de ropa de segunda mano de las afueras y conseguir prendas geniales por 1 o 2 euros y a eso le debes sumar lo bien que viste la gente mayor y lo auténticos que son los gopniks (algo así como los canis del este).

Entonces te encuentras con gente que viste muy bien y con militares haciendo turnos y prácticas por la calle, y es algo cuya mezcla resulta muy interesante a nivel estético. No sé si mis fotos pueden tener un trasfondo político, al menos yo no lo he buscado. Le tengo bastante respeto a los problemas y cambios sociales que un país pueda experimentar, y mis fotos suceden en otro sector, probablemente más superficial.

¿Cómo describirías a la juventud ucraniana? 
La juventud que yo he conocido es inteligente, abierta y transgresora.

¿Tienen otra concepción sobre la política y la sociedad que el resto de los europeos? ¿Cómo viven ellos la delicada situación política del país?
Creo que sí. Los europeos, incluso los menos metidos en política, aún creemos que se pueden cambiar las cosas a través de la organización. El sentir general es de decepción pero a veces se consiguen pequeñas victorias que le hacen a uno mantener la esperanza. En Ucrania eso no pasa porque ellos no tienen ninguna esperanza en que algo vaya a cambiar si ello depende de la clase política. Particularmente después de la revolución de Maidan, dónde quizá pudo haber una mínima esperanza de que algo cambiase hasta la instauración de un gobierno nuevo, nuevamente corrupto, la anexión de Crimea y el conflicto con Rusia, que aún perdura. Este clima tan desesperanzador y sin futuro es el que precisamente ha originado todo el movimiento de la escena ucraniana, donde la gente joven se ha organizado por su cuenta para hacer las cosas que les gusta en total libertad.

¿Qué es lo mejor y lo peor de vivir en Ucrania?
Para mí, lo mejor es cuando se mezclan los elementos de la Ucrania más tradicional con la más moderna. Se ve muy bien en los restaurantes de la estación de tren de Kiev, dónde comparten mesa hipsters, militares, o gente de provincias que aún acompaña la comida con botellas de vodka. Es un ambiente muy interesante. Lo peor, ese sector retrógrado e intolerante que impide que la sociedad avance al ritmo que desea.

¿Cómo se vive la escena artística allí? 
La escena artística es apasionante. Es algo que se compara mucho con lo que pasó en Berlín en los 90. Como he dicho antes, la juventud ucraniana, sin ninguna confianza o esperanza en sus lideres político,s se empezó a organizar por su cuenta, no sólo para hacer las ya famosas raves de música electrónica (CXEMA, 56, Otel, Strichka), sino para desarrollar sus inquietudes artísticas, abriendo espacios en fábricas soviéticas abandonadas como Closer o iZone donde las personas se juntan, se influyen, y sobre todo, se divierten.

¿A qué crees que se debe este interés reciente por la cultura y el estilo ucranianos?
Supongo que porque nos atrae mucho la libertad que se transmite en un país que conocíamos por cosas muy diferentes y es una escena que, aunque recoja muchas influencias distintas, es auténtica y novedosa. No deja de ser un grupo de amigos con talento que crea y se divierte con una libertad que en teoría no existe en su sociedad. ¿A quién puede no gustarle eso?

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Texto Raquel Zas
Fotografía Alberto Martín de Ruedas