así es hoy la juventud marroquí

El joven fotógrafo Hicham Gardaf nos lleva a un viaje íntimo a través de su ciudad natal, Tánger.

por Micha Barban Dangerfield
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11 Enero 2016, 8:41am

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La fotografía de Hicham Gardaf es un oasis de tranquilidad en un mundo que se mueve a un ritmo vertiginoso. Mientras que todo a su alrededor está atrapado en un torbellino constante -las idas y venidas de las cafeterías de Tánger, los peregrinos recorriendo la ciudad a través de las playas y las nuevas edificaciones en los suburbios-, Hicham toma fotos que capturan un momento de silencio, un estado contemplativo. 

Nos invita a observar Tánger como él la ve, capturando la intimidad de su ciudad natal y de sus habitantes de forma sutil y delicada. Desnuda a la ciudad, pero no la expone; la inspecciona, pero no la juzga.

Si bien su obra a veces parece volcarse en la melancolía romántica, este fotógrafo de 26 años quiere congelar un momento en la evolución de la ciudad y asegurarse de que se tome el tiempo para recordar sus raíces mientras surgen grandes desarrollos urbanos alrededor Tánger. Las imágenes de Hicham son cartas de amor a su lugar de origen, antes de que la ciudad se escape en busca de nuevas historias.

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¿Cómo empezaste a hacer fotos?
Todo empezó cuando estaba trabajando en una librería en Tánger. Allí descubrí álbumes de fotos y de pronto quise convertirme en la persona detrás de la cámara. Empecé con imágenes al aire libre, pero me metí en problemas con los transeúntes y autoridades. La gente no está acostumbrada a ver a un chico marroquí haciendo fotografías. He aprendido a anticipar las reacciones de las personas desde entonces. De todos modos, poco a poco dejé de fotografiar este tema porque la gente no es muy receptiva en Tánger.

Y todo empezó de nuevo cuando la Gallery 127 en Marsella me invitó a participar en una mesa redonda sobre la fotografía contemporánea en Marruecos. 

¿Por qué fotografía analógica?
Es pura coincidencia. Comencé con una cámara digital, pero al poco tiempo se estropeó y no tenía suficiente dinero para comprar otra, así que comencé a fotografiar usando una cámara de toda la vida. Eso cambió mi práctica fotográfica a mejor, me volví más reflexivo y me tomaba más tiempo antes de disparar. 

Más tarde descubrí el sabor de la sorpresa, la espera que tienes que soportar antes de conseguir tus fotos. Hay muchísimas cosas intangibles cuando se fotografía en film que no se pueden conseguir con lo digital, como por ejemplo el color. 

¿Cómo es ser un joven fotógrafo en Marruecos hoy en día?
La escena de la fotografía marroquí es muy reciente. Cuando empecé en 2010 no conocía a ningún fotógrafo de mi edad, pero las cosas han cambiado gracias a Internet. Es una inmensa fuente de inspiración. 

Tienes una relación cercana con los sujetos que retratas…
Cuando empecé con la fotografía tenía una imagen en mi cabeza de lo que significaba ser fotógrafo: un fotógrafo para mí estaba en la carretera, era un periodista, una especie de héroe. Mi sueño era ir a Rusia o a Estados Unidos para capturar todo lo que sucediese a mi paso. En mi mente, ser un fotógrafo significaba ser un explorador. Pero no tenía el dinero para viajar, no tenía otra opción que trabajar en Tánger y mi único sujeto era la ciudad. 

Empecé a fotografiar a mi familia, mi barrio y las cafeterías alrededor de mi casa. Me tomó un tiempo ganarme la confianza de la gente, pero finalmente lo conseguí. Es difícil adoptar el punto de vista de una persona ajena al explorar lo familiar. Tuve que obligarme a cambiar mi forma de mirar, y así fuye como empecé a ver cosas que anteriormente no podía ver.

Parece que, de alguna manera, ésa se convirtió en tu forma de fotografiar, ¿no?
Sí, absolutamente. Pero ahora me siento un poco más libre, tengo un poco más de dinero para viajar. Aunque de lo que me he dado cuenta es que necesito menos tiempo. Paso menos tiempo hablando con la gente, permaneciendo el tiempo suficiente en un solo lugar para finalmente camuflarme con el paisaje. Mi enfoque ha cambiado un poco, pero los sujetos de mis fotos son los mismos: capturo momentos que despiertan interés en mí. 

Me gustaría hablar de dos de tus series: Tanger Diaries y Cafes. Una es en blanco y negro, la segunda en color. ¿Por qué?
Ambas series son frutos de ejercicios experimentales. La elección del blanco y negro resultó del simple hecho de que solo había un lugar donde podía revelar mis films en Tánger, y solo lo hacían en blanco y negro. Pero la tienda cerró porque no tenían clientela, así que tuve que empezar a enviar mis films a Francia para revelarlos y de esta forma empecé a trabajar en color. Cuando me interesé en las cafeterías, lo que me atrajo principalmente fueron sus luces y colores, así que necesitaba poder capturarlo todo.

¿Qué es lo que te gusta de las cafeterías de Tánger?
Su estética, pero también su lado humano, las diferentes comunidades que se encuentran en ellas. Para capturar eso tuve que acercarme a esas personas  y conocerlas para que me permitieran retratarles. 

También quería capturar esa atmósfera tan cinematográfica de los cafés, hay algo muy teatral en esos ambientes. A veces puede ser como un escenario donde todo el mundo tiene un lugar y un papel. Hay un fuerte vínculo entre las personas que se reúnen allí y las paredes en las que lo hacen.

Hay una de tus fotos de la serie Tanger Dairies que es particularmente fuerte. Es el retrato de un hombre joven en blanco y negro, un velo de flores se refleja en su cara...
Cuando empecé con la fotografía, algunas de las personas de mi barrio se me acercaron y me pidieron que los fotografiara. Este joven es uno de mis amigos de la infancia. Quería que le hiciese una foto y lo llevé a la terraza de mi casa. Lo que fue gracioso es que él no podía entender por qué no había ninguna pantalla en la parte posterior de mi cámara para revisar los retratos que le hice.

Tu exposición en la Gallery 127 se llamó Extimacy. ¿Qué significa para ti?
Refleja mi deseo de recrear algo íntimo, pero siempre tratando de no dejarme arrastrar por el exhibicionismo o voyeurismo.

Hay algo muy íntimo en tu trabajo; nunca expones las cosas ni a las personas retratadas. El resultado son imágenes muy modestas y puras.
Paso mucho tiempo conociendo a la gente que fotografío y en los diferentes lugares que documento. Necesito fundirme con el entorno, la gente necesita que desaparezca para poder capturarlos. Poco a poco se olvidan de que estoy allí, y me convierto en parte del lugar en términos físicos. Es exactamente lo mismo cuando lo hago al aire libre. 

Tendemos a pensar que la fotografía callejera es necesariamente sigilosa y rápida. Pero en mi caso me gusta tomarme mi tiempo y usar un trípode para asegurarme de que mi equipo se quede completamente inmóvil. Entonces me siento detrás de ella, intento adoptar esa misma inmovilidad y la gente finalmente también me olvida.

Parece que construyes puentes entre la historia pasada y futura de tu ciudad fotografiando de la manera que lo haces. ¿Intentas documentar su evolución orgánica y su metamorfosis moderna?
Mi proyecto más reciente se centra en el cambio urbano dentro de la ciudad. Empecé a fotografiar las obras en construcción. Hay muchas en Tánger y la transformación de la ciudad es visible en todas partes. Pero aparte de la evolución física de su territorio, hay una dimensión invisible que no podemos ver: la transformación ideológica y cultural que la acompaña. 

Quiero tratar de enmarcar todas las contradicciones y paradojas que implica esta transformación, los enfrentamientos que existen entre la modernidad y la tradición y la redefinición de las identidades. Quiero reflejar la metamorfosis física y simbólica de mi ciudad.

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Texto Micha Barban-Dangerfield
Fotografía Hicham Gardaf

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