¿por qué seguimos obsesionados con los 80?

En 2016, Balenciaga se ha inspirado en 'Working Girl', Netflix ha lanzado 'Stranger Things' y Donald Trump ha vuelto a hablar de armamento nuclear.

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09 Enero 2017, 8:51am

Balenciaga fall/winter 16. Photography Mitchell Sams.

Dicen que tienen que pasar 30 años para que regrese el estilo de una década determinada. Esto explicaría el breve y extraño resurgir de los 70 a mediados de la década de 2000, cuando se resucitaron las pistas de patinaje sobre ruedas, el pelo cardado y los shorts súper cortos (todo ello desempeñó un papel fundamental en la obra maestra de Madonna de 2005 Confessions on a Dancefloor y al año siguiente influyó en el vídeo de Jessica Simpson A Public Affair). Aunque internet ha acelerado rápidamente este ciclo de nostalgia, la década de 1980 llegó, según lo programado, en 2016. Este fue un año de hombreras, ciencia-ficción paranormal y ―oh, sí―, el renacimiento de la carrera armamentística nuclear.

En 2016, Demna Gvasalia y Anthony Vaccarello desvelaron sus muy anticipadas colecciones de debut como nuevos directores artísticos de Balenciaga y Saint Laurent respectivamente. Y aunque ambas ofertas divergían en sus puntos de referencia, los dos diseñadores inspiraron su visión del futuro de la moda en la misma época pasada. En su excelente debut para Balenciaga —presentado en la Semana de la Moda de París el pasado mes de marzo― Gvasalia creó prendas que se inspiraban en el legado de formas totalmente innovadoras de la casa española. Esta potente propuesta de diseño, según los críticos, también bebía de las fuentes de películas como Armas de mujer (1988) en la que inteligentes mujeres campan a sus anchas por las altas esferas de Wall Street. Aunque la auténtica estrella de la película es la sombra de ojos inspirada en Rothko de Joan Cusack, Gvasalia se fijó más en las gabardinas, las chaquetas de cuero y los detalles de los trajes, como cinturas entalladas y amplias hombreras.

El debut en Saint Laurent de Vaccarello no se parecía en absoluto al estilo de Tess McGill o Katharine Parker, sino más bien al Yves de aquella misma época. Obsesionado con una colección de YSL de 1982, Vaccarello revivió sus mangas de leopardo y abullonadas, combinándolas con cuero, lamé y perneras largas. Los críticos advirtieron que el guiño de la colección no andaba muy lejos del trabajo de Vaccarello en su propia marca epónima. Después de todo, la audaz tendencia hacia la parca sexualidad del diseñador ítalo-belga ―para Saint Laurent se prestó a crear escotes pronunciados y formas atrevidas— es precisamente lo que atrajo a sus leales seguidores, como Donatella Versace (Vaccarello había encabezado previamente Versace Versus). Otro elemento de los ochenta: los logos. Las icónicas iniciales de Yves Saint Laurent formaban los tacones de unos altísimos zapatos y una inmensa señal de neón colgaba suspendida sobre los invitados.

Saint Laurent primavera/verano '17. Fotografía Mitchell Sams

Y hablando de enormes letras luminosas: la serie de la que más se ha hablado este año ―el superéxito de Netflix Stranger Things― también estaba profundamente inspirado en los sonidos, el estilo y las películas fantásticas de ciencia-ficción de los 80. La serie, ambientada en 1983, empieza con unas temblorosas líneas rojas que giran y se contorsionan hasta formar el título. Y la secuencia transcurre al son de los palpitantes sintetizadores de S U R V I V E. Esta tipografía tiene reminiscencias de Star Wars, pero la mezcla que ofrece Stranger Things de actividad paranormal y niños aventureros en bici está más cerca de E.T. o Los Goonies que de una galaxia muy, muy lejana. Puede que al principio atrajera espectadores por el poder estelar de Winona Ryder, pero Stranger Things (y su pequeño descubrimiento estrella, Millie Bobby Brown) se ha convertido en un fenómeno por sí mismo.

Aunque Netflix es famoso por no desvelar nunca sus índices de audiencia, las agencias independientes calculan que más de 14 millones de espectadores vieron la serie durante su primer mes en la plataforma, desbancando a otra serie mega-viral, Making a murderer. Desde entonces ha inspirado un videojuego de 8 bits y una parodia de las Navidades de Charlie Brown. Wiz Khalifa lanzó un tributo con sintetizadores, y algunos fans fusionaron el tema principal de la serie con la icónica banda sonora de Twin Peaks. Mientras tanto, los jóvenes protagonistas hicieron una visita a la sede central de Louis Vuitton y también a la Casa Blanca.

Tal y como indicó Oliver Lunn en un reciente artículo de i-D, el motivo por el que la particular nostalgia por los ochenta de esta serie fue recibida con tanto entusiasmo tiene dos vertientes. En primer lugar, aunque la mayoría de sus espectadores millenials nacieron una década después de que cierto secuestro sobrenatural sumiera a la pequeña localidad de Hawkins en la paranoia, Stranger Things sigue siendo capaz de encender en ellos esa llama nostálgica.

Eso es debido a que muchos de nosotros crecimos con las películas de aquella época, conforme la tecnología del vídeo casero iba siendo cada vez más omnipresente y las televisiones empezaban a reemitir aquellas pelis. Un usuario de Vimeo hizo una comparación plano a plano entre Stranger Things y películas como Alien, Encuentros en la tercera fase, E.T., Cuenta conmigo (ambientada en 1959 pero estrenada en 1986), Los Goonies, Exploradores, Ojos de fuego, Pesadilla en Elm Street, Poltergeist e incluso El resplandor (Joyce Byers es bastante buena con el hacha). Los comentarios aportaron también alusiones a Está detrás de ti, Un alucinante viaje al fondo de la mente e IT.

El segundo argumento de Lunn: Stranger Things representa aquella época sin ironía o exageración, a diferencia de, por ejemplo, El chico ideal. Aunque muchas de estas adoradas películas slasher o de ciencia-ficción han llegado a dar cierto lustre a la década de 1980, carecen de la cegadora parafernalia de luces de neón, los peinados y otras características que reducen la era a una caricatura con la que quienes tenemos menos de 25 años no llegamos a sentirnos realmente conectados.

Excepto por las insistentes invasiones paranormales, estas películas reflejaban más o menos la época en la que fueron hechas: los críos iban por ahí en sus bicis, se comunicaban con walkie talkies y jugaban a Dragones y Mazmorras. Llevaban chaquetas militares, camisetas con las mangas de otro color y montones de sudaderas. Y también escuchaban la música de la época: The Clash, The Cure, Tears for Fears y Joy Division.

Pero los ochenta no solo han regresado al mundo de la moda y la cultura popular. En 2016 se ha producido un resurgir de las corrientes políticas neo-conservadoras de aquella época, cuando Ronald Reagan y Margaret Thatcher gobernaban el mundo occidental en ideológica armonía. Con frecuencia denominados "almas gemelas políticas", la pareja coincidía en muchos temas: la desregularización económica y el mercado libre, la limitación de los gobiernos, la bajada de los impuestos, una fuerte defensa militar, la cruzada para ganar la Guerra Fría y la negativa a poner solución a la crisis del SIDA. Tras la elección de Donald Trump y el Brexit del Reino Unido abandonando la Unión Europea, ya se especula que Trump y la británica Theresa May podrían establecer de nuevo aquella especial relación conservadora que no solo definió el panorama sociocultural y político de la década, sino que, según algunos, también alteró la historia.

Hace tan solo un par de semanas llegó el retroceso a los 80 más aterrador de la mano de Donald Trump. El presidente electo habló de forma bastante simplista sobre expandir el arsenal nuclear norteamericano... en Twitter, claro, ¿dónde si no? Más tarde aclaró sus comentarios: "Convirtámoslo en una carrera armamentística. Les superaremos a todos y les venceremos". Los comentarios de Trump llegaron tan solo unas horas después de que Putin sugiriera que su gobierno tomaría medidas para incrementar sus propias municiones nucleares, lo que hizo preguntarse a muchos si esto podría significar un resurgimiento de la proliferación nuclear de la Guerra Fría y del enfrentamiento entre superpotencias que duró 40 años.

Según una entrevista que realizó Ron Rosenbaum a Trump en 1987 (republicada por Slate a principios del año pasado), esto es algo en lo que el ahora presidente lleva tiempo pensando. "Parecía totalmente consciente del peligro que suponen las armas nucleares para el mundo y de lo inútiles que habían resultado hasta entonces los esfuerzos por lidiar con dicho peligro. No parecía ansioso por apretar el gatillo, lo que supongo que es buena señal. ¡Tenía que haber un trato!", escribió Rosenbaum en un apéndice añadido al artículo en 2016. "Antes solía reírme cuando me acordaba de la conversación que tuve con Trump sobre las armas nucleares. Ahora ya no me río".

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Texto Emily Manning
Fotografía Mitchell Sams