la importancia de los clubs lgbt como espacios seguros en españa

Con motivo del Día Internacional del Orgullo LGBT, reflexionamos sobre cómo ha evolucionado la escena en nuestro país y si realmente estos lugares siguen siendo igual de necesarios en 2017 como lo fueron en el pasado.

por Alberto Sisí
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28 Junio 2017, 1:35pm

Imagen cortesía de Tanga Party. Fotografía Héctor Urzaiz

Londres, Amsterdam, San Francisco y Nueva York fueron las primeras cuatro ciudades en abrir locales dedicados exclusivamente a las personas homosexuales. Lugares con nombres como The White Swan, Black Cat Bar o Julius -que daría después lugar al archiconocido Stonewall Inn- se convirtieron en locales de libertad para que, los que entonces eran perseguidos y considerados enfermos, pudieran pasar unas horas haciendo, diciendo y bailando como quisieran.

Estos emplazamientos empezaron a funcionar a finales del siglo XIX y se mantuvieron como centros neurálgicos de la cultura gay durante años hasta que la aceptación —en parte— de la homosexualidad los fue haciendo cada vez más prescindibles. Prescindibles, sí, pero todavía necesarios en un momento en el que las agresiones a homosexuales siguen siendo algo habitual en nuestro día a día.

En un principio, en los clubes gay estaba asegurada la asistencia de toda la comunidad queer, como pasaba en el Stonewall Inn. No está de más recordar, una vez más, que la revolución por los derechos LGBT se inició en el 53 de Christopher Street, en Nueva York, donde descansa el Stonewall Inn y donde en 1969 comenzaron los disturbios que propiciaron que los derechos de las personas homosexuales se empezasen a reconocer en el mundo occidental.

Ahora las cosas han cambiado y la sociedad ha olvidado, en cierta medida, la lucha que algunos iniciaron entonces para dejar de ser considerados enfermos o desviados por las autoridades. Con la celebración del World Pride en Madrid durante estos días el ambiente lúdico y festivo ha dejado muy atrás a las reivindicaciones que cada 28 de junio se han ido replicando en las principales ciudades del mundo.

Reivindicaciones que siempre tuvieron cabida en los clubes y que, con el paso de los años, han ido evolucionando en ambientes totalmente diferenciados en el que en rara ocasión gais, lesbianas o transexuales comparten el mismo espacio. Sin embargo, no por ello dejan de ser el lugar seguro que un día fueron y en el que el dicho "la unión hace la fuerza" sigue teniendo vigencia todavía.

Los datos no dejan lugar a dudas acerca de la necesidad de estos entornos seguros. En 2016, solo en la ciudad de Madrid, fueron 180 los ataques homófobos. Según nos cuenta la Fundación Triángulo: "Los clubes gais son esenciales en muchas partes del mundo como en su día lo fueron en España. Y aquí siguen siendo importantes para aquellas personas que siguen dentro del armario".

Clubes que han evolucionado en fiestas y sesiones que se celebran mensualmente en localizaciones que pueden ir cambiando, y que en algunos casos llegan a simultanear dos residencias —comúnmente entre Madrid y Barcelona—. Es el caso de Ultrapop, el de Churros con Chocolate o el de Brunch in The Park: tres sesiones de estilos muy diferentes pero que aceptan por igual a una clientela queer interesada en disfrutar de estos ambientes más o menos seguros.

"Las fiestas de temática gay cambian puesto que nada es estático. Desde luego, si alguien pretende que estas fiestas sean más serias o menos petardas que no cuenten con nosotros. Todo el mundo tiene derecho a expresarse como quiera. Hay sitio para todos y todas" nos recuerdan desde la Fundación.

La realidad en Madrid es que la oferta se multiplica y las sesiones de ambiente gay son cada vez más numerosas, orientada cada una de ellas a una "subtribu" dentro del mundo LGTB+. Las hay para adictos al gimnasio, las hay para osos, las hay exclusivas para mujeres... Eso siempre desde el punto de vista de una capital de un país con cuarenta millones de personas, porque las cosas en las ciudades de provincias siguen siendo más complicadas.

Una de las propuestas más novedosas que lleva unas pocas ediciones en Madrid es Tanga, cuya oferta siempre se enfoca a una temática. En la fiesta, sus organizadores intentan llenar dos ambientes con música totalmente diferenciada y un público amplio para evitar esa homofobia interiorizada de la que a veces se acusa al colectivo: "Existe discriminación dentro de la comunidad, machismo y plumofobia. Los roles imperantes del mundo hetero se han interiorizado en ciertos sectores gais. Es maravilloso entrar en un club y encontrarte a todas las especies juntas: desde tipos más normales hasta cachas, modernas, bears, bollos, trans, drags y hasta tu prima de Zamora que ha venido a visitarte. No es menos gay el que tiene más músculo ni más gay el que que tiene pluma. TODOS SOMOS MARICAS IGUAL, que a veces se nos olvida" nos cuenta David, uno de los responsables de Tanga en Madrid.

Este año, precisamente, un movimiento alternativo al omnipresente World Pride que ha tomado la ciudad de Madrid ha lanzado una campaña inclusiva que pretende acabar con los prejuicios que la pluma, tanto en hombres como mujeres, despierta. Bajo el nombre de Stop Plumofobia y con manos de hombres con las uñas pintadas el mensaje está claro: hay que terminar con la discriminación dentro del propio colectivo y asegurar lugares seguros para todos, no solo para unos pocos.

"Los clubes gais como espacios seguros siguen siendo necesarios. Dejarán de serlo el día que no haya agresiones, palizas e insultos a miembros del colectivo LGBTI por la calle. Por mucho que parezca que avancemos, los ataques siguen siendo continuos, incluso en el centro de Madrid. No se trata de que el club sea un lugar donde refugiarse de los ataques, pero sí supone un espacio donde ser, comportarse, vestir y actuar como realmente es cada uno" reconoce David al echar una ojeada a la situación en una ciudad como Madrid, que se ha vendido al mundo como ejemplo mundial de tolerancia y aceptación.

Dos siglos después de que el primer club gay abriera sus puertas y casi cincuenta años desde que los Disturbios de Stonewall iniciaran las revolución —que continúa a día de hoy en materia de consecución de derechos civiles por parte de la población LGTB+— todavía son necesarios lugares en los que refugiarse, ser uno mismo y comportarse como venga en gana. La inclusión de todas las minorías, que en su día fue el pilar de los clubes, parece haberse diluido en estos días. Por ello, no estaría nada mal echar la vista atrás para conocer de dónde venimos y no cometer errores que pudieran pasar factura en el futuro.

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Texto Alberto Sisí
Imagen cortesía de Tanga Party. Fotografía Héctor Urzaiz

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