La influencer Emma Halberg ha sido acusada de alterar su apariencia para parecer negra. Ella niega las acusaciones. Imagen vía social media. 

lo de las chicas blancas tratando de parecer negras en instagram tiene que acabar ya

Y no, la "condición" de raza no existe.

por Emma Dabiri
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21 Noviembre 2018, 11:54am

La influencer Emma Halberg ha sido acusada de alterar su apariencia para parecer negra. Ella niega las acusaciones. Imagen vía social media. 

La semana pasada, una cuenta de Twitter (que ahora se ha cerrado) se volvió viral por denunciar el comportamiento de varias cuentas de Instagram y Youtube de chicas blancas, algunas de ellas con muchos seguidores, que aparentemente están usando varios métodos para transformar sus caras y cuerpos de forma que se parezcan "mestizas". Aunque algunos han negado que es lo que están haciendo, culpan a su cambio de una tendencia a broncearse en exceso. Varios medios de comunicación se refieren a esto como "blackfishing", pero hay otro nombre para esto, que vincula más claramente esta práctica con su pasado racista. Si bien "ni **erfishing" [término que se utiliza para referirse a un blanco que manipula su apariencia física para adquirir los significantes culturales de un afroamericano, según Urban Dictionary] suena como un deporte de los tiempos en los que "América era GREAT", cuando un picnic no era un picnic sin un cuerpo negro que se balancease en la brisa del sur, en realidad se refiere a esta retorcida tendencia en la que las chicas blancas se transforman online, a través de Instagram y Youtube, en mujeres negras de raza mixta o de piel clara. Se modifican desde el cutis hasta los labios y otros rasgos faciales, se rizan el pelo o se hacen trenzas, de tal forma que acaba resultando imposible diferenciarla de una mujer negra real.

Si bien es claramente una tendencia este año, este fenómeno ha estado sucediendo desde hace un tiempo. Desde Ariana Grande hasta Rita Ora, la rentabilidad de los chicas blancas privilegiadas parece aumentar si pueden coquetear con la cultura negra sin verse agobiadas por la realidad de ser realmente negras. La apropiación cultural se ha extendido a partes del cuerpo y muchos de los rostros más famosos de la actualidad son mujeres blancas que se operan el cuerpo para exagerar sus curvas y se retocan la cara para imitar los rasgos de la identidad negra; rellenan sus labios de Dios sabe qué para lograr las mismas características que hacían que muchos de nosotros fuésemos objetos de burla en la escuela. ¡Menos mal que vosotras no tuvisteis que sufrir eso!

Hay una familia, cuyo nombre me niego a decir, pero comienza con K y termina con N. Algunas de las hermanas tienen un apellido diferente, pero todas parecen compartir el mismo cirujano, y ciertamente la misma propensión a producir niños negros, lo que parece destacable dado su deseo de reproducir rasgos negros. Estos personajes de televisión han ganado miles de millones de dólares con "su" apariencia, y principalmente gracias al maquillaje que venden a otras mujeres blancas que esperan recrear "esa apariencia". Los detractores se apresurarán a señalar que "es solo un bronceado" o que "la imitación es la forma más alta de adulación". Sería mejor que todas estas personas se parasen un momento a reflexionar el lado amargo de nacer con una identidad que estas influencers pretenden imitar.

Algunas de estas chicas son convincentes, hay que reconocérselo. Estas jóvenes blancas de todo el mundo realmente están forzando su transformación de caucásica a aparentemente de "raza mixta" (entre comillas porque el concepto es una construcción social), a través de una combinación de maquillaje pesado, peinados y bronceado extremo y, probablemente, un profundo retoque a través de alguna app. Con su cutis retocado, sus labios operados y, en algunos casos, traseros considerablemente redondeados, sacan el traje de Rachel Dolezal del armario. Porque eso es lo que es, un disfraz, porque la negrura no es una opción de quita y pon. No podemos ser negros cuando nos conviene, y luego lavarnos cuando nos enfrentamos a un racismo muy real que sigue presente en nuestra sociedad.

Pero también es crucial recordar que ser negro es algo más que el color de la piel, la textura del cabello o las experiencias de racismo, sino que también significa ser heredero de un rico legado cultural que la sociedad occidental parece adorar, algo que resulta un tanto perverso si consideramos ciertas actitudes hacia los negros. Sin embargo, gran parte de lo que entendemos como cultura occidental no existiría sin el trabajo físico, cultural o material de la comunidad negra. Durante siglos, las mujeres afrodescendientes han estado condicionadas a creer que su apariencia es inadecuada e inferior a la de las mujeres blancas. Crecí sintiéndome increíblemente fea. Pensé que mi trasero y mis muslos eran gordos y monstruosos, estaba profundamente avergonzada de mi cabello. Sufrí burlas constantes de mis compañeros por mis labios y mi tez; aunque era bastante clara según los estándares negros, no se salvaba de ser comparada frecuentemente con la suciedad. Me han llamado zorra negra y negrata más veces de las que puedo contar.

Además de todas estas cosas, también tuve que sufrir las suposiciones sobre mi disponibilidad sexual y la percepción de libertina que tienen sobre mí por ser una mujer negra. Esto no solo vino de los hombres. Las recientes acusaciones de Zoe Kravitz afirmando que Lily Allen la "atacó" sexualmente me han impactado mucho. Me recordó a mis numerosos encuentros donde mujeres blancas borrachas han intentado meterme la lengua sin mi consentimiento. Recuerdo un incidente en el que una chica trató de forzar la puerta del cubículo en el que me había encerrado para escapar de sus ataques, mientras ella me decía que "sabía que yo también quería".

Sin embargo, en términos de belleza, el físico de las mujeres negras se usó para resaltar la belleza de las mujeres blancas. Como escribió la profesora Patricia Hill Collins: "Dentro del pensamiento binario que sostiene los opuestos que se cruzan, las mujeres delgadas de ojos azules, rubias y blancas no podrían ser consideradas hermosas sin su opuesto: mujeres negras con rasgos africanos de piel oscura, nariz ancha, labios anchos y pelo rizado".

Sin embargo, en los años transcurridos desde que se escribió este párrafo (año 2000), el estándar de "rubia blanca y delgada" se ha visto desplazado de la pole position, está surgiendo un nuevo estándar de belleza y sus manifestaciones son preocupantes. En esta etapa de mi vida, por fin he superado la creencia que tenía en el pasado de que era fea e inadecuada. Puedo reconocer que las características por las que fui intimidada son, simplemente, hermosas. No soy solo yo, las mujeres negras se están descolonizando. Tenemos unos rasgos preciosos, ¡y lo sabemos! La infraestructura diseñada para convencernos de que éramos inútiles e inferiores se está desmoronando, y ahora que muchas de nosotras abrazamos nuestra identidad, se está produciendo un cambio. La magia de las chicas negras es real y estas chicas blancas quieren subirse al carro. Ahí es donde entra en juego el cuerpo "mixto". La ascendencia africana presumiblemente proporciona el botín hipersexual, pero mediado a través de la ascendencia europea, por lo que es probable que las características se alineen más con las normas de la belleza eurocéntrica.

Los avances en productos de belleza significan que ahora pueden verse como nosotras. Sospecho que muchas siempre quisieron eso, la verdad es que los antecedentes han estado ahí desde hace mucho tiempo. Si bien se invirtió tanto esfuerzo en impulsar esa narrativa de que las mujeres negras eran feas e inferiores a las blancas, hubo una larga historia de celos dirigidos de las mujeres blancas hacia las negras. La evidencia de estos celos estaba consagrada en la ley, por ejemplo, en 1786, cuando Esteban Rodríguez Miró, el gobernador de la entonces colonia española de Luisiana, promulgó las Leyes de Tignon, que decretaron que las mujeres afrodescendientes debían cubrir su cabello con un tignon (un velo en la cabeza) prohibiéndoles así que mostrasen su cabello. Las mujeres blancas sintieron que los estilos intrincados y a menudo ostentosos de las mujeres negras podían darles una ventaja injusta al atraer la atención de los pretendientes blancos. La ley se hizo cumplir, pero con poco efecto, ya que las mujeres negras usaban sus tignons envueltos en telas preciosas y seguían siendo muy admiradas por la población masculina. Esta no fue la única vez que la política alrededor del cabello reveló celos en el corazón de las relaciones opresivas entre el negro y el blanco. Las mujeres negras de piel clara han existido en la diáspora desde que hubo comunidades negras en el Nuevo Mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, al menos tres cuartas partes de la población negra son de hecho "multirraciales" (pero se siguen considerando negros, porque, recuerda, la raza es una construcción social, ¿verdad?).

La existencia de personas esclavizadas de "raza mixta" fue una prueba directa para las mujeres blancas de que los esposos, los hijos y los familiares varones blancos estaban acostándose con mujeres negras. Hay muchos relatos de mujeres esclavizadas, particularmente aquellas con unos rasgos similares a los europeos, a las que se les afeitó la cabeza, un castigo frecuente aplicado por las mujeres blancas. Las esposas de los propietarios de las plantaciones solían sospechar a menudo que estas mujeres tenían deberes que iban mucho más allá de las tareas domésticas para las cuales aparentemente se las mantenía en la casa. Un relato particularmente angustioso que encontré fue un caso en el que una mujer celosa le cortó los ojos a una esclava "mulata" porque creía que su marido había tenido un interés sexual en ella. Estas no son historias de un oscuro pasado lejano. Son acontecimientos del siglo XIX.

En el siglo XX, estas historias se habían transformado en estereotipos sobre mujeres negras de "raza mixta", que migraron a la cultura popular, donde ahora teníamos el privilegio de ser representadas como "mulatos trágicos". De acuerdo con el discurso de la supremacista blanca, el mulato no tenía el "derecho a vivir", dijo el senador estadounidense Charles Carroll en 1900. Fuimos una abominación que interrumpió el orden racial y, como resultado de nuestra patología, fuimos emocionalmente inestables. Y es por eso que no es una coincidencia que cuando estas impostoras online publican imágenes con sus alter egos negros de piel clara, intenten resultar seductoras poniendo una mirada y unos morros sensuales propias de los rasgos negros, pero que en realidad, tras su smartphone permanecen sanas y salvas con sus privilegios de blancas. Están operando en terrenos familiares, reforzando los tópicos que surgieron de la esclavitud y que se han desarrollado y refinado a través de los medios de comunicación a lo largo de los siglos XX y XXI. No se trata de homenaje ni admiración, se trata de poder, deseo y propiedad. Un recordatorio siniestro de que las personas que una vez fueron dueños de nuestros cuerpos aún pueden serlo, y de la historia problemática y los tabúes profundamente arraigados que continúan definiendo las relaciones raciales entre el blanco y el negro en el siglo XXI.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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